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Ensayo

Manel Pérez: La burguesía catalana

lunes 11 de julio de 2022, 01:28h
Manel Pérez: La burguesía catalana

Península. Barcelona, 2022. 286 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En La burguesía catalana. Retrato de una élite que perdió la partida, Manel Pérez nos presenta a un actor, aunque no el protagonista principal, que intervino significativamente en la vorágine independentista cuyo punto y seguido fue el 1 de octubre de 2017: el empresariado catalán. Para ello, combina varios planos de análisis que van desde el estrictamente político-económico, a otro marcado por las cuestiones personales-familiares, certificando este último la endogamia que caracteriza a ese patriciado objeto de estudio.

El autor parte de una idea clave: la burguesía catalana había perdido un enorme capital de influencia en la sociedad civil mucho antes de la declaración unilateral de independencia perpetrada por el ejecutivo encabezado por Carles Puigdemont. Los acontecimientos políticos vividos, en particular tras la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña en 2010, simplemente certificaron su incapacidad para imponer sus metas en la agenda de los gobiernos catalanes.

Al respecto, la obra contiene un material de incalculable valor del que se deriva una constante: el elemento que ha marcado el discurrir histórico de esa burguesía catalana ha sido la defensa a ultranza de sus intereses. Tal modus operandi ha provocado que el relativismo (en muchas ocasiones como sinónimo de ausencia total de escrúpulos) se aprecie con nitidez en sus relaciones con el poder político.

En efecto, mediante el recorrido cronológico que ofrece Manel Pérez, percibimos como esa burguesía catalana no tuvo reparos en imponer a los gobiernos de Madrid una agenda proteccionista en los años de la Restauración, una medida que beneficiaba a sus exportaciones al resto de España. Posteriormente, mantuvo actitudes cordiales con el franquismo y, en democracia, con el pujolismo, aunque sin comulgar excesivamente con los grandilocuentes planes del Molt Honorable. Un clima de estabilidad para sus negocios era lo único que demandaba.

Sin embargo, los acontecimientos políticos en Cataluña se precipitaron en el siglo XXI y hacia los mismos esa burguesía catalana se manifestó diciendo esto y lo contrario. En este sentido, rechazó inicialmente la propuesta de Reforma del Estatut por razones como la ambigüedad que introducía en el campo finanzas y la insistencia que mostraba en lo identitario. Más tarde, la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010, unida a la crisis económica desatada en toda Europa, hizo que ese mismo patriciado subrayara la necesidad de conseguir el pacto fiscal. Esto implicaba un giro de calado en su trayectoria ya que “durante el periodo democrático reciente no la habían convertido en una reclamación política ni inmediata, ni urgente, ni posible (…) El concierto no fue su objetivo en el arranque de la democracia y la recuperación de la Generalitat” (p.35). Por tanto, en función de esta nueva perspectiva, Artur Mas se convirtió durante unos años en “su hombre”. Sin embargo, cuando el delfín de Pujol se entregó a ERC y al poder de la calle, le retiró su apoyo moral, político y económico.

Con todo ello, la imagen del empresariado catalán no ha salido bien parada del procés: Fue el dramático desenlace de una década tormentosa en la que ambas fuerzas caminaron desde una inicial coexistencia, crecientemente divergente, hasta acabar en la ruptura final, con el grueso de esa élite apoyando la suspensión de la autonomía y la aplicación del artículo 155 de la Constitución” (p.231). En efecto, para los independentistas pata negra, esa burguesía simboliza la traición a la causa nacional reflejada en el traslado de sus empresas a otros enclaves de la geografía nacional, mientras que en el resto de España queda vinculada al binomio egoísmo-cobardía.

Así, conforme nos acercamos a 2017, el discurso del empresariado catalán se apropió de argumentos ya defendidos con anterioridad por otros sectores (políticos, sociales, académicos…) que hacían alusión a que “el derecho a decidir” era contrario al Derecho Internacional y la Constitución española. Esta perspectiva jurídica la combinó con otra más “pragmática” (basada, esencialmente, en el temor a un posible boicot a los productos catalanes en el resto de España).

Con todo ello, la parte final de la obra resulta de máxima pertinencia. En efecto, podríamos legítimamente pensar que la ruptura de relaciones entre el mundo de los negocios catalán y el independentismo era definitiva tras 2017. Nada más lejos de la realidad y así lo refrenda el liderazgo al frente de la patronal Fomento de Trabajo del exmiembro de UDC, José María Sánchez Llibre, cuando medió por la libertad de los políticos presos ante el gobierno de Pedro Sánchez e insistió en que era condición necesaria para la estabilidad el retorno a España de Puigdemont.

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