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FERIA DE SAN ISIDRO

Undécima de abono en Las Ventas: López Chavez, Cortés y Colombo

Undécima de abono en Las Ventas: López Chavez, Cortés y Colombo
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(Foto: Efe)
jueves 19 de mayo de 2022, 08:34h

El maratón taurino de San Isidro se aproxima a su mitad. El público está tomando un respiro: sólo la mitad del coso se llenó. Los toros de Pedraza de Yeltes, bien elegidos y presentados, se podría decir que fueron de los más nobles en lo que llevamos de festejos. Buena labor del ganadero y de su representante José Ignacio Sánchez, matador de toros apartado del ruedo por una lesión.

Esta tarde mucha más atención merece la lidia en su totalidad que las faenas de los diestros. La tarde fue la síntesis de algunos fallos que observamos sobre el albero con peligrosa frecuencia. El primer cambio de tercio se realiza a toro levantado. El diestro tarda en dar los lances, o peor, o no puede recoger la embestida con presteza. El tercio de varas que es fundamental para ver las condiciones del contrario, su valía y sus vicios se hace al vuelo de capote sin fijar ni parar al astado. Ya que va al caballo para qué terciar en el encuentro. Se pica poco y mal. Manda mucho la maléfica influencia de la sensiblería popular, concentrada, por fortuna, principalmente en un sector de la plaza. Nada más asomarse la sangre por las agujas del toro, se levanta una gran protesta. Da igual que el toro tenga o no fuerza, si va ya con la cabeza ahormada o sigue haciendo tarascadas. Quizá si barrenasen menos los picadores habría menos hemorragia y más puyas acertadas que no dañan al morlaco, sino corrigen sus resabios. Al descomponer el tercio de varas, lo demás, el resto de suertes, va viciado.

Javier Cortés, quien sustituyó al convaleciente Diego Carretero. Brigadier (2º) tenía buena embestida, pronto el arranque. Los pases largos transmitían emoción hasta que las rectificaciones de la posición de Cortés no le desconcertaron y empezó a desarmar. Un desarme Tontillo (5º) no justificaba su nombre, a lo mejor sería un mote que le habrán puesto para despistar a los diestros. De las varas está todo dicho. Fue él quien pidió el cambio, tiene un cargo más para su conciencia, porque el toro exigía otra vara. Mirón y de sentido, no se presto a las banderillas: de los 5 pares llevaba mal puestos 5 rehiletes. Es de reconocer que la variedad de las trayectorias era notable. Ahora se disfrazaba de erizo. Unos muletazos y la estocada algo caída.

López Chavez supo sacar del noble Burreco (1º) unos pases templados, pero pronto el toro empezó a acortar la acometida y se paraba. La estocada fue acertada. Mirador (4º), mal picado, complicó el tercio de las banderillas: se puso a observar y a esperar quién era el valiente que se acercara. No hubo muchos. Deslucido y peligroso por el remate en las tablas del cual se escapó un peón de milagro. La embestida en la muleta tenía clase al principio, pero no se acoplaron uno al otro: el toro se resabió y proporcionó unas coladas de mucho cuidado. Cayó por una estocada baja.

Jesús E. Colombo iba a por todas: arrancó banderilleando al Huracán (3º). El toro aguantó cuatro tandas, desengañándose del engaño y dejando las suertes sin posibilidad de remate. Las bernardinas fueron de espanto, sucedáneo de la “emoción” que puede albergar el toreo de dominio. Se estaba jugando la vida. Bellito (6º), el más voluminoso de la corrida, dejó ponerse las banderillas por las cuales Colombo fue ovacionado. La faena no llegó a tener un ligazón necesario.

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