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Y DIGO YO

Sánchez ya está amortizado: ese es el plan

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 06 de septiembre de 2022, 19:36h

El presidente del Gobierno no ha empezado el curso político como nos tenía acostumbrados, esto es, rodeado de los dirigentes de las principales empresas del IBEX. Y no lo ha hecho porque no puede, porque el poder económico de España no se fía de él.

Pedro Sánchez ya no interesa como dirigente y por eso intenta lavar su imagen con una nueva campaña de marketing llevando a la Moncloa a personas escogidas para que pregunten lo que a él le interesa. ¿Alguien le habló del encarecimiento de la vida, de la subida de los precios de todo, de las facturas disparadas, de las hipotecas apuntando a lo más alto? No, mejor hablar de feminismo y cambio climático, habrá pensado…

Y eso que Sánchez y sus ministros, por turnos porque había que descansar del duro trabajo del curso, se han pasado todo el verano haciéndonos temer (siempre apelando al miedo) el invierno próximo. Todo el tiempo subrayando que será crudo, lleno de incertidumbres y, sobre todo, “caliente”, aunque las informaciones sobre los chantajes de Putin con el gas apuntan más bien a todo lo contrario, a que será bastante frío, helador, en algunas partes de Europa.

Pero en una España con un Ejecutivo sin objetivos aparentes, sin miras a corto, medio y largo plazo para solucionar nada, descompuesta y, lo peor, sin esperanzas en una salida comedida de la crisis que nos acecha, es lógico que se instale el pesimismo. Esa falta de previsión y de previsibilidad tan necesaria para los mercados y las inversiones, se ha apoderado del ánimo de los españoles que, tristemente, ya no esperan (alguno dirá que desde hace mucho tiempo) nada de los que nos dirigen desde Moncloa.

A sandez por día y con una nueva tontería por minuto según sople el viento no se sale de ninguna crisis. Salta a la vista que no hay ningún plan que veamos y entendamos para solucionar los problemas de los españoles, aunque tengo absolutamente claro que sí hay un plan, pero es para atender los problemas de otros, que, se pueden imaginar, no tienen las mismas necesidades que usted y yo y que, por supuesto, no son para llegar a fin de mes.

España se cae a pedazos. ¿Visión catastrofista? Deme usted la suya, dígame qué podemos esperar de un Gobierno de coalición que no ha hecho nada efectivo, nada positivo, práctico, verdadero, por mejorar, ni siquiera mantener como estaba, el país y que tiene a sus ciudadanos abatidos y sumidos en la desesperación. En breve gobernarán otros, se arreglarán las cosas y entonces, cuando todo funcione de nuevo, volverán los que se lo gastan a manos llenas. Y pensamos que es así porque nosotros decidimos cuando les votamos. O eso queremos creernos.

Nos engañan con bobadas y simplezas en boca de ministros que parecen sacadas de una discusión de patio de colegio o de la barra de un bar y que no hacen sino confirmar que este Gobierno nos intenta tomar por imbéciles. ¡Ojo! La mayoría de las veces lo consigue. Le funciona ese plan que no es, obviamente, el que venden en la televisión un día sí y el otro también. Ese plan que nunca nos contarán y que cuando alguien lo atisba se le acusa de “conspiranoico”.

Si Feijóo consigue ya una ventaja de 45 escaños sobre Sánchez, con votantes fugados del PSOE y de Vox, a pesar de la campaña de desacreditación del Gobierno durante todo julio y agosto es por algo. Eran 38 disputados de diferencia a finales de junio y termina el verano con 7 más. ¿Torpeza, ineptitud, necedad? ¿De verdad cree que son tan malos o que hacen lo que les dicen? ¿Por qué?

Más bien pareciera que a estos dirigentes no les importe, que se da por amortizada la legislatura socialista, que se acepta como necesario ese relevo ideológico porque España es un país demócrata que acoge con buenismo ese bipartidismo engañoso que nos hace creer que como votamos, decidimos.

Y es así. No les importa. Tengan claro, recuerden, que las cíclicas victorias del PP tras las ruinas del PSOE con el empobrecimiento de la economía después de menoscabar, agotar y esquilmar las riquezas que le queden a España y la destrucción social de la dignidad moral de país son solo parte del plan, es el paréntesis necesario de la estrategia con el único fin de volver a sacar la nación adelante, de que vuelvan los números verdes a las cuentas de resultados, para volver a saquear el erario y al contribuyente.

José María Aznar llegó tras la ruina de Felipe González y Mariano Rajoy detrás de la de José Luis Rodríguez Zapatero. Alberto Núñez Feijóo vendrá ahora a enderezar la gestión calamitosa de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Pero al final, como ha pasado siempre, el tiempo hablará de los líderes socialistas y comunistas que llevaron a España casi a la bancarrota como grandes estadistas, iluminados que supieron adelantarse a su tiempo y que hicieron progresar a la nación, y de corruptos a los que tuvieron que hacer el trabajo arduo y desagradable de sacar el país de la quiebra y la desolación.

La vieja máxima de que la derecha crea riqueza y la izquierda la distribuye… el mismo cuento de siempre. Quédense ustedes con las luchas ideológicas entre la progresía y el humanismo cristiano, entre rojos y azules, discutan por lo público y lo privado, playa o montaña, debatan pasionalmente entre el Real Madrid y el FC Barcelona o elijan entre Netflix, HBO o Disney, que mientras andemos distraídos y pensando que todo va bien o todo va mal, los que manejan los hilos de las marionetas que decimos que han ganado las elecciones siguen decidiendo, de verdad, por todos.

No sé si son señores oscuros que fuman puros, pero Sánchez ya está amortizado: ese es el plan.

Javier Cámara

Periodista

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