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Los nacionalistas gallegos resucitan a Franco

Olga González Alonso
sábado 04 de octubre de 2008, 20:27h
Se veía venir. Es lo que tiene ser Gobierno y oposición al mismo tiempo, alternar el apoyo a los socialistas para poder seguir en la poltrona de la Xunta con el ataque a los mismos para hacerse valer. Y, sobre todo, tener que cuidarse continuamente de que los distanciamientos interesados de sus socios en el bipartito no parezcan ni por asomo un acercamiento a sus teóricamente verdaderos adversarios, los del PP.

Es comprensible que tal tesitura acabe llevando al desquiciamiento y que, a falta ya de argumentos que encajen en el puzle, se vean los chicos del BNG forzados a buscar otras armas. Pero resulta ya más que aburrido que la estrategia sea, como su pensamiento, única, y que consista en hacer uso de esa memoria histérica que tan de cabeza les trae y acudir a papá Franco para que les saque del apuro. Tanta resurrección del caudillo parece ya añoranza y lleva a pensar que, en lugar de qué hubiera sido de esta gente si el generalísimo no hubiera muerto, habría que empezar a preguntarse qué sería de ellos si no hubiera vivido.

El Pleno del Parlamento de Galicia debatía el otro día una propuesta del PP que pretendía que la Xunta le tirara de las orejas al Gobierno central por negarse a crear una subcomisión de seguimiento de las infraestructuras previstas para esta comunidad, incluido el AVE, dentro de la Comisión Bilateral Galicia-Estado. La creación del órgano en cuestión fue acordada unánimemente por la Cámara gallega y aprobada por el Congreso de los Diputados en junio. Pero como el Gobierno de Zapatero, ese del talante y el buen rollito, no tiene ningún problema en pasarse los acuerdos parlamentarios por el arco del triunfo, el mes pasado anunció, por boca de la ministra de Administraciones Públicas, que no habría subcomisión y punto pelota.

Los del BNG pusieron en aquel momento el grito en el cielo y adoptaron el modelo oposición en su variante de estos-sociatas-no-respetan-a-Galicia. Pero cuando, esta semana, los populares propusieron reclamar a los de ZP lo que habían acordado, el portavoz del BNG, Carlos Aymerich, se vio acorralado entre la espada de ser consecuente con lo que su partido había reclamado y la pared de arrimarse a los de Núñez Feijóo. Y Franco resucitó.

“Vienen ustedes del franquismo”, les espetó a los del PP desde la tribuna parlamentaria, en un alarde de ingenio. Y se quedó tan satisfecho que, cuando la presidenta de la Cámara, socialista ella, accedió a retirar del acta la original frase por petición del portavoz de los populares y le denegó un nuevo turno de palabra, la tomó con ella y bramó un “la presidenta es del PP” que sonó a insulto de patio de galescola, toma ya lo que te he llamado. Con ese espectáculo, al que los de la gaviota pusieron el colofón abandonando en tropa el hemiciclo, Aymerich logró tapar el trastorno bipolar de su partido en relación con la subcomisión de marras, que le den dos duros a las infraestructuras.

Alguien debiera decirle al portavoz nacionalista que del franquismo venimos todos, los que lo sufrieron de verdad aunque ahora preferirían no recordarlo tanto como algunos se empeñan y también los que con él llenaron las alforjas y ahora viven de inventarse lo mucho que lo sufrieron e incluso combatieron a pesar, en muchos casos, de que el funeral del caudillo coincidió casi con su bautizo. La verdadera diferencia está en que, mientras la mayoría enfoca ese venir como una forma de enterrarlo para avanzar, otros, como los nacionalistas gallegos, se esfuerzan en resucitarlo.
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