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TRIBUNA

Homenaje maravilloso a mi amigo Tomás Fernández García (2ª parte)

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 28 de mayo de 2022, 18:48h

En la entrega anterior, Tomás Fernández García, antiguo vicerrector de la UNED, y yo, habíamos convocado por magia negra a Guglielmo Ferrero(Italia,1871-Suiza,1942), un historiador liberal, perseguido por el fascismo, para conocer su opinión sobre la actual política en España y en Europa. Ahora relato, entre otros detalles, mi metedura de pata:

<Cuando Guglielmo estaba en pleno discurso en la segunda sesión con nosotros, no sé por qué sentí un impulso irresistible de tocarle el antebrazo. ¡Boum! Un ruido antinatural, seguido de un relámpago instantáneo, dejó la habitación en la que nos hallábamos en una oscuridad intimidante, parecido a cuando saltan los plomos, sólo que en el lugar de un cortocircuito eléctrico, sentimos violentamente el roce con su espíritu, largándose velozmente de nuestra presencia.

Repuestos del susto, yo bastante compungido por mi gesto irracional, Tomás activó de inmediato las instrucciones para llegar a nuestro amigo sobrenatural. Fue medianamente satisfactorio que Guglielmo contestase a Tomás, pero sin mostrarse ante los dos. Tomás, disculpándome, y diciendo que yo no lo volvería hacer más, le insistió en que quería contarle su propia experiencia como profesor de ciencias sociales y trabajo social, asuntos que sabía que le interesaban a Guglielmo. Tomás empezó a narrar sus actividades académicas en España, Europa y América Latina, y los colegas y alumnos que había conocido. Recuperadas mis fuerzas, me decidí a complementar su versión, añadiendo datos y nombres importantes en la biografía de Tomás, que él, por discreción de persona inteligente, no los sacó a relucir. Me referí a personalidades de la cultura española, los más destacados políticos del momento, académicos, científicos y empresarios de primera fila, actores y actrices del cine y del teatro, hombres y mujeres profesionales del periodismo, en fin, todo el que era algo en España pasaba por los cursos de verano que Tomás dirigía en El Escorial, una histórica localidad de Madrid… Cuando llegué a explicar a Guglielmo que Felipe II habitó en ese lugar, dándome cuenta de mi estupidez por tal innecesaria aclaración, interrumpí mi explicación, y cautelosamente le pregunté: “¿le interesa lo que cuento?”

Hubo un largo silencio. Se adueñó de nuestros sentidos una paz mientras duró la duda de su respuesta. Cuando Guglielmo contestó diciendo que estaba encantado oyendo mis noticias, pero que prefería que fuese Tomás quien siguiese contando su propia vida, entonces, nos sentimos llenos de una energía única. Le dimos emocionadas gracias, aunque dirigidas al vacío.

Tomás pasó repaso a sus actividades académicas, y también políticas. Habló de sus libros de investigación social, sobre las experiencias históricas del Estado del Bienestar, así como relató los problemas del Estado de las Autonomías, al que él y yo hicimos un seminario, convertido después en libro, y otras tantas iniciativas culturales y políticas que no menciono ahora. En cuanto a sus compromisos políticos, resumió su dedicación como vicerrector de la universidad no presencial más importante de España, y aunque apenas mencionó su trabajo en sus centros en España, Europa, Guinea Ecuatorial y América, y en ese momento, tuve que complementar su exposición, indicando a Guglielmo que Tomás fue un universitario que había sido un ejemplo de cosmopolitismo y de universalidad. Me encantó que Guglielmo manifestase su entusiasmo por Tomás, entre otras cosas, porque creí que nuestro amigo invisible parecía haberse olvidado de mi toqueteante torpeza, y que quizás estuviese dispuesto a mostrarse de nuevo a nuestros ojos.

Me callé con la esperanza de que la animada narración de Tomás de sus aventuras políticas y universitarias lograse que Guglielmo saliese de su espacio invisible. Cada vez se escuchaba su voz más cercana, y ese sonido creciente parecía presagiar el milagro de su nueva aparición. Tomás hablaba, hablaba y hablaba y no se cansaba, como si el ambiente de esa solemne sesión de espiritismo estuviese impregnada del embriagador aire de esencias enérgicamente estimulantes. Guglielmo nos transmitía su energía inmortal.

Tomás prosiguió describiéndole los cambios sociales de los últimos años, trató de la globalización económica y de cómo ahora aumentaban las desigualdades, especialmente en España, en donde había una nueva nobleza capitalista, con los signos de la antigua nobleza, aquélla que fue destruida hace dos siglos por el liberalismo, y su heredero directo, el socialismo democrático; explicó que los nuevos nobles tienen los mismo rasgos insoportables de la antigua nobleza, que no pagan impuestos, que gozan de una justicia particular y de unos jueces amistosos con los de su clase, que creen natural que ellos solos sean ricos, y que el Estado esté ahí para proteger sus intereses de toda la vida.

Continuó hablándole de las nuevas opresiones, las del trabajador alienado en su individualidad, que se explota a sí mismo con el mal llamado trabajo autónomo, y puso el ejemplo de la mujer trabajadora, cuya opresión se camufla muchas veces por un feminismo que sostiene que las mujeres deben enfrentarse a los hombres, con los modos de la lucha de clases, mientras no considera que existe una común discriminación y desigualdad en mujeres y hombres, producido por un capitalismo que ha corrompido semánticamente hasta la libertad y la igualdad.

En ese momento reapareció Guglielmo Ferrero. Se había quitado el sombrero que lucía la anterior aparición, y esa apariencia algo menos formal se debía -y lo íbamos a ver de seguido- a que se sintió excitado por intervenir sobre las mujeres y la opresión de las personas en general, y la desprotección de los pobres y explotados en particular. >(continuará)

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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