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TRIBUNA

Excusas Sánchez

domingo 12 de junio de 2022, 18:56h

El mago del suspense, Alfred Hitchcock, solía explicar que el MacGuffin, ese recurso cinematográfico sin relevancia para la trama y empleado con el único fin de desviar la atención, “o es siempre un collar cuando por medio hay rufianes, o es un documento tratándose de historias sobre espías”.

En el cada vez más reducido mundo del teléfono móvil de Pegasus Sánchez, el MacGuffin, esa excusa argumental propia de mal pagador, es siempre Franco, la ultraderecha, VOX o el estorbo del PP. O todos ellos juntos, con tal de no rendir cuentas y esconderse del foco de la opinión pública. Porque ¿cuánto tiempo lleva Sánchez sin rendir cuentas a los españoles? Aún no ha explicado por qué decretó un estado de alarma, luego declarado inconstitucional según el Tribunal Constitucional por haber aplicado medidas más propias de un estado de excepción, que limitaba derechos a los ciudadanos. Aún no ha celebrado, tras cuatro años como presidente del Gobierno, el que iba a ser titán del diálogo y la transparencia, ni un solo debate sobre el estado de la nación. Nada sabemos de aquellos objetivos que con aparatosa solemnidad trazó en su discurso de investidura para refundar España. Tampoco una explicación solvente ni convincente ante la crisis diplomática sobre el Sahara, primero con Marruecos, después con Argelia. Lo que caracteriza a una sociedad democrática es la dación de cuentas del gobernante ante la ciudadanía, porque a la postre, quien gobierna es el pueblo, como diría aquél afanado relojero que fue Pablo Iglesias, cuyo reloj dejó de hacer tic-tac, tic-tac.

Lamentablemente, la mala política ha poblado España de espectros. Sánchez es el primero de ellos. La política de hoy usa máscara. Sánchez es el político que más tira de ella. Tiene por costumbre ser confuso en sus principios teóricos y sin fundamento en sus fines prácticos, además de ambiguo en su lenguaje. No se olvide, como dijo el pensador cristiano Pieper, que todo abuso del lenguaje es un abuso de poder. El que es capaz de engañarte con un juego de palabras, es capaz de robarte la cartera. Si Sánchez es capaz de saltarse las reglas del juego democrático, impartir clases con un 25% de castellano en los colegios catalanes, ¿cómo no va a saltarse las suyas propias?

Recordaba Maquiavelo al príncipe que, a su juicio, “debía conquistar el poder y salvar la república, pues todos ven lo que pareces, pocos palpan lo que eres”. Sánchez se aferra al poder para salvarse a sí mismo, y es que muchos ya palpan lo que es y lo que parece: un tipo sin escrúpulos con tal de permanecer en el cargo y además torpe e incompetente en el ejercicio de ese cargo. Con semejante personaje debía dialogar un negociador, poner a su disposición en el aeropuerto un Falcon cargado de combustible y que se vaya de aquí a refugiarse en alguna república bananera sin ni siquiera hacer escala en territorio demócrata, no sea que atente contra las libertades con su sectarismo y sus MacGuffin.

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