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Ensayo

Leïla Slimani: El perfume de las flores de noche

domingo 08 de mayo de 2022, 23:17h
Leïla Slimani: El perfume de las flores de noche

Traducción de Malika Embarek López. Cabaret Voltaire. Madrid, 2022. 160 páginas. 17,95 €.

Por Francisco Estévez

La aspereza narrativa de la primera novela de Leïla Slimani, En el jardín del ogro (2014) conquistó el Prix Mamounia, el premio literario marroquí de mayor prestigio. En ella una mujer presa de la angustia cotidiana cae en la espiral de la ley del deseo y transgrede todo tipo de norma con daños profundos en el decoro, la familia, la vida normal. La fascinación por el peligro de ser algo para alguien, aunque sea cualquiera, ser todo siquiera por unas horas en la oscura noche, desencadena un ansia tan destructiva como placentera: ese jugo divino del jardín del ogro. Con su segunda novela, que bien podría traducirse como Nana, la escritora marroquí afincada en París, ganó el Premio Goncourt en 2016. Allí plantea una relectura tenebrosa de Mary Poppins con el trasfondo de la vuelta al trabajo de una madre y la revisión en puzle narrativo de los prejuicios de clase y las siempre tortuosas relaciones familiares.

Ese mismo año publicó unos breves textos, El diablo está en los detalles, donde reflexionaba sobre el peligro del fanatismo y las responsabilidades de la literatura. De tal modo, se ha convertido en una escritora fetiche en Francia, representando la voz de los oprimidos y de las mujeres, no exenta de polémica y fuerte bronca intelectual a cuenta de su ambigua posición sobre el Sahara o sobre la imagen que proyecta del colonialismo…, la última sobre la pose burguesa que reflejaba su diario en mitad de la pandemia. Como fuere, consciente de su éxito se ha permitido un ensayo sobre la mujer en Marruecos, que este lector tiene en pendientes y donde parece no dejar títere con cabeza con su habitual cirugía textual.

Así llegamos a El perfume de las flores de noche (2022) que tiene un efectista, pero a la postre real, arranque al aludir a esa tácita primera regla cuando quieres escribir, “saber decir no”, la renuncia a cualquier oferta del mundo externo a la escritura (de igual modo ocurre en ese placer onanista que representa el envés de la moneda, la lectura). Estas primeras páginas aun manidas debieran ser leídas por todo diletante, la escritura y la lectura son una renuncia al mundo externo. El motor de estas páginas es el reto planteado de enclaustrarse una noche en el Museo de la Pointe de la Douane de Venecia. Al lector español le asaltará rápido al recuerdo toda una fértil tradición desde las Tres horas en el museo del Prado de Eugenio D’Ors hasta esas estupendas memorias de un vigilante de museo que es El estupor y la maravilla de Pablo D’Ors, y cómo dejar en el tintero aquella anécdota del fuego y Rafael Alberti en el Museo del Prado. Lo más atractivo del presente ensayo es la muestra de la trastienda de la escritora (la barrera entre interior y exterior presentada algo confusa por Slimani tiene buen acercamiento en el ensayo Homo bunker. Breve historia del confinamiento (2021) del teórico Juan José Mendoza).

La autora descubre su trastienda desde la primera página: no la encierran en el museo para que opine sobre los cuadros, que también, sino para que largue sobre ella misma. Leïla pasara el asunto de matute como propio, autoconocimiento suyo, vaya, y presenta algunas verdades matizadas, otros tópicos desvencijados, que en su escritura incluso tienen alguna lozanía, muchas contradicciones, el sí pero no y también: confiesa no tener nada que decir sobre el arte contemporáneo para después desgranar varias páginas sobre el mismo. En fin, su habilidad para exponer sin tapujos sus contradicciones o acaso es ingenuidad o ironía, uno nunca sabe. Aunque se agolpan, baste otro ejemplo: la consabida queja del “museo como emanación de la cultura occidental, un espacio elitista” queda entredicha en su paseo nocturno por el museo cuando detiene mirada en la obra de la libanesa Etel Adnan, del cubano Félix González-Torres, del marroquí Hicham Berrada. Por otro lado, Leïla Slimani esgrime en este texto una cultura letrada sobre la base de lo más selecto del canon occidental (Hölderlin, Emily Brontë, Rilke, la referencia al Venecias de Paul Morand, que, sin duda, es un acierto) la cual no le plantea el mismo prurito que la artística. Este manejo de trasnochados tópicos como el de la misantropía en la escritura.

De algún modo, el descarnado atropello de contradicciones llega al paroxismo y confesión: “¿Cómo es posible que la feminista, la militante, la escritora a la que aspiro ser…?” (p. 79). Aparte queda alguna singular falla en la verosimilitud: resulta extraña la opípara cena de la escritora antes del encierro museístico sin mayor explicación. Y las consideraciones sobre el turismo son algo desafinadas: lo contrario del dandi es el burgués y no el turista, alguien que cita a Benjamin no puede desconocer tal reflexión. Los comentarios sobre el turismo y Venecia son consabidos pero necesarios, una escritura a la contra, en la que tenemos a un coterráneo que maneja el registro con magisterio: Contra Florencia de Mario Colleoni (2019), sí, es un festín literario.

Un texto como el presente, íntimo, combativo y dado a la polémica, aunque a este cronista le parezca menor, es deseable para el panorama de las letras y complementario al flamante Una poética editorial del editor Constantino Bértolo (2022) que publica el estupendo sello de Trama editorial. En suma, textos necesarios, en especial de la órbita francesa, como descubre el catálogo de Cabaret Voltaire, quien pudiera interesarse por editar también, por ejemplo, el ensayo Le corps de la lettre de 2019 que, por lo que nos adelanta la conferencia basada en el mismo que el atento librero y fino lector Joan Florens Constans ha traducido al español, es simplemente magnífico.

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