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CRÓNICA TAURINA

San Fermín: la Puerta grande merecida. La terna y el mayoral a hombros

San Fermín: la Puerta grande merecida. La terna y el mayoral a hombros
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domingo 10 de julio de 2022, 22:48h
Actualizado el: 11 de julio de 2022, 11:38h

Una tarde completa. Será de San Fermín, San Isidro o de toda la temporada que llevamos. Primero, una de las corridas mejor presididas. Ana Elizalde, la presidenta, tuvo la finura hasta de levantarse a la hora de saludar a los diestros y concederles su permiso. Tampoco se regocijó en impacientar al público concediendo los trofeos merecidos y guardando las orejas al toro que no procedían. La ganadería de La Palmosilla recogió el Premio Carriquiri por el mejor toro de 2019. Se esmeraron en elegir los toros para una tarde inolvidable. El sexteto que saltó al ruedo lució buenas hechuras, gran aguante, mucha velocidad, temperamento y franqueza.

Rafael Rubio Luján recibió a Arrumbadito (1º) con una larga cambiada, pero le apretó el toro hacia las tablas. El colorado, con mucho nervio, siguió los lances, mientras Rafaellillo le ganaba el terreno. Manuel Escribano hace el quite por navarras, abrochado con una serpentina. El brindis fue dirigido al cirujano, Angel Hidalgo, quien salvó la vida a Rafael hace tres años. Hay que tener mucha valentía y gran inteligencia para recuperarse de una cornada tan terrible como la de aquella tarde. Rafael lo demostró hincando las rodillas en las tablas, como aquella fatídica tarde. El toro, llevado a los medios, toma la franela, la sigue y siluetea unos pases admirables trazados por la muñeca del espada. El burel intercala algunos cabeceos, para que el público no se olvide del peligro, se revuelve con ganas y fuerza. Rafael sigue construyendo unas tandas largas, rematadas con pases de pecho por ambos pitones. Un desplante, tocando el pitón, y el estoque desaparece hundido entre las paletillas. Se rueda Arrumbadito. Dos orejas.

Vinatero (4º) parecía rehuir la pelea y salir con las manos por delante en los lances. Mas Rafaelillo le apacigua y ahorma la embestida. Escribano hace el quite por chicuelinas muy ceñidas. Brindis al público. La primera tanda salió redonda con cuatro pases y uno de pecho. Un molinete y cambio de mano, y aquí el astado le mira los tobillos y va a por él: Rafael es cogido, zarandeado, pero con gran habilidad se agarra a los pitones y previene mayores daños. Sale al albero sin chaquetilla y con el ánimo de comerse el mundo. “A mí no me cogen los toros malos” parecían sonar las palabras de Joselito. O de Guerrita. O de cualquier otro torero que sabe su oficio y, además, tiene la sensibilidad de ejercerlo con inteligencia. Sólo cogen en los que confíes mucho. Lo que vimos después fue un torbellino. Rafael bien se ha vengado: Vinatero tuvo que aguantar la muleta que volaba sin reposo. Un molinete de rodillas, unos derechazos y pases de pecho, mirando al tendido. Sin el estoque… Al final, vimos a los dos tomando el aire frente a frente. Otra gran tanda que aploma al toro. Otro estoque perdido entre las paletillas del astado. Dolido, se sienta en el estribo. Una oreja. La petición sigue.

Manuel Escribano se situó frente a la puerta de los chiqueros. Remilgado (2º), recibido a porta gayola temeraria, recorre la plaza con alegría. Una larga de rodillas no paró al colorado. No para de galopar y engancha el capote. Leo Valadez compone el quite por chicuelinas y una media templada. Escribano le ofrece los rehiletes y los dos diestros hacen un buen tercio, incluidos los recortes vistosos. El tercer par de Escribano al quiebro y al violín. Manuel, erguido en los medios, cita al toro que embiste con nobleza. La faena suave por templada, basada en los derechazos; por el pitón izquierdo Remilgado se mostraba algo parado. Las bernardinas limpias, de las mejores de lo que va la feria. Una estocada hasta los gavilanes. Dos orejas. Pueblerino (5º) no pudo rebajar el listón tan alto que marcaron sus congéneres. Salió agalgado, de pata alta y fina. Escribano, de nuevo en la puerta de los chiqueros. La gayola salió lucida. El torazo tomaba el engaño con tal celo y fuerza que al deslizarse con los cuartos traseros se repuso en un instante para seguir los lances. Valadez lució en quite rematado con una cordobesa. Escribano puso magníficos pares de garapullos. Ya con la muleta en la mano se pasa al burel por la cintura en los medios, por delante y por la espalda hasta unas seis veces. El torazo va franco. Boyante. Un toque de la muleta y acude al cite. Las series surgían sin parar, aunque hubo un poco de cabeceo y un parón, nada amargó la gran faena de un toro impresionante. Un aviso. Un pinchazo. Una estocada entera. No se concede el premio a pesar de la petición. Una vuelta al ruedo.

Leo Valadez con Memorable (3º) mostró su largo repertorio de lances. Afarolados, zapopinas, medias de rodillas… Escribano responde gustoso a la invitación de compartir las banderillas. Escribano, subido en el estribo en el sol, cita al morlaco y pone un par excelente. Leo cumple y es salvado por un recorte de Manuel. De la faena se destacaban los pases de pecho, los molinetes de rodillas, a pesar de que el toro cabeceaba un poco. Todo ajustado y certero. Adornó la tarde con manoletinas de rodillas, mirando al tendido. Una estocada algo tendida que dobla al astado. Dos orejas. El último, Sombrerito (6º), recibió los pares de matador. El tercero puesto al violín. El burraco seguía la muleta, pero cabeceaba más, se mostraba algo celoso. Valadez tiene que medir mejor las distancias, ajustarse para evitar enganches e intentos de desarme. Valadez resuelve bien los achuchones del toro. Cierra con tres bernardinas sin estoque. Un pinchazo hondo, en buen sitio, amorcilla al toro. Descabello hecho bajo la lluvia de botellas y latas. Lamentable.

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