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Y DIGO YO

¿Pan de hamburguesa sin la hamburguesa?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 13 de septiembre de 2022, 20:03h

Poco, más bien nada, duró la idea de la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, de poner un tope al precio de la cesta de la compra. Nuevo fracaso de una ocurrencia improvisada, al estilo que nos tienen ya acostumbrados en el Ejecutivo de coalición, sin recorrido y sin consenso que no ha servido nada más que para enfadar a las empresas distribuidoras y desilusionar al que quiso soñar con comprar productos básicos a un precio intervenido muy bajo.

Pero ya se sabe que la realidad es tozuda y si quieres una cesta barata, será una cesta sin las cosas que de verdad hacen falta. ¿Para qué quieres pan de hamburguesa si no tienes la hamburguesa? ¿Cuántas personas pueden comer con una lata de albóndigas? ¿Quién compra limpiacristales si no tiene manzanas?

¿Por qué chocolate blanco?

Esta era una de las propuestas presentadas al albur de la petición de Yolanda Díaz, pero no ha servido para nada nuevamente la última fantasía del Gobierno. Si al final hay una cesta de la compra con productos básicos baratos, será iniciativa del departamento de marketing de alguna empresa de distribución, que hará, dentro de los márgenes de mercado, una selección de productos que incluya carne, pescado, huevos y fruta, al precio más asequible posible en un contexto de costes disparados para atraer a sus establecimientos a las rentas más bajas.

Reunirse con las patronales para concluir que hay que trabajar en el problema de una inflación disparada es hacer perder el tiempo a todo el mundo.

Pero es que estaba mal pensado desde el principio. Haciendo España (nótese la ironía), la ministra comunista contaba en su primera reunión con el apoyo de la distribuidora francesa más famosa, que se presentó dispuesta a la seguirle el juego al Gobierno, para enfado del resto de empresas. Luego, al conocerse la idea de Yolanda Díaz, saltaron las alarmas legales porque fijar el tope de los precios atenta contra el libre mercado. El presidente de los empresarios recordaba que si a ellos se les ocurre acordar precios máximos entre empresas Competencia les pondría una multa millonaria porque es ilegal.

Además, se estudia en las escuelas de Economía que intervenir provoca escasez y subida de precios, pero, que no se olvide, estamos hablando de hacer política en tiempo de elecciones. Suena bien proponer “una cesta de la compra con 30 productos básicos a 30 euros”, pero la realidad es que nadie se la imaginó porque no es viable.

Al Gobierno le da igual porque el objetivo está casi cumplido: ha puesto en el disparadero a las grandes empresas de la distribución con el mismo discurso que ha hecho antes con las eléctricas, las gasistas, las petroleras, constructoras o los bancos: son empresas de beneficios multimillonarios. A las recién llegadas culpa ahora también de que sea más caro comprar en el supermercado.

Las cabezas pensantes de este Gobierno tienen siempre como objetivo principal de su labor, cada día más difícil por los líos en los que se meten el propio Pedro Sánchez y sus ministros, buscar un culpable de su mala gestión. Si no es de las grandes empresas, es del PP. El caso es que, de momento, no ha funcionado nada de lo propuesto por el Ejecutivo de Sánchez que no sea rascar el bolsillo del contribuyente.

Es sabido por todo el mundo que el viejo sistema de freír a impuestos a un trabajador para repartir ese dinero entre personas que no quieren trabajar o vulnerables arruina al país. El problema, sin embargo, es que el Gobierno, así, ha conseguido más votos, gracias al de, precisamente, los mantenidos y beneficiados por subsidios y pagas.

La eficiencia en el gasto público es una asignatura pendiente en los gobiernos, especialmente de izquierdas, que son los que presumen de distribuir la riqueza. Pero esto, como decía anteriormente, se estudia en Historia de la Economía y el manual económico de la izquierda es siempre el mismo: primero se arruina a las familias, después se les convence de que ellos solos no pueden mejorar y que necesitan a papa-estado y finalmente se les promete la salvación, bajo promesa electoral, con ideas como cheques de supermercado o una cesta de productos básicos.

Lo más gracioso, porque hay que reírse, es que la ministra de Trabajo había pedido que se pensara en otra cesta específica de productos para celíacos. Y por qué no otra para alérgicos a los frutos secos y otra para los intolerantes a la lactosa y otra para las familias obesas y otra hipocalórica y otra para veganos y otra para… Pero puestos a pedir, ¿por qué no baja el IVA de todos estos productos básicos de la cesta de la compra?

Javier Cámara

Periodista

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