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ORIENT EXPRESS

Gánsteres de Varsovia

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
lunes 23 de mayo de 2022, 20:02h

Varsovia, 1937. El gánster Buddy Kaplica (Arkadiusz Jakubik) manda en el submundo de la capital polaca gracias a la combinación de agitación socialista, peleas callejeras y crimen organizado. Su lugarteniente, Jakub Szapiro (Michal Zurawski) aspira a arrebatarle el trono de la ciudad. A partir de aquí, el espectador debe prepararse para una trama agilísima de episodios de una hora en los que no falta ni los tiroteos, ni las buenas peleas a trompadas ni las reyertas.

Basada en las novelas de Szczepan Twardoch, esta serie polaca estrenada en 2020 con el título “El rey de Varsovia” es interesantísima y puede verse en plataformas. Ofrece un retrato bien colorido de una sociedad algo desconocida en España. En efecto, el cine y las series suelen retratar la heroica Polonia que se enfrentó, desde el primer momento, al III Reich y a la URSS. Ese esfuerzo de resistencia nunca será lo suficientemente ponderado. Sin embargo, uno corre el riesgo de llevarse la imagen algo incompleta de que Polonia era, simplemente, un lugar que los nazis y los soviéticos invadieron. De lo que pasaba antes de 1939, se cuenta más bien poco.

En realidad, Polonia era uno de los lugares más modernos de Europa. Varsovia acogía una vida política, social y cultural vibrante. Se suele pensar en Berlín como la capital de la Europa de Entreguerras, pero algunas de las ciudades de Europa Central y Oriental como Viena, Budapest y Bucarest -además, naturalmente, de Varsovia- no tenían nada que envidiarle. Los cafés, como describió Shachar M. Pinsker en “A Rich Brew, A: How Cafés Created Modern Jewish Culture”, eran los espacios en los que la modernidad -en particular la judía- llevaba décadas fraguándose.

En efecto, ya desde antes de la restauración de Polonia, las grandes corrientes culturales de la modernidad habían arraigado entre el Báltico y el Mar Negro. El tango, por ejemplo, era popular en Odesa allá por la década de 1910. Lo cantaba Isa Kremer (1887-1956), una soprano judía ucraniana que terminó mudándose a Argentina en 1938. En Varsovia, en 1919, ya se canta tango en polaco sobre el escenario del cabaret El gato negro. En la escena de la capital, destaca Karol Hanusz (1894-1965), al que directamente apodaron “El rey del tango polaco”.

Esto no se daba sólo en el plano del espectáculo. El periodismo y la literatura brillaban tanto en polaco como en yiddish. El número 13 de la calle Tłomackie albergaba a la Asociación de Escritores y Periodistas Judíos. Si ustedes visitan Polin, el deslumbrante museo de historia judía polaca, podrán ver una sala dedicada a los autores que publicaban en diarios y revistas. Entre ellos se contaba, por ejemplo, nada menos que Isaac Bashevis Singer (1902-1991). Es interesante hasta qué punto Varsovia era uno de los grandes centros, junto a Vilna y Moscú, de la cultura europea moderna.

También la banda de Buddy Kaplica la forman judíos. Secularizados, hablantes por igual de polaco, de yiddish o de lo que haga falta, son tipos duros curtidos en la pelea contra los rusos antes y después de la restauración de 1918. La serie brinda al espectador la oportunidad de adentrarse en la urdimbre social de los judíos polacos: bundistas, sionistas, religiosos hasídicos, burgueses integrados en una sociedad que sienten como propia, oficiales del ejército… En cada episodio vamos viendo ese mundo rebosante de diversidad que la II Guerra Mundial destruyó casi por completo.

Sin embargo, la mirada de la serie dista de ser nostálgica ni melancólica. En 1937, estos gánsteres no son víctimas de nada. Al contrario, quieren mandar en Varsovia y son tipos muy peligrosos que se enfrentan a otros tan poco recomendables como ellos; por ejemplo, los militantes del Campo Radical Nacional y a los de la Falange polaca, que compartían como rasgo característico el antisemitismo. El “numerus clausus” y el acoso a los estudiantes judíos en la universidad, los intentos de limitar la presencia de oficiales judíos en el ejército y la permanente sospecha de que los judíos socavaban los esfuerzos de construir la identidad nacional polaca son algunas de las cuestiones que están presenten en estos episodios que, sin embargo, no carecen de acción ni de giros dramáticos.

Así que prepárense para escuchar buena música y para acompañar a la banda de Buddy Kaplica y Jakub Szapiro en sus andanzas por los bajos fondos de Varsovia. Vayan con cuidado en las riñas tumultuarias no les vaya a alcanzar algún puñetazo. Ándense con ojo en los burdeles, los almacenes y los despoblados. Estos gánsteres de Varsovia no les van a la zaga a los de Chicago o Nueva York así que toda precaución es poca.

Que lo disfruten.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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