www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Manos de fuego

Juan José Vijuesca
miércoles 20 de julio de 2022, 19:31h

He visto suicidarse a una oropéndola no sin antes entregarse a un breve vuelo en círculo. Se quedó sin combustible en sus pulmones y cayó en picado sobre mi área de descanso. Inconfundible su plumaje de encendido color amarillo con detalles negros y una mirada de auxilio imposible de ser prestado. Es muy probable que viniera huyendo de uno de esos incendios forestales que arrasan y abrasan nuestros campos, nuestra naturaleza y nuestra propia condición de especie humana.

Comprobarán que la historia se repite con idéntica costumbre cada verano por estas fechas. Podemos pensar que este año es más seco que el anterior, pero ha habido años más húmedos y los incendios, provocados o no,fueron una constante. Desconozco la naturaleza de muchas cosas que nos rodean, sin embargo mi sentido común me dicta que dejarlo todo a la fatalidad, al descuido o a la causalidad, es cuanto menos digno de sospecha de que algo o alguien persigue un ideal para debilitar nuestras riquezas ambientales hasta convertirnos en un país tan desértico como algunos tratan de que así lo sea.

Quizás el cambio climático sea lugar inseguro para nuestra oropéndola. Quizás lo sea también para todos nosotros, ahora bien, la mano del hombre, esa mano de fuego que acompaña a la desidia tan nuestra para prevenir desastres es la que una y otra vez queda en labores voluntarias más que en políticas con nulas o escasas medidas cautelares.

La mano criminal que arrima la tea siempre es motivo principal de estos desastres, otrosí son los fenómenos atmosféricos, que también; pero en todo esto hay un componente político que trae cuenta de la incompetencia, así como de la falta de planificación. Me refiero al afán por la improvisación. Mucho ecologismo, mucho medio ambiente, pero a la hora de la verdad nos pilla el toro ante cualquier desastre sea cual sea. Estamos vendidos y al que le toca no hay otra. Esa es nuestra dura realidad con esta clase política de cartón piedra, más preocupada en proteger sus tafanarios mientras que a los demás que nos vayan dando. Y hablo de clase política en general, salvo raras excepciones.

Nerón a fin de cuentas tocó la lira mientras contemplaba el crepitar de las llamas. Aquí nos tocan las narices mientras los propagadores de la inutilidad se aferran a crear variantes lingüísticas como servidumbre de paso, porque ese es el quehacer de los políticos, pasar y si te he visto no me acuerdo. Vuelvo a la cuestión que no es otra que racionalizar, priorizar o satisfacer de una puñetera vez lo que de verdad importa al ciudadano. Dejemos trabajar a los auténticos especialista, los de cada lugar y actividad. A los que trabajan y conocen el terreno que pisan mejor que nadie. Escuchen a los hombres y mujeres del campo. Aprendan de los trabajadores y trabajadoras de la mar. Póngales voz a los que multiplican a diario el pan y los peces para sobrevivir y déjense de echar tanta espuma por la boca que estamos hartos de estar hartos.

Digo yo que esto de los bosques parece una de tantas tribulaciones que se dan por amortizadas cuando se apagan los incendios. Sin embargo, año tras año, la administración estatal sólo se acuerda del campo cuando hay fuegos, en la extinción, en lugar de aplicar medidas de contención y cuidado, con una España rural abandonada, sin cortafuegos, sin plantaciones y repoblaciones vegetales y, sobre todo, con un discurso urbanita de salón.Digo yo que lavarse las manos por falta de responsabilidad es muy común. Digo yo que hacerse un photocall a pie del centro de operaciones queda muy cool para la galería. Digo yo que a lo mejor todo está en prevenir guiándose por las manos expertas de quienes trabajan la tierra. Digo yo que a lo mejor un buen número de personas subvencionadas, sin ánimo de ofender,mantenidos y mantenidas a la sopa boba, podrían realizar trabajos comunitarios para limpiar, desbrozar y en definitiva, poner cierto orden a tanta miseria existencial de nuestros bosques y parques naturales. Lo digo más que nada por evitar pérdidas humanas, quebrantos millonarios, zonas en declaración catastrófica y la ruina para multitud de familias. Todos los años lo mismo. Lo siento por la oropéndola, al menos ella me ha permitido reflexionar sobre lo que somos a falta de mejor cordura.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (24)    No(0)

+
2 comentarios