Palin: el rostro del machismo
sábado 04 de octubre de 2008, 18:53h
Por muchos pasos que hayamos dado en pro de la igualdad entre sexos, está claro que el siglo XXI continúa siendo un universo machista. Y no me refiero a la discriminación que la mujer sigue padeciendo en el mundo musulmán, o a las mutilaciones a las que es sometida en África. No busquen en los confines de la Tierra, no se desplacen a lugares recónditos. El machismo tiene hoy rostro amable, labios perfilados, vive en Norteamérica y luce una familia numerosa. La cara del machismo es la de una madre abnegada que lleva a sus hijos al fútbol, va a misa los domingos y predica soflamas antiabortistas desde los púlpitos de la política. Sonríe cariñosamente y da más importancia a los afectos que a la cultura. Qué importa que carezca de la más mínima noción de economía o política exterior. Todos la hemos visto desfilar en bañador y aupar a su bebé con síndrome de Down. No hace falta más.
Sarah Palin es el símbolo del machismo en el mundo occidental. Su imagen hace a la mujer más daño que cualquier burka. Palin ha acabado de un plumazo con las aspiraciones de igualdad, con la credibilidad de quienes confían en alcanzar sus metas a base de esfuerzo y formación. La candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos pasea su ignorancia altanera y guiña un ojo a la cámara, en una estrategia de seducción que combina el populismo con el más rancio conservadurismo de la ama de casa. Mamá Palin presume de tener una hija de 17 años embarazada que no piensa abortar. Es más, ha anunciado que la menor contraerá matrimonio con su pareja después de dar a luz. Y el público la aplaude a rabiar: qué integridad, qué lección de moralidad. Pero, ¿qué pensará Palin de las relaciones prematrimoniales de su hijita? Está claro que el mensaje antiabortista y el rechazo a los anticonceptivos ha calado hondo en su niña, pero ¿no debería la gobernadora haber hecho más hincapié en los riesgos del sexo sin protección?
Ahora que las mujeres empiezan a aterrizar en la política y a despegar en el terreno empresarial, la primera potencia mundial tenía una gran oportunidad de dar un golpe al machismo, abriendo paso a las mujeres altamente cualificadas que abarrotan las universidades del primer mundo. Y, en lugar de eso, nos hemos dado de bruces con Palin, que llega para recordarnos que la mujer está para tener hijos, cuidar de su hogar y darnos una palmadita en la espalda cuando las cosas van mal. ¿Quién quiere una mujer con cerebro cuando puede tener la cálida sonrisa de una ex miss?