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Novela

Natsume Soseki: Botchan

lunes 08 de agosto de 2022, 18:06h
Natsume Soseki: Botchan

Durante el mes de agosto, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas recientes críticas más leídas de libros destacados.

Traducción del japonés de Rumi Tani Moratalla. Alianza. Madrid, 2021. 218 páginas 11,95 €.

Por Matías Jaque

Botchan, segunda novela de Natsume Soseki, se transformó, desde su publicación en 1906, en un best seller, especialmente entre el público joven de Japón, y contribuyó a consolidar la influencia que su autor alcanzaría sobre toda la literatura japonesa contemporánea, incluyendo autores tan queridos por el gusto occidental como Haruki Murakami. Alianza nos ofrece ahora su tercera traducción al español, después de la celebrada versión que José Pazó realizó en 2008 para la editorial Impedimenta. Sin duda son buenas noticias, en la medida en que, a través de una edición cuidada y accesible, conseguirá reanimar el interés por el autor.

En Botchan, toma la voz narrativa un joven oriundo de Tokio que, tras aceptar un cargo como profesor de instituto en una provincia nipona, da sus primeros pasos en el mundo de la adultez. Botchan, que en japonés quiere decir “niño mimado, señorito”, es el apelativo que su cuidadora de infancia, la entrañable Kiyo, da al protagonista como muestra de afecto y confianza. Para todo el mundo, sin embargo, incluidos su padre, su madre y su hermano, el chico no es más que una persona impulsiva y conflictiva, alguien por quien nadie, partiendo de él mismo, apostaría demasiado. Con un ritmo ágil en el que no dejan de sucederse acontecimientos hilarantes, la novela relata la fallida primera experiencia laboral de Botchan. Por un lado, sus estudiantes, agrupados en una suerte de coro de paletos inmisericordes, no dejarán de hacerle objeto de las peores perrerías; por otro, sus colegas parecen sumidos en un agotador juego de estrategia, en el que no pierden ocasión de inmiscuirlo, por la obtención de mezquinas recompensas sociales y laborales.

Se ha visto en Botchan un testimonio fresco y divertido de las tensiones socioculturales que atravesaba Japón en el periodo Meiji, marcado por una acelerada modernización y occidentalización del país. Pero el interés que la obra posee para el lector actual rebasa la curiosidad que pueda despertarle dicho periodo, y entronca, creo, con tensiones recurrentes en nuestra propia tradición. Uno de los tópicos que atraviesa la novela es una actitud de desconfianza y hasta desprecio por la inteligencia, o al menos, ese uso social de la inteligencia que busca blindar los privilegios de algunos iniciados. Una y otra vez, el protagonista afirmará que no es un hombre muy inteligente. Es, en cambio, un testigo ingenuo, siempre frustrado por la revelación obvia de que las intenciones difieren de la retórica. No es difícil, por cierto, empatizar con esa desconfianza, con el rechazo hacia el hermetismo que la vida social suele mostrar al principiante, y con las consecuentes ganas de pasar a la acción directa como única vía de romper el sofocante nudo gordiano de un código social cuyos mensajes parecen llegarle siempre en diferido, y habitualmente con noticias en su contra.

La catártica golpiza que Botchan propinará, finalmente, a sus intrigantes y ambiciosos colegas, lo transforma en ese héroe punk que a ratos muchos quisiéramos ser, y hace comprensible, de paso, el entusiasmo que la novela genera entre los lectores más jóvenes. Escenifica la verdad de las cosas contra el manierismo hueco de sofistas y especuladores. Pero –cuidado- esa confrontación, tan atractiva y liberadora, lo es solo cuando estamos de acuerdo sobre “la verdad de las cosas” y podemos, por tanto, arrojar en paz el huevo contra la cara del intelectual deshonesto. La obra transita, pues, al borde de un precipicio ético, en el que acaso radica su atractivo. Cómo no querer al impulsivo Botchan, y cómo no temerle, también, un poco.

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