www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TOREO

Toros | Priego de Córdoba: la terna en hombros a pesar del presidente

Toros | Priego de Córdoba: la terna en hombros a pesar del presidente
Ampliar
sábado 03 de septiembre de 2022, 10:13h

La justicia, aunque sea meramente poética y limitada a esta crónica, exige decir que la terna de hoy salió a hombros del coso de Priego de Córdoba. Antonio Ferrera, Morante de la Puebla y José Garrido han merecido salir a hombros, aunque Morante tuvo que salir andando. La tarde de entrega, esfuerzo, brío y arrestos. Lo peor fue la presidencia, reparada de vista, o, digamos llanamente, burriciega de Francisco Javier Ibáñez Medina. Repartía los trofeos con absoluta falta de criterio. Ninguneó tanto a los diestros como al público. Allá él, si quiso hacer historia, lo consiguió: aguantó monumentales protestas contra sus arbitrarias decisiones. Aún así, fue una de las tardes más bellas en los ciento treinta años de la historia de esta plaza. Los astados provenían de Lagunajanda, con genio y movilidad, pero escasos de empuje.

Antonio Ferrera determinó la tarde. Pisó el albero con la clara voluntad de dejar la impronta de su estilo de torear. De cada lidia quiere hacer una obra completa, “redonda” a la belmontina, cuidando cada detalle. Dirige hasta los compases del pasodoble. Pestiño (1º) fue recibido con una larga cambiada, rodilla en tierra, seguida por lances de mano baja. El toro andaba distraído a la hora de fijarlo, pero se empleó en el caballo. Las series sucedían cargando la suerte por ambos pitones. A la vez que se pasaba al morlaco por la cintura, aguantaba una molesta banderilla sin rechistar ni descomponer la figura, consiguiendo unos naturales excelentes. Aguantó también la mirada persistente del oponente para seguir arrancando al toro, ya aplomado, series, sazonadas con vistosos molinetes. Al perfilarse, dejó el pinchazo hondo, pero entró a matar de nuevo y salió rebotado por agarrarse al estoque que resistía entrar entero. El bicho dobló los remos enseguida. Una oreja.

El nombre de Alborotado (4º) fue premonitorio. La lidia fue de auténtico Ferrera. El tercio de varas ejecutado por el propio maestro, que ni se tomó la molestia de ponerse la gregoriana para protegerse mínimamente de la embestida. En un abrir y cerrar los ojos ya hacía el quite por navarras en medio del redondel. El especialista del área de Obras y servicios del ayuntamiento, que ocupaba el palco, decidió no conceder al director de lidia el cambio de tercio. Otra vara muy medida fue puesta por Antonio Prieto entre las protestas del público. Antonio Ferrera clavó tres pares de rehiletes con actitud decida y magnífica ejecución. La faena arrancó con un pase rodilla en tierra y otro pase mirando al tendido. El “ojo perdiz”, seguía la muleta mugiendo, el publico aplaudiendo de pie. Las series se sucedían in crescendo, irrepetibles, por los remates personalísimos cuando el animal se negaba a seguir el engaño. Al natural, desplegó los vuelos de franela sin dejarla arrugar por los cabeceos incesantes del bicho. El diestro cambió el pasodoble, un afarolado de preludio para una serie cristalina, sin un enganche, de pases por el pitón derecho. Después el toro perdió el terreno, Ferrera se plantaba entre los pitones y a ver quién se atrevía a rehuir la pelea en tal aprieto. Alborotado ya no pudo más, redobló las protestas y recibió una media estocada en el hoyo de las aguas. Dos orejas.

Barbero (2º), destinado para Morante, salía escopetado, levantando un estruendo en los chiqueros. Al ponerlo en suerte, para las varas, clavó el pitón y se dio una voltereta, perdiendo fuerza. Morante hizo un quite tejido de ajustadas chicuelinas, pero los capotazos de la brega en el tercio de las banderillas aplomaron al torete. Morante puso por su parte lo que le faltaba al oponente. Con los ayudados lo mantuvo en pie y con cabeza alta. La faena, elegante y medida, se desarrolló en los medios. Llena de detalles, de cambios de manos con habilidad de prestidigitador, de pases al natural que obligaban al bruto a dar la vuelta de casi 360º grados. Un pinchazo y la estocada baja. Una petición del trofeo no fue atendida por la presidencia.

Sin esperar hasta que se desahogue Traidor (5º), Morante abordó su embestida con verónicas aterciopeladas y alegres. Costoso para fijarle en suerte de varas. Las tandas con franela en mano resonaban con los sonoros olés en los tendidos: compuestas de los pases templados, la figura toda naturalidad y compostura, enmendando los terrenos al astado que se acercaba a las tablas. El embroque protestón del bicho no se notaba, suavizado por la gracia de Morante. Lo embarcaba con genialidad. Morante hecho un Morante. El pinchazo arrancó un sonoro ay del público… No hubo otro intento a entrar a matar. Descabello certero. Una oreja.

Vidente II (3º) de fina estampa, agalgado, enjuto de carnes, carecía de casta. Su única obsesión fue salirse por la tangente, escurrir hacia las tablas. José Garrido manejó el capote con finura, cerró la serie con una media verónica de rodillas y otra entera. Para el quite citó con la capa echada casi sobre los hombros, llevando al toro embebido. Corretón, creó situaciones de peligro para los rehileteros. El torero se sitió en el estribo planteando al burel unos pases largos, tan largos que el bicho remataba con el hocico en las tablas. La constante de la faena fue mantener la fijeza del toro, llamándolo para que acaba el pase. A medida que perdía la fuerza, protestaba más y achuchaba al diestro. La estocada entera y caída. El toro paseo por el redondel buscando los chiqueros. Sonó el aviso. Una oreja.

Riobravo (6º) salió al son de la silba que aguantaba el presidente. José Garrido le administró el veroniqueó, lo llevó al caballo con chicuelinas de paso y una media de cierre. Desgraciadamente, fue desarmado en el quite: el cuatreño iba fogoso y llegó a la muleta descaradamente bronco. Derrotaba por ambos pitones sin vaciar el embroque. Garrido intentó limar las asperezas, pero las series largas, resultaron por fuerza algo atropelladas, excepto una de las últimas al natural rematadas con un pase de firma. Las manoletinas tan en boga coronaron el conjunto. La estocada entera, atravesada y caída, con un derrame. Dos orejas. E incomprensible aplauso al animalejo en el arrastre.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios