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ORIENT EXPRESS

Esta revista cumpliría cien años

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 04 de septiembre de 2022, 19:33h

Salvo que le interesen las cosas soviéticas, es probable que usted nunca haya oído hablar de Krokodil, la revista que, en 2022, cumpliría cien años. En ella publicaron algunos de los tipos más brillantes y peligrosos de la cultura soviética; por ejemplo, el caricaturista Yuliy Ganf (1898-1973), uno de cuyos dibujos bastaba para deshumanizar a una persona. Su actividad en el campo de la propaganda de guerra, especialmente el cartel y los eslóganes, le ha granjeado un lugar en la historia de la ilustración del siglo XX. En Krokodil escribió, también, el gran poeta Vladímir Mayakovski (1893-1930), cuyo destino fue mucho peor que el de Ganf: se suicidó sin que los motivos estén muy claros. Hay quien habla de problemas amorosos, pero también se especuló con un posible asesinato a manos de los servicios secretos. Otro de los escritores que publicaba en esta revista, Mikhail Zoshchenko (1894-1958) tuvo también un triste final, aunque no tan sangriento como el de Mayakovski: pasó de ser un artista aplaudido en la década de los 20 a caer en desgracia justo después de la guerra. Una resolución del Comité Central del Partido Comunista de 1946, el llamado “Decreto Zhdanov”, lo etiquetó como “burgués” y “apolítico” y Zoshchenko terminó sus días sumido en la pobreza. En aquellos mismos años, por cierto, mataron en Minsk a Solomón Mijoels. Eran años en los que Stalin acabó con buena parte de la intelectualidad que lo había ayudado durante la guerra.

Así, la historia de Krokodil sintetiza, de algún modo, el trágico experimento soviético que, en palabras de Moshe Levin, dio nombre al siglo XX. Fundada en 1922, bebió de la cultura vanguardista y moderna que se respiraba en los primeros años de la revolución. Era una revista que se distribuía como suplemento de la Gaceta de los Trabajadores, pero no se dedicaba tanto a la información como a la opinión, la agitación y la propaganda. Servía igual para fustigar a los comunistas díscolos como para señalar enemigos o corregir conductas socialmente reprobables como el consumo excesivo de alcohol. Como la Gaceta de los Trabajadores era el órgano oficial del Comité Central del Partido, Krokodil era muy influyente no sólo por el número de lectores, sino porque difundía las líneas doctrinales y políticas. Lo que salía en sus páginas era, en cierto modo, palabra del Partido. Este detalle no es menor: el comunismo no permite desviaciones.

La revista fue ganando una notoriedad propia y dejó de ser un suplemento. Publicada de forma separada, su relevancia fue innegable. Desempeñó un papel importante en la difusión de la doctrina del “antisionismo”. Recuerdo una caricatura de 1972 en que se presentaba una Estrella de David (que, en realidad, debería llamarse Escudo de David, pero eso ya lo contaremos en otra ocasión), una Estrella de David, digo, de la que brotaban tentáculos de pulpo y una cabeza coronada por una chistera y adornada con el mismo símbolo. Algunos años antes, Elie Wiesel había publicado la crónica de su viaje al encuentro de los judíos soviéticos (“Los judíos del silencio”, 1966) y había incluido, en un apéndice, algunas referencias político-doctrinales que se distribuían desde las instituciones. A propósito del sionismo, un texto destinado a las juventudes comunistas lo definía como “movimiento nacionalista reaccionario, originado a finales del siglo XIX en la burguesía judía y fundado en la idea de que los judíos del mundo entero «son una sola nación». Esta idea, insostenible desde el punto de vista científico, establece una oposición entre los judíos y los pueblos en cuyo seno viven, acentúa el odio entre los judíos y las restantes nacionalidades y promueve el aislamiento de los trabajadores judíos, apartándolos de la lucha revolucionaria común y del movimiento democrático. La meta del sionismo es la sumisión del proletariado judío a la burguesía judía”. Aquellas caricaturas de Krokodil tenían todo un armazón ideológico de antisemitismo encubierto.

La revista no sobrevivió a la destrucción de la Unión Soviética. El difunto Gorbachov -ya habrá tiempo de escribir sobre su figura otro día- impulsó cambios a los que Krokodil no pudo adaptarse. Su estilo de sátira a favor del poder exigía, necesariamente, dispositivos como la censura, la propaganda y cierta violencia política. Sin ella, sus sátiras y sus críticas quedaban desenmascaradas como parte del juego de control de la opinión pública propio de las democracias populares. En 2000 dejó de publicarse definitivamente y un intento de resucitarla en 2005 concluyó en fracaso tres años después.

A 100 años de su nacimiento, algunas de las tendencias políticas y consignas que Krokodil contribuyó a difundir; por ejemplo, el discurso antisemita del “antisionismo”, gozan por desgracia de buena salud. El BDS, uno de los movimientos antisemitas más activos en España, hunde sus raíces en esa retórica de ricos y pobres, colonialismo y anticolonialismo, imperialismo y movimientos de liberación que la propaganda soviética creó y popularizó durante la Guerra Fría. Ahí está una de las raíces de ese antisemitismo aceptado en los círculos de izquierda a condición de que no revele su verdadero rostro y lo esconda tras la máscara del antisionismo. Esa máscara se popularizó en las páginas de esta revista que hoy cumpliría un siglo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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