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Novela

Abdulrazak Gurnah: A orillas del mar

domingo 15 de mayo de 2022, 21:22h
Abdulrazak Gurnah: A orillas del mar

Traducción de Patricia Antón de Vez y Rita da Costa. Salamandra. Barcelona, 2022. 352 páginas. 20 €. Libro electrónico: 9,99 €. Nos llega una nueva novela del escritor tanzano afincado en Inglaterra, Premio Nobel de Literatura 2021. Un gran relato de la experiencia del asilo que viven tantos refugiados, incluido el propio Abdulrazak Gurnah. Por Adrián Sanmartín

El protagonista y voz narradora en primera persona en buena parte de A orillas del mar, la novela que ahora nos llega de Abdulrazak Gurnah, Premio Nobel de Literatura 2021, no es un jovencito. Tiene sesenta y cinco años, una edad que quizá no es la más apropiada para emprender una nueva vida. Pero Saleh Omar decide abandonar su país africano para pedir asilo político en Inglaterra. En su tierra se dedicó a varios cometidos, entre otros el comercio; sin embargo no parece fácil que encuentre un trabajo. Con un pasaporte falso, un minúsculo equipaje, que incluye un cofrecillo de caoba con incienso, aterriza en el aeropuerto londinense de Gatwitck: “Ése es un pequeño clímax común a todas nuestras historias: el momento en que dejamos atrás lo conocido y llegamos a un lugar extraño llevando nuestro mínimo y desordenado equipaje, reprimiendo ambiciones secretas y embrolladas. Para algunos, entre los que me incluyo, era la primera vez que viajábamos en avión y que llegábamos a un lugar tan monumental como un aeropuerto, aunque hubiésemos viajado antes por mar y tierra, y en las alas de la imaginación”.

En Gatwitck le recibe un funcionario, desarrollándose una de las mejores escenas de la novela. Con “engañosa cortesía”, le escruta y le formula numerosas preguntas con una creciente desesperación y hastío, pues no se puede comunicar con Saleh Omar. Este solo repite una y otra vez: “Refugiado. Asilo”. Saleh Omar no habla ni una palabra de inglés, aunque esto, como él mismo nos confiesa, es una estratagema -en realidad, estudió en una escuela británica-, que le aconsejaron que siguiera quienes le vendieron el billete, si bien no sabe el motivo de esa recomendación. El funcionario, que se queda con el cofrecillo, le dice que no puede entrar en gran Bretaña y que será devuelto a su país. Pero Saleh Omar insiste en su cantinela de “Refugiado. Asilo”, pues sabe “por razones que ni siquiera ahora tengo del todo claras, que el gobierno británico había decidido conceder asilo a quienes vinieran de donde yo venía si aducían que su vida corría peligro”.

Y, en efecto, consigue entrar, y Rachel Howard, miembro de la organización de ayuda a los refugiados se hará cargo de su caso. Le llevan a un centro de internamiento y luego le buscarán un bed and breakfast, una especie de “pensión” o “casa de acogida”, hasta que finalmente le puedan encontrar un pequeño piso. Y le facilitarán un traductor, Latif Mahmud, poeta y profesor, también refugiado, que será la otra voz narradora alternándose con la de Saleh Omar a partir de determinado momento. En ambos, el autor tanzano dibuja inolvidables personajes.

Saleh Omar le revela a Rachel Howard que sí habla inglés. Pero, aunque ya no necesitará un traductor, entra en contacto con Latif Mahmud, resultando que ambos se conocían en su país de origen. Algo que dará pie a una serie de historias sobre sus familias y sobre ellos mismos.

En a Orillas del mar, donde asoma en su trasfondo el Bartleby el escribiente, de Melville, se entremezclan los recuerdos de su protagonista de su patria y la experiencia del exilio, el choque de culturas, el difícil entendimiento: “Vivo en una pequeña ciudad a orillas del mar, como he hecho siempre, aunque la mayor parte de mi vida haya transcurrido muy lejos de aquí, junto a un gran océano de cálidas aguas esmeralda. Ahora llevo la semivida de un forastero, atisbando interiores a través de la pantalla del televisor e imaginando las infinitas cuitas que afligen a quienes veo durante mis caminatas. No tengo la menor idea de qué les inquieta, pese a que los observo con atención y me fijo en todo lo que puedo, pero me temo que reconozco poco de lo que veo. No es que sean misteriosos, sino que su extrañeza me desarma. Apenas entiendo el esfuerzo que parece acompañar sus acciones más cotidianas. Parecen agotados y distraídos, se frotan los ojos como si les escocieran mientras se enfrentan a calamidades incomprensibles para mí”. Una experiencia de asilo que Abdulrazak Gurnah vivió en sus propias carnes pues el escritor, nacido en Zanzíbar, en 1948, se fue muy joven a Inglaterra como refugiado

La obra de Abdulrazak Gurnah es ampliamente conocida en el mundo anglosajón, pero no tanto en otros hasta el Nobel. Con ocasión de la crítica de Paraíso, señalamos en estas mismas páginas, si se me permite la referenciapersonal: “Esperemos que la concesión del Nobel contribuya a que nos llegue su producción”. Afortunadamente, ya podemos disfrutar de otro título especialmente significativo.

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