La primera tarde de la feria de San Miguel arrancó con el coso casi lleno, faltando un cuarto de entrada. Los cinco astados del hierro de García Jiménez y uno de Olga Jiménez (6º), criados por el mismo mayoral. La tarde memorable por la faena de Morante al cuarto toro y por la retirada de ruedos del banderillero José Antonio Carretero, a quien le cortaron la coleta su hija con la ayuda de Morante.
El primero en salir de los chiqueros, Empedernido, iba bien armado, se desentendía del capote. Finalmente, el empeño de Morante fue coronado por un veroniqueo extraordinario. Juan Ortega salió del quite con la muleta partida. Morante comenzó con unos ayudados, rodilla en tierra, pasó al toro por ambos pitones, administrándole unos muletazos de gran trazo y aplomo. El astado no correspondió con su esfuerzo al toreo de Morante y se iba apagándose en silencio. La banda no tocó ni un acorde. La media espada quedó puesta en buen sitio después de un pinchazo. Una ovación. El toro de la tarde se llamaba Derribado (4º), no por sus excelentes cualidades, sino por la sagacidad del diestro. Y su valor. Al tomar el capote con gran ahínco, se resintió de los cuartos traseros. Las protestas del tendido no cejaban a pesar de que Morante llamaba a calma. El astado tomó dos varas considerables, levantando a la montura con un pitón. Morante se envuelve en chicuelinas reposadas, logrando un temple impensable. A la tercera el toro le busca. Lo resuelve con una elegante media verónica. En uno de los primeros ayudados, el toro se cuela, Morante se enfada y proporciona unos pases de castigo desenfadados. Por el pitón derecho Derribado embestía en circular, la muleta de Morante le acompaña. Los adversarios se sitúan en los medios y comienzan una obra maestra. Inesperada. El público se olvida de su desacierto y protestas y queda embebido. Al natural, el toro va muy derecho, acecha al torero. Sólo le ve a él y éste aguanta, tira de la embestida y logra un ligazón sin descomponer la figura. Al volver al pitón derecho, aguanta cabeceos, sacando muletazos redondos, seguidos y ceñidos. El público de pie. La música arranca cuando la faena ya está hecha. Un desplante, los molinetes de adorno, un pase de pecho… El toro cada vez se ciñe más y Morante aguanta más. Pincha, suena un aviso y a la tercera deja una estocada atravesada y caída. Una oreja para la faena inolvidable.
El lote de Juan Ortega no le dejó muchas oportunidades para el lucimiento. Despertador (2º), carifosco y de morrillo rizado, anduvo suelto antes de entrar en lances de Ortega. Se fue al caballo sin bajar la cabeza, dando varias vueltas al caballo sin tocar el peto siquiera. Escarba. Tomás Rufo hace un quite por chicuelinas y una revolera a una mano. La faena resultó breve: el astado perdía las manos, se resbalaba, o cabeceaba al embestir. No hubo continuidad por ningún pitón. Se oyen protestas del público, Ortega atiende y abrevia con una media estocada agarrada y descabello. Espléndido (5º) resultó observón, estudió y olió la plaza al salir. El temple del galleo fue interrumpido por el correr a recoger la embestida. El toro va a por el diestro sin disimulo. La puya geométricamente perfecta de Manuel Quinta no aplaca al toro y Rufo hace un esbozo de quite. Jorge Fuentes, que estaba en la brega, se quedó con la taleguilla partida en la zona de vientre. Se salva por un milímetro. Aprieta tanto el morlaco que las banderillas se ponen palo a palo, a la antigua. La faena transcurrió entre la brusquedad y resbalones del astado. Ortega tiene arrestos para matar al toro pegado a las tablas, hierra. Otro intento y media estocada de mejorable posición.
Tomás Rufo llevó a Durazno (3º) con el galleo limpio a la mera boca de riego. Brilló con el capote a una mano, desmayado. El toro complicado en las varas y banderillas. Se desmonteran Sergio Blasco y Fernando Sánchez a pesar de la colocación de los palos. Cuesta creer que Tomás Rufo tomó la alternativa este año. La primera serie ya fue un acierto de distancias y de altura: la mano baja llevó al toro embarcado a donde quería el torero. El bicho escarba, pero arranca de lejos para otra buena serie. Un descanso. Prueba al natural, pero el castaño se queda parado, sin son, da la espalda al diestro quien le mata al hilo de las tablas a la segunda. Carcelario (Olga Jiménez, 6º) más negro que un grajo, puro músculo. Salió de la vara parado, aturdido. José Antonio Carretero estuvo en la brega antes de cortarse la coleta. Tomás Rufo le brinda su toro. Las primeras series se compusieron de pases limpios, ligados, de mano baja. Algunos llegaron a redondos, pero el bruto cambió su condición y adquirió irregularidad. Rufo insiste, pero sus ganas no pudieron con la desgana del oponente. La estocada entera, desprendida.