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NOVELA

Amélie Nothomb: Riquete el del Copete

domingo 06 de mayo de 2018, 16:07h
Amélie Nothomb: Riquete el del Copete

Traducción de Sergi Pàmies. Anagrama. Barcelona, 2018. 128 páginas. 14,9 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Esperanza Castro

Es difícil discernir desde dónde le surge al ser humano el rechazo al diferente. Cierto es que se observa en el resto de especies (el tullido, el débil, puede ser atacado por sus congéneres hasta la muerte), pero desde nuestra razón lo consideramos como algo inhumano, inconcebible y totalmente reprochable. Sospechamos que es un sentimiento visceral, quizá instintivo, y no dudamos en afirmar que este rechazo lleva implícito el miedo que proviene de la amenaza a nuestra propia identidad. Esta realidad está tan arraigada que ha venido siendo, desde tiempos inmemoriales, una parte importante de la Literatura Universal.

Amélie Nothomb adapta en su última novela, Riquete el del Copete, el clásico cuento homónimo de Charles Perrault. En este caso no hay príncipes (Riquete), ni princesas bellísimas, ni hadas que hacen y deshacen hechizos. Estamos ante la historia de Déodat, un niño terriblemente feo que compensa su aspecto con su inteligencia, y de Trémière, una joven que es repudiada por su apabullante belleza y considerada estúpida por su introversión.

La autora belga (nacida en Kobe, Japón, en 1967) sitúa la narración lejos de castillos y escenarios medievales, y nos la trae al París del siglo XXI logrando con ello manifestar que “esto ha venido pasando, pasa, y seguirá si no lo remediamos”. Nadie mejor que ella misma -hija de diplomático, vivió en Japón, China y otros países asiáticos, hasta establecerse definitivamente en la capital francesa- para saber qué se siente cuando se es distinto, para expresar el dolor del aislamiento, la desubicación, el desarraigo.

Sus dos protagonistas principales, Déodat y Trémière, buscan dos formas de fugarse de la realidad como modo de supervivencia: el primero se hace un experto ornitólogo (los pájaros le permiten volar), la segunda busca la introspección y la constante observación de lo que le rodea. Ambos realizarán caminos muy diversos (aquí la novela se despega claramente del cuento homónimo) y, sin embargo, son dos seres irremediablemente destinados a encontrarse.

Como un cuadro dentro del cuadro, Trémière encuentra en una librería el cuento de Perrault: “Si no hubiera hecho una lectura tan masoquista de aquel cuento, habría podido apreciar su exquisita ausencia de moral. Queda claro que Perrault siente ternura tanto por la bella como por Riquete. Desea liberarlos de una maldición absurda para darles la absurda felicidad de un amor que se merecen tanto como cualquiera.”

En esta frase Nothomb concentra toda la injusticia, la inmoralidad, la repulsa que deberíamos manifestar hacia el que rechaza porque, ¿quiénes somos para juzgar lo que se merece o no el otro?

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