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TOROS

Feria de Bilbao: suspense y temeridad con El Juli, Manzanares y Roca Rey

Feria de Bilbao: suspense y temeridad con El Juli, Manzanares y Roca Rey
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viernes 26 de agosto de 2022, 11:00h

Hubo tres cuartos de plaza en Bilbao. La tarde prometía. El público acudió en tromba a ver a Roca Rey. Completaban la terna, El Juli y José María Manzanares, dos grandes toreros. Los achiquerados fueron los de Victoriano del Río. No se sabe qué sucedió, pero los toros del hierro que se prestaron otras veces a tantos triunfos grandes de los toreros, hoy estaban desairados. Fueron bravos y encastados, pero embestían según su parecer.

El Juli trenzaba su segundo paseíllo. Ayer dio lecciones de toreo y hoy salió con el ánimo de “¡por mí que no quede!”. Frenoso (1º) abrió plaza subiendo al estribo y asomándose al callejón para saludar a las autoridades. Su gran cortesía no fue apreciada. El Juli dejó los toques del capote memorables. Sobre todo uno cuando la capa pasó de mano a otra para desmayarse sobre el ceniciento albero y llevar al bicho a la vara de Salvador Núñez. Sin tiempos muertos ni preludios, el diestro busca al astado y mide sus humores: a cada muletazo, el burel recortaba su recorrido. Cambió de estrategia y esculpió una serie sucinta. Un pase, dos, tres. Como el compás musical. El toro no tenía tiempo ni ganas para plantear sus tarascadas. La inteligencia se impuso al impulso ciego y el ánimo del toreo al cansancio del bruto. Un volapié de ley, es decir, al toro parado, hundió más de la mitad del acero. Buena colocación, pero la tardanza en doblar los remos impacienta al público.

José María Manzanares también tuvo un lote de cuidado. Estirado (2º) salió con el ánimo mandón y no dejó plantear los lances estéticos, sino de eficacia, porque andaba ganado el terreno. Complicados los rehiletes que caían a la antigua: palo a palo. Manzanares midió al torete por ambos pitones y amasa con la franela la segunda serie de pases de precisión relojera. Al templar al toro, salen otras tandas más largas, los naturales silueteados con el pincel de la muñeca. Pero el toro emborrona la obra con sus protestas y cabeceos. La suerte suprema en dos actos: un pinchazo hondo y una estocada entera. El toro arranca con el acero entre las agujas para alcanzar al diestro. Aplauso en el arrastre. Ovación a Manzanares.

Roca Rey saludó con el capote a Impuesto (3º), cuyas hechuras valían para una obra de arte. Sin embargo, tuvo el pitón derecho partido por la cepa y salió el suplente Jabaleño (3º bis). Suelto, andaba a su aire, tomó la vara al relance, igual que la segunda que salió barrenada ya que el bicho no se fijaba. A pesar de la petición de Rey se prolonga el tercio para ver una puya al toro puesto en suerte. “Impredecible” comienzo de faena por los pases estatuarios. El público encantado. La faena, planteada antes de comenzar el festejo, dio buen resultado con tandas emotivas por la proximidad de las astas al cuerpo del diestro. Un desarme avisó que es preciso contar con la presencia del toro. El toro arreó con mucha fuerza. Roca Rey se quería vengar poniendo las habituales bernardinas de cierre, pero Impuesto no aceptaba las imposiciones: movió sus 631 kilos con agilidad y enganchó al figurín por la faja, lo tiró, lo pisó y le dejó maltrecho. Se recupera Rey y de nuevo plantea las bernardinas a su contrario antes de ejecutar la estocada delantera, pero entera. Una oreja con fuerte petición de la segunda. Se retira a la enfermería.

El Juli con su segundo dio un recital del arte tauromáquico. Cantapájaros (4º) anduvo encampanado, marcando poco a poco sus querencias. El diestro dominó a la alimaña con los pases bajos. Ibamos viendo la metamorfosis de las embestidas descompuestas en unas suaves como la seda. La franela más sedosa de la tarde manejada por una voluntad de hierro. El toro, algo pegajoso, tuvo que prestarse a hacer las tandas rápidas, ligadas y de armónico despliegue. Todo esto bajo un diluvio. El malhechor con astas se había olvidado de sus malas intenciones: El Juli siluetea un pase a ralentí que paró los relojes de la plaza. Las estocadas, desgraciadamente, quedaron en pinchazos. Ovación.

Mariscal (5º) salió para Manzanares, estuvo a punto de descabalgar a Paco María, quien aguantó y puso buenas varas. El torero mide al complicado rival, que va sin consentir ni un minuto de respiro para recolocarse. El toro aprovechaba cualquier oportunidad para imponerse, pero anda voluntarioso en su persecución del engaño. Acabado el duelo, Manzanares hunde el acero. El toreo como la voluntad e inteligencia humana contra los instintos del animal.

Lo que sigue ahora requiere un manejo delicado como los líquidos inflamables. El Juli es avisado: tendrá que apechugar al sexto. El diestro no se amilana y lo espera. Cada vez más gente corre por el callejón. Un suspense: El Juli no sale y Roca Rey tampoco. ¿Saldrá el toro? Las conjeturas están suspendidas en el aire. Por fin, sale una figura trágica y maltrecha de la enfermería. Se dirige a los toreros y sus cuadrillas: Roca Rey, el Quijote que lucha contra los molinos, va a torear al sexto. Una ovación atronadora. La del circo romano. Lo que presenciamos ya no fue el arte de Cúchares, ni las filigranas de Rafael el Gallo, ni la lidia de Guerrita. Fue un espectáculo telúrico, de fuerzas soterradas en la sangre y arena. Quitaluna (6º), un torillo alerto, advirtió algo raro y se portó mejor que sus hermanos. Se vio conmovido por las muecas del dolor de Roca Rey y sus menguadas cualidades. Cumplió con los tercios reglamentados y llegó a la faena. El comienzo: el diestro decide citar de rodillas, pero no puede doblarlas. Tremendo. El público de pie. El ciego empeño del hombre frente al asombrado animal. Éste se arranca con rapidez y vemos desvanecer la figura del dolorido torero detrás de burladero. Recuperado el público y los protagonistas del susto empezamos de nuevo con los estatuarios. El toro consiente. Una tanda buena, con cite de lejos incluido y unos circulares. Para el cierre: una colada de gran peligro y una zancadilla fea del toro al diestro que acaba de nuevo entre las pezuñas. La gradería de pie. Un clamor universal. Como los concienzudos arqueólogos hemos desempolvado el concepto del toreo más anticuado del mundo: la lucha inconsciente de un bruto con el otro. Un drama sangriento. Una estocada entera, caída y delantera. Dos orejas.

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