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EDITORIAL

La sequía, la última y grave consecuencia de la histórica ola de calor

EL IMPARCIAL
viernes 12 de agosto de 2022, 08:20h

El cambio climático, el calentamiento del planeta, se acelera alarmantemente. Media Europa sufre las consecuencias con la proliferación de devastadores incendios, como el de Las Landas francesas que ha quemado en dos días más de 7.000 hectáreas, y en toda España siguen ardiendo los bosques y destruyendo casas y pueblos en la mayoría de regiones. En consecuencia, también la sequía se extiende por el viejo continente. Gran Bretaña, por ejemplo, sufre las mayores restricciones de agua de su historia y la hierba de Hyde Park, el mítico parque de Londres, prácticamente ha desaparecido.

Como informamos en El Imparcial, nuestro país aparece como uno de los más afectados por esta prolongada sequía. En agosto, la reserva hídrica de los embalses se encuentra al 39,2 por ciento de su capacidad, el peor dato desde 1.995, y cada semana desciende un 1,5 por ciento. En la última década el nivel ha caído 20 puntos. En esta situación de emergencia se encuentran las cuencas del Duero y el Ebro. La primera, en un 42,2 % de su capacidad cuando hace un año estaba en el 69,7 %. La segunda ha bajado casi 13 puntos hasta el 51,7. Las cuencas internas de Cataluña, que hace un año contaban con el 79,2 % de su capacidad, están hoy al 42,1 %. En cuanto a las cifras absolutas más bajas figuran la cuenca del Guadalquivir que se encuentra al 24,2 por ciento de su capacidad; la del Guadiana, al 25,8 ; y la de Guadalete-Barbate, al 27,1.

La situación, pues, resulta alarmante. Y como consecuencia de la sequía, se propagan las restricciones de agua que, además de afectar al consumo humano, perjudican gravemente a la agricultura y la ganadería. Como decíamos, España por su situación geográfica, sufre esta tragedia más que la mayoría de las naciones europeas. Pero países como Francia, Italia, Gran Bretaña, incluso Holanda y Dinamarca tampoco se salvan de las consecuencias de la escasez de lluvias y de las altas temperaturas.

Se trata, pues, de una tragedia que afecta a toda Europa. Después de los coletazos de la pandemia que todavía golpean a muchos ciudadanos, con la imparable y criminal guerra de Ucrania en auge y sus nefastas consecuencias energéticas, ahora el viejo continente sufre una descomunal ola de calor que achicharra a los ciudadanos, arrasa campos y pueblos con incontables y pavorosos incendios y reduce drásticamente el nivel de los embalses. Además de cumplir a rajatabla los protocolos para combatir el cambio climático, los dirigentes de la UE también están obligados a tomar medidas para enfrentarse a las consecuencias de la sequía y a la ola de incendios que se propaga por el entero viejo continente.

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