Cristian Segura, autor de Gente de orden, ha revelado que tardó casi dos años en publicarlo: “Este libro lo moví entre diferentes editoriales y no había respuestas. Lo había escrito entre los años 2015 y 2018 y por fin una editorial me dijo estar muy interesada. Pero un año y medio después cuando ya estaba todo listo para que saliera se echaron atrás. Tuvieron el libro congelado casi dos años porque no sabían cómo decirme que se habían equivocado. No se atrevieron nunca a decírmelo.”.
Esta confesión ya acredita que su contenido desagrada a los poderosos y en concreto a los que controlan y supervisan la edición de libros en España, y que vetan aquellos que incomodan a sus accionistas, a los amigos, a los medios oficiales, a las instituciones, financieras y políticas. Después de su lectura, debo admitir que entiendo -no comprendo- ese temor y negativa porque lo que sin duda más puede molestar a quien ostenta poder es el humor, y la ironía con la que está escrito. Por ello la pluma periodística de Cristian Segura es para mí una feliz revelación porque hay muchos pasajes en este libro que se leen con la sonrisa en los labios por la ternura y la fina ironía con que el autor desvela las andanzas de la gente de orden, que él sitúa en la actual Cataluña, alimentada en una utopía imposible por políticos, y como esa gente de orden ha asistido a no comprometerse en esa aventura pero al mismo tiempo ha sido incapaz de detener el “proceso” que la ha llevado al inteligente subtitulo del libro La derrota de una elite.
Segura describe su relación como periodista con los grandes nombres de la Cataluña de orden, Daurella, Palatji, Villarrubí, Rodés, Maragall, Lara, Ferrer, Valls, Cuatrecases, Vila Casas, Puig, Pujol, Fainé, Canadell, y cómo han actuado tradicionalmente en relación a los obsesivos afanes independentistas y cómo han mantenido el equilibrio al rechazarlos sin parecer lo contrario y para apoyar sin que lo pareciera.
La ironía preside toda esta descripción, alternando el asombro por ese equilibrio con la ligera denuncia de su actitud. Segura considera que la gente de orden es de trato amable, correcto, de lo que se suele entender por ser ‘bien educado’ pero que también hay lo que él ha definido como auténticos pijos. “Piensas -escribe Segura- que sus hijos acabarán haciéndose de la banda Baader Meinhof o anarquistas y en general la gente arrogante, con poder, con potencia económica es particularmente insoportable”.
Segura atribuye a su padre la creación del término “pijoloco” para describir el mundo de Diagonal para arriba, y a este “pijoloco”, Segura añade la creación del “pijoprogre”: “Gente con pasta que se considera muy progresista y muy de izquierdas y que quiere compensar su condición privilegiada blandiendo banderas progresistas y de causas justas”. En cuanto al “pijoloco”, Segura lo define como “aquel personaje amoral, que tiene dinero, a quien no le importa de dónde viene y que no tiene ningún sentimiento de culpa de clase y que en mi opinión me parece que es más sano que el otro”.
Segura que proviene de una familia de posición, venida a menos, escribe desde su conocimiento interno el mundo del Real Club de Polo, del hockey sobre hierba, de los lugares de alterne elegantes de Barcelona y, en concreto, del llamado Upper Diagonal, encuadrado entre el Tibidabo, al norte, San Gervasio y Sarriá al oeste, Paseo de Gracia al este y la propia Diagonal al sur. Segura conoce bien por su infancia y adolescencia este mundo y es en estos capítulos donde acredita su inteligencia, su buena memoria, su aguda observación, su fecundo conocimiento del flujo social, que parte del Colegio La Salle, describiendo unas élites barcelonesas que han ido desapareciendo porque -en sus propias palabras- “la globalización, el nacionalismo y la sociedad del bienestar les han derrotado”.
Burguesía nacionalista o cercana al nacionalismo catalán ha habido siempre y son -según Segura- familias que llevan ahí años y años. Segura se asombra de que “el reducto del voto “pepero” en Barcelona, Sarriá y Sant Gervasi haya votado a la CUP de forma tan importante en las últimas elecciones. Las élites que antes se abalanzaban a votar a CiU en Matadepera, San Cugat o El Eixample se han divido mucho en los ultimos años entre el PSC, ERC y en su momento, en alguna ganaba Ciudadanos. En Diagonal arriba, donde antes arrasaba Convergencia y el PP era fuerte, ahora gana con mayoría el independentismo”.
En este libro Segura nos muestra que de los 25 municipios más ricos de España, 13 son catalanes. Y de los 13 en 10 gana el independentismo, y por ello admite, “como me dijo un día Valentí Puig, el catalanismo tal como lo hemos entendido ha muerto, ha desaparecido”.
Menos apasionantes son los capítulos que al autor dedica a relatar su propia peripecia personal, que le ha llevado a vivir en Hamburgo, su ciudad preferida de Alemania, criterio que comparto, en China y a narrar sus episodios más o menos tremendistas en la Barcelona de su juventud; aun así, en ellos hay una sagaz percepción de personajes, de vástagos de familias en declive, y de zonas de la Barcelona que fue tan cosmopolita y que hoy son escenario de un pobreza ambiental.
El epilogo resulta dramáticamente esclarecedor, porque en él, página 274, Segura explica que “en este libro he tratado sobre todo de exponer la desintegración de una hegemonía y de una mentalidad… lo relevante es que no tengo la mentalidad de mis padres y abuelos; su voluntad de prevalecer, de continuar un esquema social, se ha desvanecido”.
Y en el capítulo final, titulado “La derrota”, Segura -página 279- relata los acontecimientos ocurridos en Cataluña con motivo del indigno intento de proclamación de la República saltándose las leyes y en Barcelona en alusión a las violentas manifestaciones frente al Departamento de Economía de la Generalitat en plena Rambla de Cataluña, con un párrafo que es un buen resumen de este libro: “El 20 de septiembre de 2017 fue el día en el que el mundo del orden se derrumbó de forma definitiva… porque rompió los esquemas de lo que se supone que son las actitudes y los intereses de un colectivo notablemente acomodado”.