www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

"Vivo sin vivir en mi..."

sábado 21 de mayo de 2022, 18:39h

¡Cómo me convoca Teresa de Ávila, cómo me invita a incrementar mi compromiso con la vida, cómo se expande dentro de mí la inconformidad que siempre he sentido!

Vuelve nuevamente a mi mente este título sin que yo pueda desprenderme de él y su retorno no ha tenido nada de casual, porque la Causalidad que está mucho más allá de nuestra voluntad y que tanto nos cuesta definir en sus vastos alcances, así lo ha dispuesto.

Me sentí interiormente interpelado, por preguntas que más de una vez le hice al Señor: “¿qué piensas de mí?, ¿qué quieres de mí?, ¿he sido lo que has esperado de mí…?”

Volví a casa y me puse a ordenar papeles antes de mi próxima partida desde Madrid hacia Uruguay, y a mis manos llegó un apunte guardado por mí que decía: “Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero”.

Ella lo expresó, no yo.

Ella ofreció su vida en pos de un gozo inefable, procurando en la plenitud de su Fe, la paz con la que sin duda alguna soñaba, que la llevó a concebir esa cita como si fuera la mayor ansiedad de su alma.

No resulta sencillo comprender una vida con esa elevación, con esa perspectiva superior, que la llevaba a palpitar ese “vivo sin vivir en mí…”

Por eso hoy, un día antes del cumpleaños de mi padre querido (si viviera cumpliría noventa años) quiero hacerle el regalo más inesperado para él: y es que el hijo que junto a él vivió tantos años sin Fe, (la que él no pudo alcanzar en esta vida), hoy no puede vivir sin ella, sin sentirla, sin expresarla, sin la misión que implica vivir como esforzado peregrino para difundirla…

Y manteniendo un diálogo interior con él le dije:

-Yo sé bien padre mío, lo que significó tu paso por la vida para los que te tuvimos y tanto te quisimos. Hoy soy el mismo que te habla para que desde allí donde estés, en el lugar que haya sido reservado para ti, continúes esperándonos, porque siento esta esperanza como un anticipo del reencuentro en lo eterno con ese destino soñado, maravilloso, de una comunión que nos mantendrá unidos para siempre.

Sé bien que tu ausencia de Fe (tan negada por ti e inculcada en mí) fue a causa de los inmensos dolores que soportaste (un día con la muerte de tu amor, mi madre, y al día siguiente la partida de tu padre, mi abuelo, cuando yo tenía apenas veinte meses) pero esta ausencia no te apartará del lugar que te mereces en el Paraíso por la conquista de tus sacrificios, por tu bondad, por tu desprendimiento, por tu coraje, por el discernimiento más puro de amor que te llevó a morir ¡ y en qué condiciones!

Yo no sabía entonces, lo que ahora sé, que la muerte no es el final sino un canto de victoria, el tránsito, el portal que se abre para otra vida gloriosa si es que la conquistamos…

Lo he expresado reiteradamente en mis trabajos escritos.

Pero hoy, quería vincularte una vez más conmigo, respondiendo a un llamado inspirador que de pronto penetró en mí, cuando sin proponérmelo, ese papel llegó a mis manos para hacerme sentir lo mismo: yo también quiero sentirme que “vivo sin vivir en mí…” para anticiparme al gozo de la “tan alta vida que espero”, por la que “desearía morir porque no muero…”

Recuerdo a las madres que se me murieron (porque tuve el privilegio de tener más de una) a los abuelos y a gente que quise tanto que, no sé…, todo ello me hace pensar en esa gloria que me espera y me impulsa a vivir para merecerla y conquistarla.

Pero frente al mismo deseo que experimentaba Santa Teresa, surgen en mí sentimientos encontrados que me presionan aquí, en mi pecho, en el lado de la zurda y que pugnan entre sí para abrirse camino…

Porque, en todas las células de mi ser, yo siento y quiero mantener, aunque parezca paradojal, esta maravilla que es la vida.

En esta vida tengo mis amores más hondos por los que mi corazón late y quiere vivir, hasta el punto de que, si la parca resuelve venir a buscarme, no le será sencillo llevarme, porque presiento que le haré esquives para que no lo consiga…

Como los hice de niño, primera con la pelota de trapo, luego con la de goma y después con la de cuero, por las calles de mi barrio y en los campitos, para terminar más tarde en la cancha grande del fútbol…

Sí, yo quiero vivir para amarlos hasta el último instante de mi existencia, para llenarme de ellos por esa necesidad de tenerlos para luego retenerlos por siempre cuando el reencuentro eterno se plasme en la Gloria.

Entonces siento que ese “muero porque no muero”, que en nada renuncia a “a tan alta vida espero” ofrece un sentimiento de resistencia que para nada es un conflicto, sino que me estimula a multiplicarme, para encontrar y seguir la senda de la virtud que me conduzca a una gloriosa eternidad…

Sé que hay que luchar duro por ello. La vida nos la regalan, pero a la gloria hay que conquistarla afrontando el compromiso de transpirarla, dándome sin pausa a los demás y hacia aquellos que debo querer más en mi vida…

Porque “decir o recitar la fe” es muy sencillo.

Lo que no es tan sencillo “es vivirla con la plenitud de su Verdad…”

La fe es para compartirla en común unión con nuestros semejantes y sobre todo con quienes aún no han abierto su corazón a ella.

La fe se expresa con caridad y sacrificios, transpirándola constantemente y la caridad no es una oración que se dice y se repite sin sentirla.

Es el fuego de Dios que debemos convertir en acción, en hechos reales y palpables dándoles fuelle a esos chisperíos de la fragua inextinguible del Amor…

Es una luz que hay que difundir con testimonios concretos.

Es la manifestación cotidiana de lo que sentimos que, aunque se exprese con actos sencillos, simples, que nada extraordinario ni heroicidad alguna poseen, el Padre les pide a sus hijos, para que sean la imagen más clara del modelo que necesitamos seguir desde el Amor, por Él y para Él…

Y hoy siento que esta reflexión es también una oración.

Es como un ruego que hago al Señor, para que me aparte de toda mezquina pequeñez, para que fortalezca mi natural fragilidad, para que borre en mí toda tentación, toda culpa que me desvíe de la senda del bien, para que ellas no perturben el compromiso ni el coraje de vivir su Verdad.

Es evidente que, al vivir, somos mirados por los demás, pero no porque importemos por nosotros mismos, sino porque si asumimos el compromiso de la Fe, debemos ofrecer testimonios elocuentes de ello.

De lo contrario nuestro proceder sería hipocresía, falsedad, pura palabra hueca y sin sustancia.

Y hoy deseo detenerme también, en la mirada que más importa, en la mirada hacia adentro de nosotros mismos.

Es la mirada que cuida la fidelidad y la coherencia de la propia exigencia personal que no se permite desvíos ni abandonos de los dictados del corazón en pro y para el Amor.

En rigor, es no traicionar ni traicionarse.

Es no mentir ni mentirse. Es no aparentar sino ser.

Es no utilizar disfraces que oculten falsedades interiores.

Cada uno examinará las posibilidades que le han sido dadas. Porque a nadie se le exigirá que haga lo que no puede hacer, lo que no esté a su alcance.

Cada uno podrá aprovechar sus momentos, usando sus tiempos para cultivarse en la doctrina que profesa.

Esta mirada interior posibilitará el darse responsablemente en el propósito de difundir el Reino, tarea esta nada sencilla es en estos tiempos en los que priman tantos descalabros…y en los que el hombre necesita más de ese Creador tan ignorado, tan desdeñado.

El hombre en este presente tan confuso y convulso, vive en medio de conflictos envolventes.

Una globalización avasallante le está quitando su libertad, perturbándolo para que no piense en estas cosas.

Lo está haciendo prisionero, enajenándolo, confundiéndolo, subestimándolo, explotándolo, sumergiéndolo, manipulándolo, engañándolo, insensibilizándolo, enfermándolo, congelándolo por dentro…

Lo está contagiando, sometiendo, distrayéndolo, estafándolo. Lo está hundiendo en abismos sin retorno.

Sin generalizar, por supuesto. Pero es que quienes oscurecen el vivir han visto en el ser humano, cómo sus debilidades y su falta de frenos y límites, pueden facilitar los caminos para llevar adelante objetivos oscuros y crueles.

¡Tan propensos ven a tantos hombres, que los atacan sabiendo que los atraparán!

Es muy claro el intento.

Les ofrecen el jolgorio del poder, del tener, del sexo, de la droga, del alcohol, de la pornografía, del consumismo (cuanto más salvaje mejor), del falso altar del dinero, del facilismo, de la inmediatez, y entonces, ¿para qué sembrar el sacrificio y la conquista si todo se pretende alcanzar ya y ahora y de cualquier manera?

En este escenario, hay seres que dejan de lado toda dignidad y se postran ante idolatrías que resultan obsequiantes primero y tramposas después, para hacerlos prisioneros hasta destruir paso a paso sus vidas.

Eso es también una clara evidencia de “vivo sin vivir en mí…” pero entendido de otro modo y con fines más destructivos, que no alcanzarán así nomás tan alta vida, dado que se van muriendo poco a poco…, dejando a un costado toda dignidad, llenándose de despojos y miserias, abandonándose por callejones oscuros…

En estos seres no ha habido apuesta alguna a la transformación.

El respeto a sí mismos y hacia los demás, ha quedado a un lado.

Se han llenado de desprecio y condenación. Se han alineado en la oscuridad, sin buscar horizontes con nuevos resplandores.

Reniegan a la luz y se escudan en las sombras de sus propios fracasos ocasionados por sus debilidades. Por no dar la pelea, por no acceder al ring de la vida, luchando como es debido.

No se aproximan a la Verdad como aquellos que ponen el ser en pos de propósitos sanos, convencidos de que el Amor debe ser el rector de sus vidas, parafraseando, porque vivir yo quiero sin arrastrar la muerte en mí…, ni conmigo.

Esta mirada que hoy siento necesidad de hacer en mi interior, me ayudará a dejar que muera en mí el hombre viejo que se esconde solapadamente en las rendijas más escondidas del alma, para que vaya naciendo y renaciendo un hombre nuevo que debe reinar sobre la faz de la tierra.

Será un camino largo, una tarea esforzada, sin ninguna duda.

Será la lucha entablada conmigo mismo.

Pero será posible, partiendo de la Verdad de consagrarse a ella si la convertimos en misión…

Yo no puedo permitirme ni siquiera esta duda, y por ello mi vivir está imantado de ese tributo al Amor, al que no debo ni quiero renunciar…para poder alcanzar así la legitimidad de salir a gritar por los cuatro vientos, “que muero porque no muero” …

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(4)

+
0 comentarios