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TOROS

El Espinar: lúcidos toreros y bureles deslucidos

El Espinar: lúcidos toreros y bureles deslucidos
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lunes 15 de agosto de 2022, 13:25h

La plaza de El Espinar confeccionó un cartel para los amantes de la tauromaquia. Diego Urdiales, Daniel Luque y Javier Cortés se enfrentaron con la corrida de El Pilar para celebrar las fiestas de San Roque y de la Virgen. Los toros salieron desiguales por su edad. Lo único que les unía fue la falta de fuerza. Necesitaban de un “Maese Pedro”, es decir, de un titiritero hábil e ingenioso para que los mantuvieran en pie y andando. El público estaba algo despistado o simplemente acusando los efectos del cambio climático. Vamos, de lo que antes mi abuela llamaba “agosto, frío en rostro”, porque la tarde resultó bien fresca (19ºC) y con mucho aire, lo que no favorecía mucho al trasteo acertado. A pesar de todo, los diestros han dado una tarde llena de matices y gran torería.

Diego Urdiales salió desmonterado a la plaza donde hacía su presentación. Potrico (1º), el torillo cercano a las seis hierbas, no se dejaba lidiar con facilidad. Marcando querencias claras desde su salida. Miraba de reojo al callejón como a la posible salida del aprieto en que estaba metido. El colorado recibió una puya desmedida, que le abrió el pellejo. Llegó a la faena tocado, la embestida nada clara y sin son. Diego Urdiales sacó lo mejor para buscarle pases de buen trazo y lo consiguió después de una larga tanda de ajuste. El toro iba mejor por el pitón derecho, pero no regalaba nada. Una faena muy laboriosa, de mucho aguante y preciso cálculo de distancias. La estocada cayó contraria con derrame, pero entera. La petición de oreja desatendida. Su segundo Langostero (4º) recibió una fuerte puya. El brindis fue dirigido al público y la faena esforzada, compuesta de esperas y aguantes de las malicias del morlaco. Urdiales le aprovechó para las primeras tandas, pero el bicho se apagó pronto y se puso a la defensiva. Acusaba cada pase con más y más derrotes. Aún así, hubo muletazos de memorable traza. El hierro entró hasta las cintas y en buen sitio. La presidencia se quedó mirando las nubes pasar, obviando la petición.

Sardinero (6º), el toro indultado de la plaza de Dax, todavía se acuerda de las tandas que le proporcionó Daniel Luque el sábado 13 de agosto. ¡Cómo seguía la muleta del torero! ¡Qué entrega, voluntad y ánimo del ejemplar de la Quinta! A los espectadores nos queda una foto de la sonrisa de Daniel Luque, un fenómeno menos frecuente aún que los indultos. Este espada se toma su vocación muy en serio. Sea en Dax con el cartel “No hay billetes”, sea en El Espinar, sea en Málaga o dónde sea… Siempre da la cara a todo lo que sale de los toriles. Cigarroso (2º) de El Pilar no fue precisamente un ejemplar para mucho lucimiento. Luque con voluntad firme le atempera los pasos con el capote. Mas el torete se resiente enseguida y se echa al albero. El quite no pasó más allá del intento: el contrario apenas daba para la faena. Daniel Luque buscaba las distancias y medía los tiempos. Y el torete acababa echado sobre el albero. Sin opciones. Sonajerillo (5º) fue brindado al público. Luque le consiente mucho. Espera. Le deja respirar. Así, llegan los naturales soñados y unos derechazos profundos. Los vuelos de la muleta se despegan para liberarse de la modorra. El temple del diestro acompañó al animal, pero a falta de fuerzas éste se volvía muy reservón… Cabeceando, trató de demostrar que ya no puede más. Unos naturales ejecutados con un leve toque de la muñeca resultaron una obra de arte. Una estocada entera acabó con el quinto de la tarde. Dos orejas.

Javier Cortés se las vio con el primero de su lote, Mirabajo (3º), de gran alzada y fina estampa. Salió veloz de los chiqueros para encontrar el capote de Cortés que le apaciguó. Se fue al relance al caballo y, al salir de la vara, parecía resentido de la mano izquierda. Cortés arranca la faena con los pases estatuarios y un afarolado. Su contrario hacía lo que podía, pero le faltaban las fuerzas para acompañar su ánimo en perseguir al engaño. Cortés se muestra torero de gesto gallardo y audaz hasta rozar la temeridad. El toro rodó de una estocada. Dos orejas. Deslumbrero (6º) que cerraba la plaza, fue recibido con unos lances primorosos, incluyendo una “cordobesa” rematada con el capote al hombro. El toro se ceñía en las tandas, no hubo ajuste: Cortés iba a lo suyo sin tomar en cuenta las posibilidades del enemigo. Las series demasiado largas y falta de reposo, tan necesario para que el toro recobre el ánimo. Al final, la suerte suprema se ejecutó de manera algo inapropiada por el riesgo que suponía situarse de espaldas a las tablas desafiando al bicho.

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