No seré yo el que haga astillas de los árboles caídos. Desde niño me enseñaron a odiar...
No seré yo el que haga astillas de los árboles caídos. Desde niño me enseñaron a odiar el delito y compadecer al delincuente. El Tribunal Supremo, tras un largo procedimiento judicial, ha condenado a José Antonio Griñán y a Manuel Chaves como responsables de la mayor trama de corrupción de la reciente historia de España.
El sanchismo monclovita y el propio Pedro Sánchez se han hartado de calificar al PP como el partido más corrompido de Europa y lo han denostado sin piedad. Alberto Núñez Feijóo podrá decir ahora: la mayor corrupción es la de ustedes, señores del PSOE. Dos presidentes socialistas de Andalucía, con altos cargos en su día tanto en el partido como en el Gobierno, han sido condenados por el Tribunal Supremo. El bumerán se ha vuelto contra el sanchismo, contra Pedro Sánchez y contra el PSOE.
No creo yo que la corrupción sea lo que define a la clase política española. No, no es la corrupción; es la mediocridad. El esplendor de los hombres y mujeres de la Transición ha ido decayendo hasta alcanzar cotas cercanas al analfabetismo sobre todo en algunas provincias españolas.
La sentencia del Tribunal Supremo, que no conoceremos hasta septiembre, ha sido inequívoca. Condena a prisión a José Antonio Griñán y ha dictado inhabilitación a Manuel Chaves. Si los dirigentes sanchistas no enrojecen de vergüenza lo harán por ellos los electores españoles. No se puede acusar tenazmente de corrupción a los otros y encontrarse luego en casa con un caso que, por sus circunstancias, ha sido calificado como la corrupción mayor de la historia reciente de España.
Hay que compadecer a los delincuentes sin hacerles daño gratuito. Pero también es necesario rechazar un delito que tiene especial significación por la alta implicación de los condenados, por las características de las víctimas por el alcance nacional del escándalo: desviar la gigantesca cantidad de 680 millones de euros destinados a los parados y que se emplearon en gran parte en comprar voluntades de cara a las elecciones autonómicas. Al PSOE le conviene callar ahora y provocar que el temporal pase sin que le cause nuevos perjuicios y graves consecuencias electorales.