www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

MADRID

Crónica taurina: Las Rozas, la Puerta Grande de Ferrera y Adrián

Crónica taurina: Las Rozas, la Puerta Grande de Ferrera y Adrián
Ampliar
domingo 02 de octubre de 2022, 10:42h

Hay tardes de toros que se asemejan al engranaje complejo del reloj. Paseíllo. Himno Nacional. Y el palpito de Kike (Enrique Sáez): sale de la plaza y ubica el vehículo de la cuadrilla de Ferrera en la Puerta Grande. Hoy hasta el presidente estuvo atinado. Todo salió redondo. Fue una sinfonía. Antonio Ferrera y Fernando Adrián salieron a hombros, vestidos de blanco y con las faenas de cristalina pureza, acrisoladas por el esfuerzo y la valentía. Inolvidables.

Primero se asomaron las astas de Medroso (1º) y luego apareció el bicho. El aplauso fue generalizado. Se midieron con las miradas. El toro tomó la seda verde del capote, resbalándose por velocidad y celo. Antonio Ferrera lo llevó por delantales al caballo y lo sacó de la misma manera dejando de broche una verónica en los medios. El público exigía al maestro poner las banderillas. ¿Cuántos se acordaban de la cornada en Logroño? Si hubiese que titular cada faena, ésta se llamaría “La Precisión”. Los pases ceñidos por ambos pitones, parecían sacados de un ovillo: uno engendraba al siguiente. El astado acudía al ligero movimiento de la franela. Los vuelos del molinete dieron lugar a unos soberbios circulares sin la ayuda en la mano. El abaniqueo y una estocada esmerada por la precisión y eficacia. Dos orejas. Aplaudido al arrastre. Ferrera recibió a Milano (4º) con un lance afarolado. El toro, agalgado, lució su fina estampa al galopar. José Chacón y Alberto Carrero se desmonteraron por el tercio de banderillas. Ferrera planteó la faena, en el centro del ruedo. Escogió la música y su son comenzó a trazar una obra del arte. El estilo, la elegancia y el valor se aunaron para crear una belleza que emocionó al público. No se conforma con torear bien, siempre hay una visión estética que trasciende todo lo que sucede en el ruedo mientras lo pisa Ferrera. El hierro se negó a entrar con Milano al recibir tampoco al volapié. Un aviso y aplauso en el arrastre. Ovación a Antonio Ferrera.

Daniel Luque desorejó a dos Núñez del Cuvillo el día anterior. Pero, como el propio torero reconoce, no se puede vivir de los triunfos pasados, y hoy se enfrentó con un lote complicado de Adolfo Martín. Cocinero (2º) no llevaba ni la tercera parte de la armadura del abre-plaza. Emborronó los lances de capa y recibió una vara en la paletilla. Al principio, iba pegado a la muleta, pero truncó embestir por escarbar. Ni siquiera alentador “¡Vamos ya, hombre!”, dicho por Luque le animó a proseguir la faena. Astuto, gira la cabeza en busca del diestro. La estocada baja, pero fulminante. Madroño (5º), el más mozo de la tarde, salió rápido, remató al burladero y tomó una vara que valía por cuatro, aunque le pareció poco al noble bruto que se volvió a la montura por su propia voluntad. No daba señales de quebranto, sólo se veía un arroyuelo de sangre derramarse por la espalda en vez de bajar por el brazuelo. El toro se amilanó y buscó los toriles. Luque se las ingenia para acercarlo a los medios y le plantea unas series de mano baja para acompañar la embestida desganada. Ésta pierde su fuerza con cada pase. Luque, gracias al temple, trazo unos pases destacados frente a la puerta de los toriles. El bicho, al agotarse, llegó a andar de costado. A la defensiva. Administró una estocada trasera. Apuntillado a la mexicana por detrás. Una oreja.

Fernando Adrián y Comadrón (3º) una faena que valió un trofeo. El torero se acoplaba al toro mejor con cada serie. El torero dejó de perder los pases y se adornó con un afarolado. El cornibrocho se opuso, rompiendo la muleta. La estocada tendida, hizo daño al toro, pero éste aguantaba sin doblar los remos traseros. Chaparrito (6º) galopa por el redondel a sus anchas antes de atender la capa ofrecida por Fernando Adrián. Recibió la vara sin bajar la cabeza y esperó en banderillas lo bastante para desanimar a cualquiera. Los banderilleros cumplieron. La primera serie, con varios cambios de mano, midieron al contrario. Los aplausos iban in crescendo: Adrián aguantaba al toro, primero se ceñía y luego buscaba con toda su desfachatez… Varios derechazos en redondo y pases bien trazados, acabados por un desarme: el reservón pisó la muleta. El desarme fue resuelto con un desplante, seguido por otro: Adrián sin muleta ni espada entre los pitones. Bernardinas para cerrar y una media por la que rodó el toro sin puntilla. Dos orejas.

PD. Una nota discordante del conjunto de la tarde fue la alguacililla que no se quitó el sombrero durante toda la corrida. Deberían aclarárselo: descubrirse a la hora de tratar a las personas no es cuestión de ánimo, de buen o mal humor, ni de accidentes meteorológicos, tampoco del feminismo beligerante. Es cuestión de educación. De savoir d´être, mademoiselle.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+
0 comentarios