www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Novela

Amélie Nothomb: Sed

domingo 21 de agosto de 2022, 23:57h
Amélie Nothomb: Sed

Durante el mes de agosto, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas recientes críticas más leídas de libros destacados.

Traducción de Sergi Pàmies. Anagrama. Barcelona, 2022. 128 páginas. 17,90 € Por Adrián Sanmartín

No hace mucho señalamos en este mismo suplemento, a raíz de la crítica de Los nombres epicenos, que su autora, Amélie Nothomb, es, quizá tras Michel Houlebecq , el enfant terrible -o la fille terrible, que no nos pongan en la picota por no ser inclusivos-, de la literatura actual. La escritora belga -nacida en 1967, en Kobe (Japón), donde su padre era embajador-, ha demostrado desde que se dio a conocer en 1992 con Higiene del asesino que va por libre y no pocas veces da una vuelta de tuerca a, por ejemplo, algunos cuentos tradicionales de Charles Perrault, como hizo en Riquete el del copete o en Barba azul desde una visión rabiosamente personal. Una visión amparada en el personaje de sí misma que se ha creado, con un toque de egolatría -su omnipresente fotografía en las portadas de los libros- y extravagancia coronando su vestimenta siempre negra con una colección de sombreros a cual más chocante.

En su última novela ahonda en grado sumo en esa querencia por las vueltas de tuerca abordando la figura de Jesucristo en el momento de su crucifixión. No es la primera vez que se trata desde la heterodoxia. Recordemos, entre otras obras, La última tentación de Cristo, del griego Nikos Kazantzakis -llevada al cine por Martin Scorsese-, o El Evangelio según Jesucristo, del Nobel portugués José Saramago.

¿Tiene Sed buscadas intenciones blasfemas o de mera provocación escandalosa? No creemos que sea así. Amélie Nothomb nos presenta a un Cristo humano, muy humano, porque le parece que esta es su más fascinante condición, más que la de ser hijo de Dios. El Jesús de Amélie Nothomb es un hombre extraordinario que nos cuenta en primera persona su Pasión, el eje central del cristianismo. Jesús es el protagonista absoluto de Sed, aunque por sus páginas desfilan su madre, Poncio Pilatos, María Magdalena, Simón de Cirene... o algunos de sus apóstoles, como Pedro, Juan, Tomás y el traidor Judas. Nada más conocerle sabe que le traicionará y es al que mejor caracteriza con la fina capacidad de análisis que muestra el Jesucristo de Nothomb “Judas era un problema permanente, especialmente para sí mismo Cuando no tenía ningún motivo para enojarse, se enojaba. Cuando todo era motivo de contrariedad, también se encolerizaba. En consecuencia, era mejor relacionarse con él en la adversidad: el papel le sentaba mejor. Antes de conocerle, ignoraba la existencia de esta especie perpetuamente ofuscada”.

La novela se inicia con el juicio, con la farsa de juicio a Jesús: “Siempre supe que me condenarían a muerte. La ventaja de esta certeza es que pude centrar mi atención en lo que la merece: los detalles. Creía que mi juicio sería una parodia de justicia. Y efectivamente lo fue, aunque no del modo que había creído. En lugar del trámite apresurado y formal que había imaginado, sacaron la artillería pesada. El fiscal no dejó nada al azar”. Aquí vemos, la apoteosis de la falta de agradecimiento: “Ninguno de los beneficiador por los milagros siente por mí la más gratitud, al contrario, me reprochan amargamente mis milagro, incluso los novios de Caná”. Y luego la noche en una celda –una noche que no existió-, donde intenta dormir, para cargar al día siguiente con la cruz camino del Gólgota en medio de flagelaciones y desprecios, de hirientes comentarios: “— Y ahora qué, ¿ya no te las das de listo? — ¿Y cómo es que no utilizas tu magia para librarte de esta?”. Después, la crucifixión y la resurrección.

Jesucristo nos va contando cuanto le sucede, entreverando reflexiones con un tono que bascula entre el lirismo y la filosofía, sin olvidar en ocasiones un toque humorístico, y que nos lanza interrogantes: “Ama a tu prójimo como a ti mismo. Sublime enseñanza que estoy a punto de contradecir. Acepto esta ejecución monstruosa, humillante, indecente, interminable: el que acepta algo así no se ama a sí mismo”.

El Cristo ideado por la autora hoy afincada en París tiene miedo y duda, lo que ve en su rostro “se llama soledad”. Proclama: “Ningún placer se aproxima al que, cuando te estás muriendo de sed, produce un vaso de agua”. Como puede ver el futuro, le conmueven mucho “las estatuas y los cuadros en los que veo mi cadáver en brazos de mi madre”. Y a nosotros, se sea creyente o no, nos conmueve en cualquier caso, la historia de Jesús que Amélie Nothomb nos sirve en esta singular novela.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios