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FERIA SAN ISIDRO

Corrida de la Juventud en Las Ventas: Caballero, Román, Miranda

Corrida de la Juventud en Las Ventas: Caballero, Román, Miranda
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(Foto: Efe)
domingo 29 de mayo de 2022, 09:04h

Los jóvenes toreros llenaron tres cuartos de la plaza. Dos de ellos, Román y Caballero, reaparecen recuperados de graves cogidas en 2019. El recuerdo de Miranda es más agradable: la Puerta Grande el mismo año. Los toros de Luis Algarra, cinqueños, tuvieron nobleza en menor o mayor grado; lo cierto es que han embestido mucho más que otros días. Iban a los caballos sin desplomarse a la salida, la embestida tenía clase en general. Sin embargo, fue una tarde triste, porque los bureles pasaron por el albero sin pena ni gloria, el banderillero Jesús Arruga se fracturó el hombro, Román recibió una cornada de 15 cm, y Caballero se desmayó.

A Román le hemos observado varias tardes en la plaza. Iba “de paisano” a ver los toros. Parecía muy buena señal. Su primer toro, Retozón (1º), fue un toro soñado. Los lances de capa fueron aplaudidos. Descabalgó al picador en el primer encuentro, no hubo puyazo. Va de nuevo al caballo, es picado y Román pide el cambio de tercio. Enésima tarde en las banderillas alguien falla un quite: falta un peón en el terreno del tendido 8, aunque muchas veces es una salida natural después de poner los palos. Un peligro innecesario y las carreras que deslucen el tercio. Román acertó citando a gran distancia al comienzo de la primera tanda con la derecha. El toro sigue la muleta con suavidad, va embebido. Le permite a Román construir la faena a base de series de cinco pases muy ligados. Embiste igual de bien por ambos pitones. Un regalo de animalito. Cuando el toro se cansó, Román se fue a por la espada. Se atrevió con las bernardinas ceñidas, pero algo desaliñadas. Estocada tendida y trasera. Una oreja. La otra, muy merecida, fue para el toro.

El segundo de su lote, Peletero (4º), ya no fue tan bueno. El torero no supo qué hacer con él. Le desarma con el capote. Sale presto del caballo. José Chacón fue aplaudido por un par bien puesto. El astado tenía sus defectos al embestir, Román no sabía cómo corregirlos. Ni dónde colocarse. El resultado fue una faena movida, desajustada, desaliñada. El toro sin dominar, daba cada vez más derrotes y cabeceos. Se cuela con ganas y Román sale volteado y con una banderilla en la manga. El caso único cuando el toro acaba por poner las banderillas. El triste final de una estocada delantera y atravesada. Aplauso y cierta petición. Una vuelta al ruedo discutida.

Gonzalo Caballero da la sensación de salir al ruedo con la lección aprendida. Una faena hecha de antemano sin tomar en cuenta a su contrario. Da una sensación rara. Tuvo mala suerte con Recauto (2º), el torillo muy complicado, un ejemplo clásico de toro de sentido: el engaño lo veía como un engaño y no estaba dispuesto a que le tomasen el pelo. El segundo lance de capote y Caballero ya estaba entre los pitones y las tablas. Se desmayó. Se dolió mucho, y mientras rescataban a Caballero, el toro decidió acercarse para ver qué congregó a tanta muchedumbre y provocó auténticos chillidos entre el público y un sálvese quien pueda en el albero. Lamentable. Las varas a corrieron a cargo de Fernando Sánchez para que el diestro respirase un poco. Fernando tuvo que armarse de paciencia entre el torero indeciso y presidente dormido: solicitó el cambio de tercio que tardó en llegar un buen rato. Al final, las largas sobremesas perjudican al palco. El toro tomó las varas con una codicia increíble. La primera duró tanto que parecía un tercio entero. Las banderillas de Fernando Sánchez son un espectáculo. La faena fue de miedo porque el pitón izquierdo de Algaba fue un arma letal. No se le podía engañar. Mucho tiempo tardó en fijar al toro para la suerte suprema que fue rematada con una estocada atravesada y descabelló al segundo intento. Con Torrecilo (5º), pasó lo contrario: él que salió resabiado fue el diestro. Aparentemente, Recauto le impresionó en demasía. En resumen, este torero no cuenta con los contrarios. Se niega a entenderles, a verles. Tiene una idée fixe de lo que tiene que hacer. Y cuando la realidad no coincide se deshace en aspavientos y duda, duda, duda.

Algo parecido sucedió a David de Miranda. Al salir Zarandongo (3º) colaboró en hacer unos lances limpios, sin enganchar con la capa. El bichillo flojea, el público protesta. El quite de Román fue abrochado con una verónica entera. Los estatuarios abren la faena que va a menos. Hay que mantener al toro en pie. De repente, el torero hace un extraño: pone rápido la muleta detrás, cambiando la trayectoria sin contar con las condiciones del astado. El toro aprovecha el error para buscarle los tobillos. Y para rematar las bernardinas… Lo menos oportuno. Protestas. Un desarme. Una estocada media, pero bien puesta hace doblar a Zarandongo. Tentador (6º), como si estuviera enterado de lo mal que iba todo, salió sin ilusión. Miranda quiso hacer lo que tenía planificado, verbi gratia, citar por la espalda en los medios, pero no pudo ser. El torero insiste en arar en el mar…

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