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DESDE ULTRAMAR

Audios de Alito, alharacas priistas y polarización

Marcos Marín Amezcua
jueves 12 de mayo de 2022, 20:16h

Esta semana la reflexión es breve, pero sustanciosa. Por un lado, tenemos nuevamente audios ejemplificadores y comprometedores contra presidente nacional del PRI, el infausto Alito, donde se muestra su talante corrupto honrado las siglas de su putrefacto partido, sus extorsiones y disposición de recursos para desviarlos en pro de su campaña a gobernador antes de los desfalcos con los que también se le señala contra el erario de Campeche. Una joya el sujeto. Sus procederes para hacerse con el poder en Campeche a como diera lugar, lo pintan de los pies a la cabeza. No los ha desmentido hasta el cierre de esta columna y muestran la baja ralea del sujeto, lo lejano a ser líder, su capacidad de torcer la ley. Es solo una cara del PRI porque hay más, todas impresentables.

Y es que sucede que la gira de López Obrador a Centroamérica y Cuba ha sido utilizada por sus adversarios, sobre todo el capítulo cubano que obvia que nos resulta estratégica la Gran Antilla, para decir tres zarandajas: 1) que México se alinea con dictadores, 2) que López muestra su talante autoritario y 3) que se prima el interés de los extranjeros. Que lo digan los vendepatrias priistas, tiene guasa y merece respondérseles. Cabe puntualizar tanta estupidez dicha solo porque tienen boca. Todos los presidentes priistas se hicieron foto con Fidel Castro en su propia casa. Entonces, eso de que López escoge dictadores sin la foto con los Castro presidentes, es burdo. Y pedir que EE.UU. –invasor de las Américas– invite a Nicaragua, Venezuela y Cuba a una cumbre de las Américas, es congruente con una Cumbre “de las Américas” y, desde luego, es inescrupuloso el actuar de los opositores a López juzgándolo, solo porque no le hace el juego al impositivo yanqui. Una cosa es ser anfitrión de la Cumbre y otra no estar a la altura, excluyendo países.

Argüir que López Obrador escoge dictadores es tanto como decir que los EE.UU. son estupendos y, francamente, surge la duda porque su actuar en América arrogándose el derecho a domeñarla, es una vergüenza de la Humanidad; que las invasiones yanquis al continente y su injerencismo inagotable no merecen monumentos, empezando por el debida y afortunadamente ya semiderrudio y odioso al Maine en La Habana –una afrenta a España, recuérdese– que no merece siquiera, existir. Así que mucha alharaca, mucha estridencia hueca del priismo putrefacto, que encima va barbotando que López va a dejar dinero a terceros países. Pues… no se sabe que condone deudas de a gratis como sí hizo el PRI generándolas con Cuba, para luego perdonarla a Cuba el priista Peña Nieto sin explicación alguna.

El argumentillo de que debemos juntarnos con democracias permite preguntar ¿cuáles? ¿las invasoras, las que dan armas soterradamente a Ucrania o las que han lanzado bombas atómicas? Para escoger, no cabe duda. Cuánto honor. Dicho por aquellos encandilados que no distinguen lo blanco de lo negro. Y eso, suponiendo que ellas nos quieran cerca. Que esa es otra.

La IX Cumbre de las Américas quizá –será en junio, por lo cual lo que hoy se diga en todos los frentes es simple y mera especulación– puede no ser una convocatoria tan unilateral como impositiva y que así lo ha sido hasta hoy, si el presidente mexicano decide no acudir por no invitarse a los tres países arriba citados. ¿Qué por no ir perderemos oportunidades? Pues será igual como no las hubo en las 8 ediciones anteriores, listillos que lo denuncian. No olviden que esa fiesta continental fue diseñada solo para garantizarle a EE.UU. un mercado cautivo de libre comercio continental y ese es el único origen de estas cumbres y nada más, que solo trae como extra el excluir países de este continente que no le siguen el juego al Tío Sam; y excluirlos va contra la más elemental lógica, es absurdo. No es cosa solo de si el anfitrión invita a quien le place, sino que es de elemental reciprocidad convocar a todos, no a capricho de quien se erige unilateralmente como paladín del orden y la libertad y, sin embargo, es el país que registra más agresiones, invasiones y robos a este continente. Lavarle la cara a EE.UU. resulta patético.

Independientemente de lo expresado, es pertinente una reflexión. La polarización en las sociedades contemporáneas es una constante creciente hace ya tiempo. Pueden ser tantos factores que la provoquen, pero resalta el factor de la contraposición de proyectos de países. No es solo el caso mexicano, acuciante, real, sino otros donde parece que no hay de otra, sino debatirse entre dos modelos económicos: a) el que esquilma derechos de los trabajadores y privilegia el gran capital y b) el que intenta desesperada y extraviadamente frenar esa intentona, apenas paliando sus efectos.

El resultado de esta confrontación es entregarnos sociedades muy polarizadas en grado superlativo –que acaso no es lo mismo que más politizadas, ya que eso significaría informadas e inteligentemente argumentativas y no es el caso– donde o se recurre ya a los extremos –Francia– o se apuntan a escoger entre un pasado que no convence y una continuidad rechazada ampliamente –Brasil y, acaso, México– o donde de plano, se retorna al oscuro pasado –ya le pasó a México votando por el PRI en 2012 y fue sumamente desastroso– o de plano, retornando al remoto pasado por no hacerle el juego al mandatario saliente a quien se acusa de mangonear, de manipular a su candidato, como el caso patético de Filipinas recientemente eligiendo al hijo del dictador Marcos. O Perú que aún cuenta con un sector que suspira por los impresentables Fujimori o Estados Unidos que sigue planteándose la idea de regresar a Trump. Como en EE.UU. votan con los pies (2016) no lo dudemos.

La democracia no es solo ir a dejar un voto, ni siquiera la representatividad de los partidos. No se agota en ello como algunos sesudos politólogos, aducen. No se agota porque abarca tantas cosas más, como alcanzar con ella el beneficio económico también para todos. Supone estandarizar el acceso a beneficios económicos, equilibrar desigualdades, frenar apetitos inconfesables de personajes henchidos de ganas de poder por el poder mismo, como es el caso de los priistas o de mexicanos tales como el titiritero mayor, Claudio X. González, un impresentable que apenas puede balbucear 2 palabras coherentes, pero que con los millones de su padre pretende decidir él solo quién debe de suceder a López Obrador en la presidencia. Va muy equivocado como tantos otros.

En todo caso, la polarización no terminará, sino cuando las propuestas sean las que sean, apuesten por verdaderos beneficios para amplios sectores y mientras eso no ocurra, los golpeteos de grupos de poder usando a sus sociedades como balón, seguirán presentes sin paliativos. Así que esto va para largo.

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