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TOROS

Feria de San Miguel: Calerito y dos más

Feria de San Miguel: Calerito y dos más
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(Foto: Efe)
domingo 25 de septiembre de 2022, 09:08h

Hay en lo más alto escalafón unas figuras muy raras. Parecen de verdad, pero al acercarse resultan de cera. Es decir pura apariencia. Su tauromaquia es como un alien: todo el mundo habla de ella, pero nadie sabe describirla. Quizá me equivoque. Quizá sea demasiado dura en mis juicios. Porque para todo el mundo, al final, la culpa la tiene el toro. Muchos pecados habrán tenido los toros de Victoriano del Río, más negros que su capa, para acabar asesinados en la plaza de Maestranza sin lidia apropiada ni faena medianamente acertada. Juan Pedro García Calerito fue el único que se esforzó al tomar la alternativa. Manzanares y Roca Rey mal. Muy mal. Pero no le presten atención a las herejías que digo, porque Roca Rey llena las plazas hasta la bandera. Los malos fueron los toros. Punto. Lo único que despierta mi curiosidad: ¿qué dirían si se enfrentasen a los Victorinos? Pero eso es ya ciencia ficción.

Lo más destacado de la tarde fue la faena de Calerito al segundo de su lote. La primera con Orador (1º), que salió dormido, fue para hacer estadísticas: 7 series, alternando los pitones, de 4-5 pases abrochados por uno de pecho. Bien. En los dos tercios de banderillas no aparece ni un peón al quite. El compañerismo brilla por su ausencia. La estocada buena, pero tarda en rendirse. Una oreja. Jinetero (6º) el único toro puesto en suerte como se debe. El picador es aplaudido. Calerito cita al castaño oscuro con el cucurucho de pescado y arranca una serie ligada, veloz y emocionante. Sigue otra igual de buena. Se va ciñendo al toro poco a poco a pesar del cabeceo del astado. El aguante tiene una recompensa de varias series por ambos pitones. Lo mejor de la tarde. Remate con un pase de pecho magnífico, mirando al tendido. Los aceros dejaron a Calerito sin trofeo: un pinchazo agarrado. Un aviso. Y varios intentos de descabello.

José María Manzanares estropeó a un toro de vacas. Fue el segundo de su lote y se llamaba Cantaor (4º). Alto y abierto de pitones. Serio. El colilargo tomó la cosa en serio y Manzanares le cedió el mando, después del desarme que remató el saludo capotero. Paco María hizo un buen tercio de varas. Aunque el toro estuvo a punto de descabalgarle, supo abordar la embestida. El toro se fue solo y tomó la segunda vara con más ganas que la primera. El toro colabora en el tercio de banderillas. Se desmonteran los rehileteros. A partir de aquí la crónica de muerte anunciada: los dos enfrentados, pero no se arranca ninguno. La duda del diestro amilana la alegría con que el toro acude y embiste en redondo. Claro, cuando le dejan la franela puesta; pero, al cortar las series, el toro se viene abajo. Por poco que le dejó andar al natural, cumplía con creces. Pero Manzanares estaba en otro sitio. Estaba empeñado en mostrar que el toro no valía, pero fracasó. Fue lo contrario. Una de las faenas más tristes de la temporada. Un pinchazo y un tercio de espada entra trasero y tendido. Descabello a la enésima. Un aviso. Otros cuantos descabellos. Su primero, Dulce (2º), alto, cuesta arriba, bonito de hechura. Acudió a tomar la vara de Oscar Bernal con gallardía y, de nuevo, por su propia voluntad sin que nadie le eche el capote. Se dolió en banderillas, pero sin maldad. La faena, mirando la dirección del viento… a la quinta serie logró enganchar al público. El pinchazo hondo, tendido y trasero. Un aviso. Seguimos esperando. El toro bravo aguanta. Otro aviso. Descabello.

El gran Roca Rey, el llenador de plazas y El Cid Campeador del toreo actual, hoy estuvo flojo. Fuera de sitio. El paso de Frenoso (3º) por la Maestranza fue fugaz. Él de pocas velas y mucho cuerpo no se dejó hacer la faena de todas las tardes: primero estatuarios, luego los pases estilizados levantando el pie de punta, etc, etc. El torete escarbó donde más arena había y salía suelto, pero las varas las tomó sin que lo pongan en suerte. No es poca bravura. El comienzo de la faena largo, Rey esperaba que le sirviesen al astado cómo se debe y éste resistía. La primera serie: el tomo acude bien y Rey repasando las clase de ballet clásico. Amanerado. No ve al toro ni le incumbe verlo. Así, el astado se discordia y se malicia. Roca Rey abrevia y pincha tres veces antes de “espetear” al pobre animal como a una sardina de la Malagueta. Y, encima, el que se llevó lo pitos en el arrastre es Frenoso. Pobre animal. El próximo San Antón le pondré una vela por tal injusticia. Llegó Quitaluna (5º) y, ¡qué sorpresa! Roca Rey le saluda con estatuarios. Pero eso le dice poco al Victoriano. Omitimos los detalles. El quite de Calerito por chicuelinas, muy ceñidas, y cerradas por una media. Las banderillas se ubicaban de la paletilla al lomo. La faena comenzó… ¡por estatuarios! ¡A este torero no hay quién le descifra! ¡Impredecible! El toro se va a las tablas después de la primera serie, Rey tira para los medios, el toro para las tablas. Si el toro embiste, Rey le quita el terreno, si no embiste… Así llegamos a la suerte suprema: la estocada al hilo de las tablas tendida y entera. Una ovación no merecida y la caradura de salir a saludar.

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