En el "cuadro de mando" de "Siempre en domingo", en Punto Radio.Dirigirse a usted es como hacerlo a un miembro de la familia, a alguien que ha estado en numerosos momentos importantes de muchos hogares. ¿Comparte esa sensación?Totalmente. Es algo habitual que se me acerque un adolescente, una veinteañera o un treintañero y me diga que ha crecido viéndome en la tele o, incluso, escuchándome en la radio. A eso añádele abuelos, tías, madres, padres, niños….Voy a cumplir 25 años en esta profesión y eso significa que he tenido la oportunidad y el honor de compartir muchas horas con espectadores y oyentes. Al final, tanto tiempo entrando en casa de la gente hace que formes parte de sus vidas. Y por eso, el cariño es mutuo.
¿Qué tiene que ver el Ramón García que vemos y escuchamos con el Ramón García que sale de Punto Radio o de los estudios de Antena 3?Todo. Es evidente que delante de una cámara o un micrófono estás trabajando y eso supone que adoptas una actitud diferente a la privada, pero nunca una pose, eso no va conmigo. Soy como soy. Por eso me emociono, río o lloro como si lo hiciera en la intimidad. No sé ser de otra manera, ni creo que deba hacerlo. Soy Ramontxu, un tipo cercano y normal.
A pesar de su éxito, disfruta de intimidad y de la admiración del espectador. ¿Cuáles cree que han sido los factores que le han llevado a ese éxito "respetuoso" que ha conseguido a lo largo de estos años? Si tú te respetas, los demás te respetan. Es cierto que hay ocasiones en las que alguien, generalmente por envidia o falta de ética, intenta inmiscuirse en tu vida. Pero si sabes hacerte respetar, nunca traspasan tus límites. A eso también ayuda que seas alguien normal, pese a tener un trabajo especial. Una vida sencilla y coherente. Esto ha motivado que, por ejemplo, los compañeros gráficos me hayan dado un premio por la actitud que tengo con ellos. Insisto, el respeto se lo gana uno día a día.
La radio y la televisión tienen fama de estar plagadas de empujones y vanidades. ¿Pesan más los gozos o los sinsabores del pomposo mundo de la televisión? De los gozos disfrutas y de los sinsabores aprendes. Si algo me ha enseñado el mundo de la comunicación y el espectáculo es que no vale lo que has hecho ni lo que vas a hacer. Sólo importa lo que estás haciendo. Puedes haber tenido tiempos de gloria pero sólo eres lo que vale tu actual trabajo. Por eso la vanidad es tan inútil como gritar debajo del agua. Y si te empujan, lo que debes hacer es aprovechar la inercia para impulsarte aún más en tu camino y salirte con la tuya.
¿Qué recuerdo guarda de TVE?El mejor de los recuerdos. Estás hablando de la casa en la que crecí como profesional y que me permitió ser quién soy y tener lo que tengo. Además guardo grandes amigos con los que todavía comparto mesa, mantel y gratos momentos.
Es símbolo de la cadena, parte de su historia. ¿Qué puede contar de las causas de su marcha?Todo tiene su tiempo. La casa fue cambiando y los jefes fueron pasando. Hubo un momento en el que dejaron de llamarme y acepté propuestas de otros lugares, algo que hasta entonces nunca hice. Soy de los que se ponen la “camiseta” de la empresa y permanecen fieles hasta que la vida o las decisiones empresariales nos separan. Pero a mí no me gusta decir adiós sino hasta luego. La vida, y sobre todo la de nuestro mundo, es imprevisible.
¿Volvería?Ya te digo que es una profesión en la que no se puede dar nada por sentado. Cambian los jefes, las empresas, los inversores…Con el tiempo, he aprendido que nada es imposible y casi todo cíclico.
Disfruta con los niños en "¿Sabes más que un niño de primaria?", en Antena 3.Los productos televisivos que imperan hoy día están muy alejados de los contenidos familiares por los que usted apuesta. ¿Cree que es un camino sin retorno o se puede hacer algo por volver a una programación que pueda sentar a mayores y pequeños ante la tele? Mientras no apuesten por ello los directivos de las cadenas, es difícil, por no decir imposible. Y creo, con humildad, que es un error desde el punto de vista profesional, humano y empresarial. No hablaré de valores, que también, sino de que si tú no potencias que los críos vean la televisión en familia provocarás que Internet, la game-boy o la Wii se conviertan en los únicos mundos capaces de atraer a las generaciones del siglo XXI. Pasó con el teatro, después con los cines, más tarde con la radio y en poco tiempo le sucederá a la televisión. Si no creas nuevos clientes, los viejos van desapareciendo. Es ley de vida. Los medios sólo son canales de transmisión y, por eso, pueden ser sustituidos y desaparecer.
Es difícil escucharle hablar y que no cite a sus hijas. Parte de su educación radica en lo que vean en la pantalla. ¿Cree que hay televisión para ellas? Si no tienes acceso a una plataforma digital y de pago es muy difícil que tus hijos puedan encontrar contenidos adecuados. Y no hablo de los padres que permiten que sus hijos vean programas de adultos en horarios nocturnos sino de que, en el “presunto horario infantil”, se emiten programas inaceptables para los menores. No hablo sólo de sexo o violencia. Hablo de que se está alimentando la idea de que cualquiera puede salir en televisión y convertirse en famoso. Resulta escalofriante que muchos niños y niñas, a la pregunta de qué es lo que quieren ser de mayores, te digan que desean ser famosos, como si la fama fuera una profesión y no una consecuencia. Y, lo que es peor, tampoco les importa cómo conseguir la fama ni a qué precio. Y aún peor, a muchos padres tampoco les importa.
Y ahora en radio, precisamente donde empezó su carrera. ¿Le apetecía volver?Sí. Por eso lo he hecho. De la misma forma que dejé la radio a comienzos de los 90 por la televisión. En 2004 intuí que era el momento de volver al micrófono. Además siempre he añorado la radio. Fue mi nacimiento como profesional de la comunicación y me enganchó de por vida. Siempre supe que volvería.
"Siempre en domingo" tiene indudablemente su sello. ¿Cuál es su objetivo a la hora de sentarse a preparar el programa? Hacer un programa para la gente. Por eso abro los teléfonos y micrófonos. Llevo demasiados años escuchando radio-predicadores, profesionales que utilizan las emisoras como si de púlpitos se trataran. Y no me refiero sólo a los que hablan de política, también a los que están “encantados de escucharse”. Yo prefiero escuchar a los oyentes. Y si un día me da por opinar, lo hago desde la humildad y espontaneidad de un ciudadano de la calle.
¿Qué le aporta la radio que no encuentre en televisión?Estabilidad e independencia. Las audiencias de la televisión son inmediatas y eso hace que sepas al día siguiente la evolución del programa minuto a minuto. Eso provoca nerviosismo, sobre todo en los directivos, y muchas veces impiden el crecimiento natural de una apuesta televisiva. Lo de la independencia lo comento porque en televisión necesitas cámaras, realización, dirección, producción, maquillaje, decorados…en la radio basta con un micrófono y tu voz. Y como mucho, un teléfono y buena música.
¿Cuál le gustaría que fuera su próximo paso?Seguir creciendo en la radio. Ofreciendo lo mejor que sé hacer, que es contar cosas y compartirlas con la gente. También continuaré desarrollando mi faceta de productor en radio y televisión. No desecho seguir apareciendo en la pantalla, pero siempre manteniendo mi trabajo en la radio. Y por supuesto siempre espero, tanto en el trabajo como en la vida, que lo mejor esté por llegar.
¿Cuál ha sido el momento de su carrera profesional más feliz, más especial?Son muchos. Del primer día en la radio recuerdo hasta el olor del ambientador. Desde entonces, por suerte ha habido muchos. Aunque, como te digo, siempre pienso que el mejor momento está por llegar. No me gusta la gente que abusa de los recuerdos. La nostalgia está bien para una conversación ocasional, pero no como discurso cotidiano. Abusar de los recuerdos que nunca volverán es como estar un poco muerto.
Con Anne Igartiburu, una de sus "acompañantes" en la noche más especial del año.¿Cómo se vive una Nochevieja delante de las cámaras?Con responsabilidad. Pensando en no defraudar al que te paga pero, sobre todo, al que te está viendo. No puedo olvidar que esa persona ha decidido compartir uno de los momentos más especiales del año y de su vida con nosotros, con nuestra cadena. Y no puedes fallarle.
Cuénteme lo que el espectador no ve.Voy horas antes. De hecho, en los últimos años, he ido por la tarde para poder entrar en el informativo de la noche. Me gusta tenerlo todo controlado así que procuro que todos sepamos qué hay que hacer y cómo. Para eso están las reuniones previas. Son varios días. El ruido y la tensión en las campanadas son tan grandes que mucha gente se bloquea. Además, es un momento breve y que no admite errores. Es más, las campanadas, no las escuchas. Y no te digo nada los cuartos. Yo me guío por los planos, por eso exigí un monitor que me permite ver lo que pincha el realizador. Previamente hemos quedado en los tiempos y los planos del reloj. De esa manera no te equivocas. Por eso cuento a la audiencia lo de los planos. Viene muy bien para la retransmisión pero también en las casas donde hay ruido y se despista la gente.
Por primera vez en la historia de la televisión, usted provocó la infidelidad de centenares de miles de españoles a TVE las pasadas "uvas" y los arrastró a Antena 3. Debe ser un honor para usted.Para mí, para el equipo y para la cadena por creer en la fórmula. Siempre pensé que si no daba las campanadas en TVE no las daría en ningún sitio, pero me gustó el proyecto y la apuesta de Antena 3. Además, parte de la “culpa” la tiene la tradición. Hay gente que me dice que comenzar el año sin Ramontxu le da “mal rollo”, mala suerte. Será por aquello de que somos animales de costumbres.
¿Nos puede adelantar si este año presentará las campanadas? Sería todo un detalle… Desde que era un niño he trabajado el día de Nochevieja. Primero en las discotecas de mis padres y después en la televisión. Y siempre digo que este año será el último, pero al final algo o alguien hacen que vuelva a ponerme la capa. En España, soy el que más veces ha retransmitido las campanadas por televisión. Quizá sea mi destino ser el responsable de despedir el viejo año y presentar el año nuevo.