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TRIBUNA

En la guerra como en la guerra

martes 27 de septiembre de 2022, 19:36h

Putin proclamó la movilización en Rusia. Ahora la “intervención militar especial” en Ucrania se la puede llamar por su nombre – la “guerra”. Y aunque Rusia todavía no haya declarado oficialmente la guerra a Ucrania, el hecho de proclamarse la movilización militar reconoce “de facto” que es una guerra. Porque habitualmente es durante las guerras, cuando suelen producirse las movilizaciones de los reservistas.

Supongo que ahora los acusados y condenados a 15 años de prisión, por llamar la “guerra” a la “operación militar especial”, podrán salir de las cárceles, al haber sido injustamente acusados por calificar la agresión militar de su país al otro con la definición de una “guerra”.

Es el aspecto positivo de esa proclamación de la movilización. No hay más. Todos los demás son nefastos. Tanto para la misma camarilla kremlineana, como para el propio pueblo ruso y, en primer lugar, para su parte masculina.

Se trata de la movilización de unos 300.000 reservistas, según las palabras del Ministro de Defensa, aunque el propio Decreto no establece ni el límite de cuántos hombres podrían ser llamadas a filas ni el periodo que podría durar la propia movilización. Así que, el número de los reservistas con los que se pretende inflar el ejército ruso puede ser doble, triple, etc., que el anunciado. O menos, porque puede ser que este Decreto no sea otra cosa que uno de los tantos faroles y mentiras que Putin y los suyos han vertido en el tiempo que está durando el conflicto ruso-ucraniano.

¿Por qué hablo de un posible farol? Es que, realmente, el Kremlin no necesitaba acudir a ninguna movilización, dado que una movilización encubierta ya estaba en vigor. Se trataba de “contratar” en todas las regiones de la inmensa Rusia a unos “voluntarios” que por una remuneración bastante atractiva estuvieran dispuestos a irse a combatir en el frente ucraniano.

Existe otra fuente para captar nuevos combatientes: las cárceles rusas, donde uno de los más próximos seguidores de Putin está pescando a los futuros soldados entre los presos más peligrosos, a los que se promete liberarlos si están dispuestos a irse a luchar por la Patria rusa en la tierra ucraniana. Otro de los emisarios de Putin estaba andando por el Oriente Próximo, Siria en primer lugar, buscando a los hombres con la experiencia militar, a fin de contratarlos para la guerra en Ucrania. Ya están formando las filas de este mini-ejército “privado” más de 20.000 mercenarios y algunos destacamentos ahora mismo están combatiendo en el frente ucraniano.

Por otro lado, Corea del Norte prometía a Putin un millón de soldados, los que por una comida regular diaria combatirían heroicamente por el presidente Kim Jong-un y por su gran “hermano ruso”, el presidente Pu-tin.

Por tanto, al presidente ruso no le faltaba la carne de cañón para enviarla a la “trituradora ucraniana” (son ya más de 100.000 bajas en las tropas invasoras) y no había ninguna necesidad de movilizar a los reservistas rusos, corriendo el riesgo de una explosión del descontento en la propia Rusia.

Entonces, ¿por qué Putin acudió a proclamar la movilización? Porque, posiblemente, esta “jugada” no sea otra cosa que un farol, que según los cálculos del dueño del Kremlin, le puede dar más rédito para sus planes inmediatos que el riesgo de una posible “pequeña” desestabilización en el interior de su país. Quizás, el intento de asustar a Occidente con una movilización “en serio” y con la amenaza directa del empleo del armamento nuclear, sea la la última carta a jugar que le queda al estratega kremlineano.

Porque todos los demás “trucos”, hasta ahora, no le salieron bien. Ni el utilizar la extensamente ramificada “quinta columna”, que trabaja para el Kremlin en los países democráticos occidentales, para intentar romper la unidad europea en su apoyo a Ucrania. Ni el chantaje con crear el hambre en el mundo, al no dejar a Ucrania sacar de sus puertos en el Mar Negro el grano preparado para la exportación a los hambrientos países del tercer mundo. Ni el chantaje con hacer explotar alguna de las más grandes centrales nucleares en Europa, la ucraniana en Zaporoschie, creando un nuevo Chernobyl. Ni el chantaje energético, amenazando a Europa con dejarla sin combustible ruso – el petróleo y el gas – el próximo invierno. Ni la búsqueda del apoyo entre los países con los regímenes totalitarios y autoritarias, semejantes al del Kremlin actual, con el fin de crear un frente común contra el “imperialismo occidental” capitaneado por los Estados Unidos.

La última reunión de la cumbre de la “Organización de Cooperación de Shanghái” lo demostró con toda claridad: ni China, ni India, ni Turquía, ni incluso Kazajistán están dispuestos a apoyar directamente a Putin. Y la reciente reunión del Consejo de Seguridad de la ONU demostró lo mismo. Nadie quiere tratar seriamente con un líder fracasado y mentiroso.

Al no haber funcionado ni una de las cartas en la baraja que Putin había preparado para el tema ucraniano, ahora él intenta, como ya he dicho, utilizar el chantaje a Occidente, amenazando con emplear el armamento nuclear si los países democráticos occidentales no dejan de ayudar militarmente a Ucrania o no la obligan a sentarse con el agresor a negociar un Acuerdo de Paz en condiciones impuestas por el Kremlin. ¡La movilización! ¡La guerra hasta el final! ¡Defender la Patria por todos los medios! Hasta utilizar el armamento del “juicio final” (así se llama una de las “supuestas” armas nucleares más sofisticadas en el arsenal atómico ruso). Todo esto suena fuerte y sirve para asustar al contrincante. Para mostrar la decisión y la valentía. Y, a lo mejor, para ocultar que es un “farol”.

¿Qué me ha inducido a pensar de esa manera? Son las propias palabras del presidente ruso en su intervención matutina en los medios rusos, el pasado 21 septiembre. Para la mayoría de los comentaristas políticos pasaron desapercibidas unas palabras de Putin, que para mí resultaron ser la clave de la cuestión. Él mismo dijo, refiriéndose a las medidas que el Kremlin piensa utilizar contra el intento del Occidente de agredir y de destruir a Rusia, que “no son un farol”. (Utilizó la palabra rusa “blef”, que significa “bluf”). Jamás he oído a Putin emplear este término en sus discursos y alocuciones. Creo que su subconsciente le traicionó. El jugador kremlineano sabía que estaba jugando con un farol, por ello tuvo que desmentirlo, asegurando que no lo era así. Lo mismo, cuando decía que la concentración de las tropas rusas en la frontera con Ucrania fueron unas simples maniobras militares. O cuando aseguraba que no pensaba invadir Ucrania y que las advertencias de la inteligencia norteamericana, en este sentido, eran una burda provocación para enfrentar a Rusia con Ucrania. Y tantas mentiras más que ya conoce el mundo entero. Por eso, las palabras del jefe del Kremlin hay que entenderlas al revés. Cuando dice que “no es un farol” o un “blef”, entonces sí lo es.

Otro apunte en esta dirección. Militarmente, los 300.000 reservistas – lo comentan todos los expertos militares – no le van a servir al Kremlin para cambiar el curso de la guerra. Simplemente sustituirán las numerosas bajas que las tropas rusas sufrieron durante los siete meses que está durando la guerra (como ya he mencionado, entre los muertos, heridos y desaparecidos son más de 100.000) y reforzar algo más el contingente que ahora está combatiendo en Ucrania. Este número de soldados es insuficiente para organizar una nueva ofensiva contra el ejército ucraniano. Apenas podrán defender el frente que tiene ya la longitud de más de 1000 kilómetros.

Por tanto, parece que es una movilización militarmente inútil en estos momentos, cuando las tropas ucranianas ya han empezado su exitosa ofensiva en varios frentes. Hasta que los nuevos efectivos rusos estuviesen preparados para combatir (equipados, adiestrados y transportados a los campos de batalla) pasarán varias semanas y meses, mientras tanto el ejército ucraniano seguirá avanzando. Pero, cuando la movilización pudiera haber sido útil y la solicitaron los generales rusos a su Comandante en Jefe (en mayo pasado, para que los refuerzos pudieran llegar antes de la ofensiva ucraniana en octubre), Putin se negó a proclamar entonces la movilización que sí pudiera haber sido “no un farol”.

Así que, en estos momentos, quizás la última posibilidad para Putin sea intentar parar la guerra en Ucrania jugando un “póker” político con Occidente. Trata de ganar la jugada consiguiendo que los países que están apoyando a Ucrania cedan y presionen a los dirigentes ucranianos para que detengan su ofensiva. Putin pretende que Ucrania negocie con las autoridades rusas una paz en la región.

Por ello, una parte importante en la intervención del presidente ruso fue dirigida al mundo Occidental. En tono brusco, agresivo, de contenido calumnioso. Pero lo más sorprendente y peligroso en el mensaje de Putin son sus argumentos, su visión del conflicto ruso-ucraniano. Parece que el ermitaño kremlineano de verdad vive en un mundo paralelo, un mundo “al revés”. Según él, es Ucrania y los países occidentales quienes están amenazando a la seguridad de Rusia; son las tropas ucranianas que bombardean la central nuclear de Zaporoshie; son los soldados del ejército ucraniano quienes están cometiendo las masacres entre la población civil ucraniana y son Estados Unidos, con sus aliados, los que pretenden ganar esta guerra a Rusia para destruirla como país y como potencia mundial; Rusia no está luchando contra el pueblo ucraniano, sino que lo intenta defender de los intereses imperialistas de EE.UU y Gran Bretaña.

¡Qué curioso! Los Estados Unidos y el imperialismo mundial han decidido destruir Rusia, precisamente, cuando la está gobernando – ya a lo largo de 22 años – el presidente Putin. Ni lo hicieron durante el régimen estalinista, cuando ayudaron a la URSS ganar al invasor ejercito de Hitler en una sangrienta guerra que había durado cuatro largos años. Ni durante la Guerra Fría, cuando los EE.UU. tenían una abrumadora superioridad en el número de las bombas atómicas, con que podían doblegar a la URSS como lo hicieron con el Japón a finales de la Segunda Guerra Mundial. Ni durante la “Perestroika” de Gorbachov y la época de las reformas democráticas de Yeltsin, cuando el Imperio Soviético se estaba cayendo pedazos por su propio peso y Rusia, salida de este cataclismo planetario, estaba más débil y frágil como nunca. Tampoco el Imperialismo mundial quiso aprovechar esta debilidad de Rusia y destruirla como país. Fue todo lo contrario: ayudaron a Yeltsin a construir una nueva Rusia, libre y democrática, abriendo para ella todas las puertas de las instituciones más prestigiosas del mundo, incluida la G8 y la propia OTAN. Y de repente, con un “encantador” y “pacifista” Putin sentado en el Kremlin, han decidido destruir sus “murallas” centenarias. ¿Se puede inventar un “blef” más inverosímil?

En su mensaje, cuya gran parte está dirigida para el consumo interior, Putin intenta justificar ante el público ruso que la necesidad de una movilización está dictada por el hecho de que las tropas rusas no pueden conseguir los objetivos de la “operación militar especial” en Ucrania porque los militares rusos se ven obligados a luchar no sólo contra el ejército ucraniano, sino contra todo el poderío militar del “Occidente colectivo”.

Y para suavizar el impacto de la movilización dentro del país, Putin la denomina como “parcial” y que va a afectar sólo al 1% de los 25 millones de ciudadanos en condiciones de ser llamados a filas. Curiosamente, en el propio documento sobre la movilización existe una cláusula que se denomina como secreta (la nº7). Entonces, ¿por qué es secreta, si se menciona en un documento público? – preguntará más de uno. Y ya se ha filtrado que en ella se dice que la movilización puede afectar a un millón de los rusos en la edad de poder cumplir el servicio militar. ¿Otro farol? – pregunto yo. ¿Y cuantos más contienen este tan “amenazante” Decreto?

Otros faroles, los “blef”, los “bluf”, los “fake”, o los llame el lector como le parezca más correcto, son las celebraciones de los referéndums en los territorios ucranianos, ocupados por las tropas rusas, sobre su anexión a Rusia. El Presidente ruso y sus mejores juristas saben perfectamente que estas consultas populares, bajo los “kaláshnikov” apuntando a los votantes, son una pura pantomima que no responden a ninguna norma internacional y no serán reconocidas por la inmensa mayoría de los países miembros de la ONU. Pero estos falsos referéndums no son nada más que otros faroles para reforzar el farol principal, el de la movilización.

Con esto Putin pretende dar a entender al mundo occidental que Rusia, a partir de ahora, irá a defender a las zonas ocupadas como si fuera su propio territorio y que cualquier ofensiva militar ucraniana en estas regiones se consideraría como la agresión a la propia Rusia, que responderá con todo lo que tiene en su arsenal militar, incluido el armamento nuclear.

Pero el Kremlin también sabe que dichos referéndums ilegales no van a detener la ofensiva de las tropas ucranianas en su intento de liberar los territorios ocupados por el agresor ruso. Por lo cual, estos referéndums “fake” tienen sólo un destinatario – “el Occidente colectivo” (como lo llama Putin a los países occidentales que apoyan a Ucrania), para ver si ante la amenaza del empleo del armamento nuclear, los aliados de Ucrania cedan y presionen a Kiev para que pare su ofensiva y empiece a negociar con el enemigo. Como vemos, es un chantaje en toda regla que demuestra que el Kremlin está reconociendo – pasados siete meses desde el comienzo de la guerra – que no puede ganar a Ucrania militarmente e intenta, como única posibilidad, ganarla políticamente. Y para tal fin está utilizando el chantaje y todo tipo de faroles, algunos de los cuales ya mencionados en este artículo.

No sé si el presidente ruso cree de verdad en todos los “fake” preparados por sus propagandistas para su intervención televisada. Espero que no. Aunque no estoy muy seguro, ya que él ha creído en otros “fake” de sus propios consejeros y generales que le aseguraban, antes de invadir Ucrania, que el ejército ruso es invencible, todopoderoso, que va a ejecutar la “operación militar especial” en Ucrania en 72 horas, que el pueblo ucraniano, oprimido por el régimen “nazi-judío” de Kiev, recibirá las tropas libertadoras rusas con los brazos abiertos….

Y si de verdad Putin cree en el éxito de todos los faroles que él está lanzando, nos esperan tiempos muy difíciles, porque algunos de esos faroles podrán convertirse en una triste y dramática realidad. Ya lo veremos, pero hay que estar en alerta y saber distinguir un farol de una verdad.

Y por último, una pincelada histórica. La movilización militar, proclamada en 1914 por el Emperador ruso, Nicolás II, sirvió de chispa para encender la Primera Guerra Mundial, a cuya consecuencia, tras varios “cataclismos” históricos, 77 años más tarde, finalmente cayó este Gran Imperio Ruso, que tenía una historia milenaria. Quién sabe qué suerte le espera a la Rusia de hoy, después de la proclamación por su presidente de esta nueva movilización militar.

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