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TOROS

Crónica de la Feria de San Isidro: Ureña en solitario. Una gesta de valentía

Crónica de la Feria de San Isidro: Ureña en solitario. Una gesta de valentía
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(Foto: EFE/Fernando Villar)
domingo 22 de mayo de 2022, 11:52h

Enfrentarse a los seis toros de distintas ganaderías es complicado. Es un gesto de valentía. De torero. ¿Los toros? Toros malos, buenos, regulares y alimañas. El primero, Barbaclara de la Ventana del Puerto, falto de fuerzas, tuvo buena embestida, noble, pero al hacer las primeras tandas el astado pierde las manos y no da para más. Una media estocada en buen sitio y el descabello. El segundo Chumbo, de Domingo Hernández, salió con buen rumbo, cara baja y embestida clara. El picador, Alberto Sandoval, mereció aplauso. La cuadrilla se esmera en el tercio de banderillas. La lidia delicada. Midiendo distancias, tiempos, cualidades. Ureña brinda al público en los medios y ahí espera al torito. Le envuelve en los vuelos de la muleta. Las tandas de trazo limpio y arte agotan a Chumbo y desilusionan al público. ¡Con lo bien que iba! Hubo detalles de gran maestro: Ureña no soltó la muleta en un desarme fuerte, aunque de la franela quedaba hecha añicos. No la soltó. Ahí está todo. El toro dobló con la media estocada entre las agujas.

Tocaba el turno de Monería. Fue este recado de Adolfo Martín. Galopando enseñó a toda la plaza sus buenas hechuras. Sin embargo, de cuello algo corto, nunca humilló la cabeza. Complica el tercio de banderillas: varios intentos de poner palos, sí, fracasaron. Salir del paso tirando un palo al toro pasado provocaron protestas clamorosas. Se sabe que estos toros son complicados. Otros, sin duda, imposibles. El reservón se afanaba por buscar al diestro sin tomar el engaño, se cuela y se cuela. Llegó a la suerte suprema entero, sin abrir la boca. Un pinchazo, estocada tendida y descabello al noveno intento.

José Vázquez mandó Peregrino, agachapado, bajo, hizo unos extraños en el capote y huyó del caballo sin aceptar ni una vara con ganas. Quizá por ser más cortas, los rehiletes le sentaron mejor e iba con presteza y embistiendo. Flexionado, Ureña sacó unas primeras tandas, pero pronto el contrario se opuso a tomar el engaño: se paraba y escarbaba. Lo destacado fue la estocada bien puesta de la cual rodó el bruto.

Soldador, de buenas hechuras de más edad y el de más kilos de la tarde. Era de Juan Pedro Domecq. Fue protestado. ¿Por qué la protesta? ¡Quién sabe! Quisiera conocer a este mítico toro de Madrid que solicitan los del 7 y otros protestones esporádicos. Parece que todos ellos lo han visto, pero no la plaza de Las Ventas. ¿No lo criarán en la misma ganadería que a los unicornios? Lo cierto es que los del 7 no leen siquiera los programas del festejo, si hubieran visto el programa de hoy ¡qué vergüenza pasarían! Pero más, mucha más vergüenza debe de estar pasando el presidente Jesús María Gómez Martín quien no tiene más criterio que complacer al público alborotado. Pues, así, cediendo el terreno, el presidente cambió al “juanpedro” y sacó a uno del Conde de Mayalde, este sí que resultó un astado inválido, que arrastraba la mano derecha y remataba los muletazos con una caída. He aquí el ánimo de Paco Ureña. He aquí un torero con los machos amarrados y cabeza bien puesta: entre la lluvia y los relámpagos, sacó del astado lo que éste no tenía. Unas series de trazo y temple. Unas series de sabiduría y temple que arrancaron unos ooooolés, que se alargaban porque el toro ralentizaba sus andurriales. La plaza recibía los pases con alegría, aguantando el chaparrón. Ureña se arrodilla ante la testuz con gallardía. La estocada entera. Y muy merecida la oreja, arrancada por el público con sonoras protestas, porque el palco lo razona todo muy lento hasta que no oye los temidos silbidos. Aunque por la dificultad del toro…

Salió el sexto. Disparate de Victoriano del Río. No sé si haciendo justicia a su nombre, pero no hizo nada más que disparates. Mirón, o mejor, un “observón" y suelto; controla la plaza y da coces. Se arrancó a distancia y con ganas, derribó al picador que hacía puerta, Pedro Iturralde, de tal manera que en vez de caballo montó al astado. Las gaoneras, abrochadas por una verónica, animaron el ambiente. El segundo par de banderillas fue puesto al cuarto intento. Los banderilleros corrían y el toro los miraba. La alimaña llegó a la franela peligrosa por aquerenciada y resabiada. En primeros pases le buscó los tobillos a Paco Ureña. Lo que hay que aguantar en estos toros… coladas, paradas, cabeceos. Al final, no aguantó más el toro y se iba a las tablas, Ureña le persiguió, pero sin resultado. Se acabó.

El vergonzoso comportamiento de los tendidos no tiene un pase. Esa gentuza se regocijó tirando almohadillas al ruedo sin ton ni son a los peones y al toro moribundo. Bochorno descomunal. ¿Por qué al saltar al albero se multa y por tirar almohadillazos no pasa nada? Ya no hablamos del decoro, el que hace este gesto no tiene ninguno, sino de la seguridad de los espectadores y de las cuadrillas. Ya que se multa por todo, aquí no vendría nada mal un buen castizo.

Paco Ureña ha lidiado la gesta con gran dignidad.

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