Obviamente, Pedro Sánchez no está en lo que tiene que estar, que es gobernar un país. Ha quedado claro que tiene la cabeza en otro sitio. Concretamente en hacerse la foto con Joe Biden durante la cumbre de la OTAN. Todo lo demás es secundario o no es relevante para él.
No puede ser que el presidente del Gobierno de España siga justificando la actuación de la Gendarmería de Marruecos en el asalto a la valla de Melilla después de saberse y verse lo que se ha sabido y hemos visto, que son más de 40 personas fallecidas y muchas otras tratadas de forma violenta y degradante por las fuerzas del orden marroquíes.
No reacciona. Le da igual. No importa si le llaman “sociópata” o “indecente” o “insensible”, su objetivo está claro y nada le va a desviar de la docuserie de cuatro capítulos en la que va a salir como el más guapo y el que más se reúne con personas importantes, aunque éstas no quieran reunirse con él.
Se juntas dos cosas. Primero, que a Sánchez ahora mismo no le puedes hablar de otra cosa que no sea la reunión, no con los países que conforman la OTAN y lo que se dirima en la cumbre sobre Ucrania y Rusia, sino con el presidente de los EEUU. Entiende el jefe del Ejecutivo que solo con esa foto se cubren sus expectativas en la reunión de la Alianza Atlántica. ¿Qué se apuestan a que esa imagen estará en el trailer de presentación del vídeo documental que se está realizando sobre Pedro Sánchez?
La segunda de las cuestiones a tratar ahora mismo al respecto de cómo se ha gestionado el asalto a la valla de Melilla es que el presidente del Gobierno español está a partir un piñón con el Rey de Marruecos desde que Sánchez le dio la puñalada a Argelia y al pueblo saharaui. Todavía no sabemos si por una meditada diplomacia internacional, no consultada, por cierto, ni con el Parlamento ni con nadie, o bien por el chantaje que desde Rabat se hace a Moncloa desde que “hipotéticamente” se hackearon gigas de archivos del teléfono del jefe del Ejecutivo.
Como el oscurantismo al respecto y la falta de transparencia están siendo la tónica general en todo lo que tiene que ver con Marruecos, a nadie le extraña, pues, que Sánchez apoye la actuación de las fuerzas del orden del país vecino contra los inmigrantes subsaharianos que intentaron entrar en Melilla.
¿Qué implica todo esto? Pues al margen del descrédito de todo el Gobierno de España internacionalmente, acentúa el ridículo espantoso que hacen los miembros de este Consejo de Ministros cuando tienen que realizar alguna declaración sobre el tema: desde explicaciones y argumentaciones absurdas hasta dejar en el más humillante de los silencios y embotamiento a los socios de coalición. ¡Papelón de Irene Montero en rueda de prensa! ¡Y es la ministra de Igualdad!
Es un tópico recurrir al qué habría dicho el PSOE si esta situación la hubiera gestionado así el PP. Se pueden imaginar, desde manifestaciones proderechos humanos en las calles hasta peticiones de dimisión de medio Gobierno. Podemos pide que se investigue lo ocurrido, pero lo hace con la boca pequeña porque ellos mismos forman parte de una coalición que cada día parece más claro que no beneficiará las posibilidades electorales de las dos formaciones que la conforman.
La imagen de la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, negando la posibilidad de respuesta hasta en cinco ocasiones a la ministra de Podemos quedará en el “haber” de una de sus lideresas como ejemplo de hasta dónde somos capaces de llegar por mantener la poltrona.
Hasta los socios habituales del Gobierno de coalición como Más País, Bildu o ERC han pedido en el Congreso que el presidente comparezca para dar explicaciones, para saber cuáles son los protocolos, si ha habido devoluciones en caliente, si han pedido asilo algunos de los que consiguieron llegar a España o si han fallecido menores en el asalto.
El Gobierno, a lo suyo, soslaya el asunto, solo responde “No tenemos nada que añadir” y que “la culpa es de las mafias” mientras Sánchez, a hacerse fotos y vídeos. El problema es que hasta la ONU ha pedido ya explicaciones de cómo se ha gestionado este asalto a la valla de Melilla, tan bien resuelto por la gendarmería, según el presidente del Gobierno de España.