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Ensayo

Íñigo Bolinaga: La guerra del miedo

domingo 31 de julio de 2022, 19:36h
Íñigo Bolinaga: La guerra del miedo

Durante el mes de agosto, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas recientes críticas más leídas de libros destacados

Almuzara. Córdoba, 2022. 312 páginas. 21,95 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En La guerra del miedo. Historia del terrorismo de izquierdas en Europa, Íñigo Bolinaga nos presenta una obra rigurosa, en la que explica de manera dinámica cómo el terrorismo de izquierdas, cuyas múltiples organizaciones representativas disecciona con precisión, sembró el caos en Europa occidental, particularmente en la década de los años setenta de la pasada centuria.

Un primer elemento que no tiene que pasar desapercibido alude a que la actuación liberticida de esos grupos terroristas tuvo lugar, sobre todo, en democracias consolidadas, caso del Reino Unido, República Federal de Alemania, Francia o Italia. Cuando operó en dictaduras como la española, su máxima letalidad se produjo en plena Transición, buscando el fracaso de la misma.

En íntima relación con la idea anterior, aquellos grupos que actuaron en Europa occidental estaban formados principalmente por jóvenes de clase media-alta, lo que contradice el mantra que establece una relación casi automática entre pobreza y recurso a acciones terroristas. Sobre esta cuestión, el autor subraya acertadamente que: “Los terroristas no tienen por qué proceder de capas marginales o empobrecidas. El terrorista medio suele ser un individuo prototípico de la sociedad en la que vive […] La causa que mueve a un terrorista no es ni remotamente parecida a la de los delincuentes comunes, por eso sorprende que haya tantos analistas que buscan las razones que mueven a una persona a tomar la decisión de militar en una organización violenta basándose en una supuesta pobreza de medios, pertenencia a familias desestructuradas, falta de perspectivas de futuro y similares” (p. 77).

Asimismo, otras ideas fundamentales sobre las que Bolinaga vertebra esta obra radican en la importancia que para los grupos terroristas tiene la comunicación y la difusión de sus acciones, una cuestión que se halla íntimamente relacionada con el uso torticero que hacen del lenguaje. A modo de ejemplo de esta afirmación, las Brigadas Rojas llamaban “cárceles del pueblo” a los espacios físicos reducidos en los que ubicaban a quienes secuestraban, como fue el caso de Aldo Moro, referente de la Democracia Cristiana en el país transalpino.

Igualmente, tampoco debe olvidarse que esos jóvenes que recurrieron a la violencia con intencionalidad política, tuvieron como modelos determinados acontecimientos acaecidos lejos de las fronteras de Europa. Al respecto, la guerra de Argelia, la revolución castrista o el vietcong inspiraron a las Brigadas Rojas y a la Fracción del Ejército Rojo: La RDA sospechaba que no conocían la realidad del socialismo y que ninguno de ellos había sabido superar las bondades de la teoría de la igualdad y la justicia social para ponerse en el escenario de la renuncia a los lujos, las buenas ropas y los coches de gran cilindrada. Sin embargo, su plena disposición los hacía francamente útiles” (p. 109).

En consecuencia, estas organizaciones terroristas de extrema izquierda mostraban un aprecio reverencial hacia los postulados de corte marxista, fenómeno también observado en ETA o en el IRA, si bien el componente nacionalista predominaba en estas dos últimas, lo que facilitó su mayor proyección en el tiempo. Además, en lo relativo al terrorismo etno-nacionalista, se detecta una capacidad para fabricar sus propios “mártires” e “iconos”, caso de los miembros del IRA fallecidos en huelga de hambre en 1981, lo que constituye una perversión ética que vulnera la memoria y la dignidad de las verdaderas víctimas.

Finalmente, la obra tiene otro elemento de máximo valor que está relacionado con una vertiente más jurídica. El lector apreciará que, al contrario de lo que acontece en la actualidad donde el combate contra el terrorismo es objeto de la cooperación entre los Estados y entre Estados y organizaciones supranacionales, tal rasgo no se observó en los años setenta. Así, aunque hubo algunas iniciativas de interés que el autor enumera (creación del Grupo de Trevi, el Convenio Europeo para la Represión del Terrorismo de 1977), primó el recurso a una legislación de excepción que, en determinados casos, significó la supresión de ciertos derechos fundamentales y garantías procesales pero que resultó de máxima eficacia para erradicar de manera gradual este terrorismo de izquierdas, el cual, aunque contó con un apoyo social minoritario, esto en ningún caso debe llevarnos a obviar los impactos psicológicos e ignorar las innumerables muertes que provocó.

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