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TRIBUNA

El fotomatón de Kiev

Juan José Vijuesca
miércoles 27 de abril de 2022, 20:05h

Que la especie humana es camaleónica resulta más que sabido. Nos adaptamos a todo con notable facilidad para camuflar o sortear aquello que nos obliga a sentirnos parte de los problemas. Los desastres naturales son lo que son. La pandemia es la que es. La guerra de Ucrania está ahí, a pocos kilómetros de nosotros; y sin embargo bajo esa pátina de buenas voluntades el ser humano se va distrayendo, diluyendo, diría que camuflando hasta conseguir el olvido y lo pasado, pasado queda, siempre que el problema lo sea para los demás.

Y es aquí en donde las flaquezas se refugian en lo que nos conviene, ese modelo de vida tan a nuestro gusto y alejado de complicaciones. ¿Qué podemos hacer nosotros para remediarlo? Quizás nada, quizás quejarnos a través de frases hechas, fatigadas de tanto peregrinar; es entonces cuando el precio de la vida revierte y regresamos a lo conveniente. No es ilícito pero si amoral.

A partir de ahí lo licencioso sería justa causa para entender el papel que juega cada cual. Ningún líder ha ido a Ucrania y se ha postrado ante un tanque, con Z o sin ella, y con el cañón humeante, para dar fe de vida más allá de la sinrazón y la barbarie. Ellas y ellos tan solo se han hecho la foto para alimentar con su seráfico perfil los medios y las redes sociales posando como ángeles de la bondad. Misión cumplida por aquello de "Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías". Lo dijo Julio Cortázar. Y uno se pregunta por la verdadera finalidad de posar en zona franca del conflicto como si aquello fuera un parque de atracciones. Luego la nada, como suele ser costumbre. Regreso a sus confortables estancias en la lejanía del conflicto habiendo dejado tras de sí esas frases que en forma de perlas cultivadas suenan a desperdicio: “Quiero trasladar el compromiso rotundo de toda la sociedad española por la paz”

Uno se pregunta ¿Qué es la paz?, cuando los dirigentes que enseñan sus rostros compungidos para la ocasión visitan Ucrania siendo ellos y ellas representantes de buena parte de la solución al conflicto. Pues la paz no es otra cosa que una simple palabra en medio del trance y sin embargo nadie viene a remediar las injusticias del sufrimiento más allá de la pasiva contemplación del horror. Fotos para la orla y poco más.

Lo terrible es que sesenta días después los que sufren sin límite, continúan esperando dentro de la oscuridad ese algo que carece de dominio. Quizás un golpe de suerte que les conceda la gracia de seguir viviendo y nada más. Es la guerra sin escalas carente de conciencia y del honor, aspectos éstos que deshonran a cuantos aún creen en este tipo de definiciones, tan solo palabras huecas creadas en su día para homenajear a los estúpidos de convicción. Sin embargo no hay mejor fe que la osadía de los buenos actos para el bien de los demás.

Lo más probable es que mientras escribo estas líneas las adversidades sigan su curso como es debido. Nada ni nadie vendrá a remediar las injusticias del sufrimiento de los demás más allá de la pasiva contemplación y junto a ello, en esa adaptación que la lógica del tiempo nos impone, la desventura ajena languidece de nuestras prioridades y lo que en un principio resultaba aterrador, poco tiempo después lo convertimos en algo incómodo, innecesario, e incluso molesto para nuestras débiles conciencias.

El mundo está en concurso de acreedores por culpa de los que sublevan y trafican con ideologías de caprichoso interés. Difícil entender otra cosa distinta cuando el contador de los muertos sigue sin parar bajo el plácet de aquellos que reúnen codicia a base de vidas humanas. Mientras tanto las consecuencias se posicionan alrededor del empobrecimiento y la carestía de vida para quienes sufrimos la vigilia de unos precios que no paran de subir y que no bajarán ya una vez acomodados al festival de impuestos que nos grava hasta la manera de pensar. ¿Daño colateral o enriquecimiento indebido? tildar

Pero además, lo de la iglesia, cuyo poder terrenal debería ser utilizado como una sola voz, nos alerta de la veracidad de tantos desajustes humanitarios. Si rezar está bien, también el rebelarse frente al patriarca Kiril, líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa, sería aconsejable por alabar a Putin al considerar la invasión a Ucrania de guerra santa contra el “Anticristo” Quizás un único rezo respetando la libertad concedida al hombre por Dios sería causa suficiente para conseguir lo que la clase política y los poderes fácticos terrenales con sus entramados y sucios contubernios están más interesados en que la guerra permanezca tal cual que se acabe por un simple conflicto militar.

En fin, los muertos, los heridos, las familias y en definitiva, la realidad de dos países, no hay que olvidarse de las madres y padres de los soldados rusos, son víctimas de una guerra que si bien se está desarrollando en Europa es fácil suponer que no se trata solo de un enfrentamiento entre Rusia y Ucrania, sin más. Quizás estemos hablando de una guerra con poder subrogado que va más allá de lo que parece y nos cuentan. Lo cierto es que una vez más, el precio de nuestras vidas es menos que nada. Y lo peor de todo es que Putin tiene a “Satán 2”.

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