En El círculo cerrado de los Hermanos Musulmanes, el profesor Lorenzo Vidino nos ofrece una investigación tan rigurosa como bien expuesta sobre la mencionada organización político-religiosa, a la que lleva estudiando desde hace varios años. ¿Qué es y qué persigue la Hermandad?
Nos hallamos ante una pregunta fácil de formular a la que responde a lo largo de más de 300 páginas bien documentadas. Para ello combina dos planos complementarios. Por un lado, el que se centra en la historia de los Hermanos Musulmanes (nacimiento en Egipto en 1928, ideología contraria a la modernidad y compases iniciales, siempre bajo el liderazgo incuestionado e incuestionable de Hassan al-Banna). Por otro lado, el que aborda la parte más compleja de su investigación, esto es, la presencia y objetivos de la Hermandad en Estados Unidos y países de Europa occidental (Francia, Suecia…).
Lorenzo Vidino no solo maneja bibliografía referente a su objeto de estudio, sino que también entrevista a varios exintegrantes de los Hermanos Musulmanes, averiguando las razones por la que se unieron a la organización y su visión de la misma tras abandonarla por motivos principalmente relacionados con el nepotismo y la falta de democracia interna. En palabras del autor: “Omitir, restar importancia, velar y, en algunos casos, negar en redondo su participación en la Hermandad son tácticas que están a la orden del día de cara a la opinión pública occidental” (p. 264).
Con todo ello, hay varios temas sobre los que se cimenta el libro. El primero alude a la opacidad deliberada con la que han actuado desde siempre los Hermanos Musulmanes y su postura ambigua hacia la violencia, de tal manera que “las posiciones varían significativamente: a un extremo del espectro se arguye que estas dos corrientes ideológicas tienen poco, si algo, en común, pues en realidad los Hermanos harían de cortafuegos (…) Otros argumentan exactamente lo contrario, alegando que Hermanos y yihadistas no son sino dos caras de la misma moneda, compañeros de viaje guiados por una misma cosmovisión, aunque ocasionalmente tengan diferencias tácticas” (p.53).
El segundo tiene que ver con su capacidad para adaptarse a escenarios en principio adversos para sus ideas e intereses como son los países occidentales, aunque siempre manteniendo ciertos patrones de comportamiento inalterables: “El principal de ellos es fomentar una identidad islámica fuerte, resistente y asertiva entre los musulmanes occidentales” (p. 31), arrogándose el monopolio de la representación de la comunidad islámica, aspiración en la que no han tenido un éxito total. No obstante, tal modus operandi les ha permitido obtener numerosos favores del poder político, al presentarse como una organización moderada, una suerte de antídoto ante opciones terroristas. Al respecto, uno de los entrevistados, el sueco Pierre Durrani, afirma sin tapujos que, “los Hermanos han aprendido a servirse, para su propio provecho, del lenguaje de los derechos humanos, la democracia y el multiculturalismo, cuando en realidad no valoran esos conceptos” (p.147).
Tras su expulsión de Egipto durante el gobierno de Nasser y más adelante de Siria, los Hermanos Musulmanes encontraron acomodo en diferentes enclaves geográficos donde realizaron una notable labor de captación, adoctrinamiento, proselitismo y de culto a la personalidad, como denuncia Mohamed Louizi: “Una vela a la izquierda, otra al centro y otra a la derecha. Por Palestina, se manifiestan junto a la extrema izquierda. Por el llamado velo islámico, se manifiestan con los salafistas y los equidistantes. En contra del matrimonio igual para todos, se asocian con la derecha, o incluso con la extrema derecha” (p. 171).
Finalmente, hay un hecho que ha condicionado su trayectoria reciente y que está influyendo en su actual devenir. Las primaveras árabes acaecidas en 2011, guiadas no por cuestiones religiosas sino económicas y sociales, provocaron que muchos de sus principales referentes y activistas decidieran regresar a sus países de origen (en particular a Túnez y Egipto) para liderar el escenario post-revueltas. Sin embargo, su experiencia en los diferentes gobiernos surgidos resultó bastante negativa, en tanto en cuanto se mostraron incapaces de ofrecer soluciones al deteriorado panorama interno (paro, corrupción, vulneración sistemática de derechos y libertades), sin olvidar que en Egipto ilustraron una tendencia poco disimulada a imponer su agenda político-religiosa. Este fenómeno, a la postre, alentó el golpe de Estado encabezado por el estamento militar y la consideración de la Hermandad como una organización terrorista.