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TRIBUNA

Una experiencia de solidaridad

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 16 de julio de 2022, 19:02h
Actualizado el: 16/07/2022 19:21h

Una simple revisión médica en un grande y moderno hospital de la ciudad en que reside el anciano cronista le ha servido para comprobar por incontable vez la eficiencia de nuestro sistema hospitalario así privado como público. En extremo empático con la formidable empresa asistencial acometida, con mil dificultades pero rotundo éxito, en la Gran Bretaña de comedios y finales de la segunda postguerra mundial, la de la plenitud sin duda del Labour Party (hoy, hèlas, tan nostálgicamente recordada), el articulista ha revalidado una vez más su confianza y gratitud hacia las pruebas innumerables de la eficacia de nuestro sistema de salud y sus no menos numerosas virtualidades para proseguir en tan loable tarea.

Empero, hodierno es de clamor universal en nuestro país por las espesas sombras que sobre su porvenir inmediato arroja el temor muy afianzado de una irrefrenable pérdida de tal estatus, debido, en especial, a la penosa ausencia de basamentos económicos insustituibles para sus funciones esenciales y al irremontable déficit de efectivos humanos atraídos por las tentadoras ofertas de otras naciones de la Unión Europea, en particular del Reino Unido. Con las envidiables coyunturas usufructuadas durante más de medio siglo por la Sanidad española – décadas postreras del franquismo e inaugurales de la por entonces muy abrillantada Transición- sería, en verdad, una prueba lancinante de “Estado fallido” el que las próximas generaciones se encontraran carentes, en medida al menos razonable, de los muchos y contrastados bienes proporcionados por una medicina asistencial a tono con nuestra historia inmediata y el prestigio y rango alcanzados por sus profesionales.

De tan sombrías reflexiones en una mañana primaveral andaluza le distrajo, venturosamente, al articulista la solícita atención con la que acogiera en el centro referido una joven señorita o señora de su ejemplar servicio de limpieza. A fin de conducirlo al módulo encargado de su dolencia, tal empleada no pudo tener palabras más amables ni mejores gestos para el desnortado visitante del vasto y complejo edificio. De muy antigua condición docente, aquel no vacilaría un instante en calificar con la máxima nota conducta tan generosa y servicial. ¿Sería agible, pensaría el cronista una vez beneficiado con tan encomiable comportamiento, conjugar en las prestaciones hipocráticas la perfección técnica con la elevación del espíritu? Sin patrioterismo alguno cree firmemente que su país es todavía escenario predilecto de tal hazaña social. Cuando en estos días inaugurales del estío de 2022 las carreras de Medicina y Enfermería vuelven a concitar el máximo interés del lado de nuestras autoridades políticas y académicas, recordarlo es un deber cívico, muy devotamente cumplido por el autor de estos agradecidos renglones..

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