Toros de Montalvo, encaste de larga historia que suele ir a más. No decepcionó. Excepto los dos primeros, escasos de fuerza, los toros salieron con trapío. El primero, Calabrés de nombre y castaño de pelaje, para Daniel Luque, quien le fijó en el capote con templadas verónicas y chicuelinas. El pronto arranque al caballo derribó al picador Juan de Dios; Calabrés enseguida volvió por la segunda vara. López Simón tuvo la intención de lucir en un quite; pero no pudo ser, el toro no daba para esto. Las banderillas bien puestas y los capotazos los justos. Luque lleva al toro a los medios con los pases ayudados, cuidando las escasas fuerzas del astado.Tuvo una buena embestida, pero le faltaba empuje y estaba invalido de la mano izquierda. La faena se desarrolló sin emoción, pero con gran oficio por parte del diestro. El toro se paró, recibió una estocada, tardando mucho en doblar. Silencio.
El segundo, Maniático, despierto y pronto tanto en el capote como en el caballo. Las varas fuertes, el público resabiado con los defectos del primero protesta, pero el presidente desatiende la petición de los del siete. La bronca persiste hasta el comienzo de la faena. El toro, todavía dolido de las banderillas, fue llevado por López Simón con pases ayudados por alto, logra una serie ligadas aprovechando la embestida. Fija al astado que pronto se aplomó. López Simón se adornó con un afarolado, alargando la faena inútilmente. El primer pinchazo soltando y luego la estocada caída y delantera. Pitos para el toro, aplausos para el torero.
Lírico, el más ligero de la tarde, se hizo rogar para salir a la plaza. Arrancó al caballo a larga distancia, y no se cayó ni perdió las manos. Buena señal. El par de rehiletes puestos por Andrés Revuelta fue aplaudido. Álvaro Lorenzo brindó al público y comenzó la faena por bajo, desarmado al acabar la segunda serie. Tenía muchas fuerza y carecía de nobleza. Derrotaba por los dos pitones. Lorenzo lo apechugó con valor y logró una serie ligada por la derecha. Sin embargo, fue el toro quien determinaba la faena. Todo acabo en silencio después de una estocada baja pero de efecto fulminante. El toro fue aplaudido en el arrastre.
Atleta salió barbeando las tablas, buscando la salida, o los chiqueros, o, simplemente, por dónde saltar. No prometía nada. Es difícil encontrar un toro con menos fijeza, pero entró pronto en los caballos y también en banderillas. Luque empezó la brega en los medios, por abajo, fijando por fin la embestida, aprovechando el celo de su contrario. Fue una faena de gran mérito, temple y mando. Perfecta técnica y conocimiento del toro. Una gran estocada que no impidió que el toro cruzase la plaza de extremo a extremo. La res tenía un gran fuerza. Bravura la justa. Un aviso y mayoritaria petición de oreja que no fue atendida por la autoridad. El presidente del festejo, don Ignacio Sanjuan Rodríguez, no está facultado para presidir la primera plaza del mundo. Quiso gustarse y desatendió el reglamento. Recibió una gran bronca tan merecida como la vuelta al ruedo de soberbio Daniel Luque.
Tarambano, el quinto de la tarde y de más kilos. Remató en tablas, López Simón intentó fijarlo con el capote, pero no lo logró ni siquiera en los caballos. Brindó al público y arrancó con unos pases cambiados en los medios. El toro empezó por determinar el ritmo de la faena hasta que se cansó y se aplomó. Cuando el diestro se acomodaba a la embestida, le sacaba unas series meritorias, iba bien por los dos pitones. Una estocada ligeramente caída fue suficiente para acabar con el quinto de la tarde. Aviso y silencio.
Cartero, un toro serio, recibido por Álvaro Lorenzo con logradas verónicas. En el caballo recibió las varas, pero el tercio de banderillas fue absolutamente deslucido: quisieron entrar con con ocho pares, pero clavaron sólo tres banderillas. Los subalternos lo pasaron mal con un toro peligroso, pero el público lo pasó peor por vergüenza ajena. El presidente cambió el tercio sin banderillear. Cartero tomaba bien la muleta con el pitón izquierdo, lo que no quitaba el peligro: después de la primera tanda volteó al torero, hiriéndole en el muslo derecho y la caída sobre los cervicales. Siguió la faena sin dar señales de dolor, sacando meritorias series de naturales y haciéndole rodar al astado con una estocada entera. Fulminante. La fuerte petición de la oreja fue atendida por la presidencia.
Prometedor comienzo del ciclo isidril.