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LIBROS

Pío Baroja: la biografía como gozoso retrato de una vida y su época

José Manuel López Marañón
lunes 03 de octubre de 2022, 08:36h
Pío Baroja: la biografía como gozoso retrato de una vida y su época
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Para la celebración de los 150 años del nacimiento de Pío Baroja (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956) nada más apropiado que la reedición (aparece el próximo mes de noviembre) de Familia, infancia y juventud, segundo tomo correspondiente a la biografía de quien, para muchos lectores –su cantidad siempre va en aumento– sigue siendo el mejor novelista.

Esta Familia, infancia y juventud (Biblioteca Nueva, 1944) viene preparada por el también autor Pío Caro-Baroja. A la inevitable depuración de erratas (varias de la editorial inicial se habían ido arrastrando durante ocho décadas sobre, por ejemplo, los textos de Editor Caro Raggio y Ediciones Porrúa) y oportuna inclusión de una ajustada selección de notas, la reedición de Cátedra aporta –como novedad principal, que le da personalidad– un admirable prólogo redactado por el sobrino nieto de don Pío con las dosis de pasión y erudición familiar que tan magno texto requería.

¿Por qué Familia, infancia y juventud resulta ideal para esta conmemoración? Fundamentalmente porque en sus casi 500 páginas Baroja se explaya sobre asuntos que, publicada su opera prima, Vidas sombrías –allá por 1900–, han ido esparciéndose periódica y polémicamente sobre su figura.

Algunos son:

- La depresión y la melancolía que solían apoderarse del narrador vasco muchas veces se debían a que el mundo le presentaba su cara más fea. Gracias a un curso sobre enfermedades sifilíticas en el madrileño hospital de San Juan de Dios (son sus años de estudiante de medicina) Pío Baroja verifica cómo ·el pesimismo de Schopenhauer es una verdad matemática·. En esa mezcla de manicomio y sanatorio que es el mundo (y el autor de La busca habla del de finales del siglo XIX…) ser inteligente constituye una desgracia. La felicidad solo puede venir de la inconsciencia y la locura.

- Frente a un anarquismo cada vez más violento Baroja, siguiendo la resistencia pasiva que propugnaba León Tolstoi, pero también la piedad del budismo, se muestra firme partidario de la no acción:

"En la vida no había ni podía haber justicia. La vida era una corriente tumultuosa e inconsciente donde los actores representaban una comedia que no comprendían, y los hombres llegados a un estado de claridad intelectual contemplaban la escena con una mirada compasiva y piadosa".

- Pío Baroja, médico responsable. En un oficio mal pagado que resultaba difícil y duro, él fue un prudente galeno apreciado por el pueblo de Cestona (Guipúzcoa), donde ejerció por primera y única vez. No era inhabitual verlo de madrugada, empapándose bajo la lluvia, hasta llegar a caballo a los caseríos donde lo aguardaban sus pacientes. No buscar competencia con el otro médico de la zona, Pedro Díaz, un maestro cirujano del ejército carlista (que luego se licenció) obsesionado por empequeñecer la labor de Baroja para así restarle clientela, resulta causa principal para que el futuro escritor abandone la medicina, profesión esta que deja un sello especial en quien la estudia y pone en práctica:

"Todo el que haya leído a Pío Baroja habrá observado que en sus libros, crónicas y trabajos literarios de diversa índole, siempre aparece el médico".

Un colega definió a Baroja: "Un buen ojo clínico, con dotes de observador y devoto de las teorías vitalistas".

- Reacio al matrimonio. A pesar de ser un burgués a veces con posibles, Pío Baroja no veía con buenos ojos a la mujer española. El matrimonio se planteaba entonces casi como una carrera que terminar. De diálogo difícil, convencidas de cómo el hombre sin medios era igual a cero, los noviazgos con aquellas muchachas se establecían desde las más materiales premisas. Sin embargo, la vocación soltera del escritor nunca procede de la misoginia, sino de estar bien adaptado a la vida corriente. Él se define como "un no conformista apacible"; eso sí, con permanentes ansias de independencia. Reconoce Baroja cómo una pasión larga por una mujer hubiera podido provocar su casamiento; para ser un señor respetable y bien colocado, nunca.

- A pesar de sus esfuerzos gerenciales el negocio de la panadería madrileña no marchaba. Trasladarlo requería un dinero del que la familia carecía. Pío Baroja juega a la Bolsa, con cuyas imprevisibles especulaciones logra sostenerse (lo hizo en varios períodos de su vida). La vida burguesa sigue sin proporcionarle entusiasmo. Sus diversiones: el teatro, los toros, le resbalan.

En este estado anímico, agotado tras haber sido médico de pueblo, industrial panadero, bolsista y aficionado a la literatura, confiesa:

"Había conocido bastante gente. El ir a América no me seducía. Llegar a tener dinero a los cincuenta años no merecía la pena para mí. Quería ensayar la literatura".

Y aunque de sobra sabía que ensayar la literatura daría poco resultado pecuniario, Baroja, mientras tanto, podría vivir pobremente pero con ilusión… «Y me decidí a ello».

De la mano de Familia, infancia y juventud –y en función de los destinos profesionales de Serafín Baroja (el padre, ingeniero de minas)– conocemos asimismo los diversos itinerarios peninsulares, y consiguientes vicisitudes, de todo el clan Baroja, reacio desde siempre a disgregarse. Carmen Nessi y Goñi, la madre, y los cuatro hijos (Darío, Pío, Ricardo y Carmen) se acomodan en Madrid; en Pamplona; luego en Valencia, y, tras la estancia en el valle guipuzcoano a orillas del río Urola, otra vez en Madrid. De cada provincia quedan vigorosas semblanzas de sus tipos peculiares, así como de paisajes urbanos y agrícolas, descrito todo con la gracia y rapidez que caracteriza la prosa de ficción barojiana. Con semejante frescura y hondura psicológica no creo que exista obra tan grande a la hora de retratar aquella España finisecular.

Este tomo de las memorias resulta imprescindible para quienes conocemos sus novelas, pero también para lectores que empiezan a adentrarse en uno de los universos narrativos más heterodoxos y apasionantes que haya producido nuestra literatura.

Los entusiastas de don Pío, y demás aficionados a la literatura, van a embriagarse con esta autobiografía pletórica de aventuras, personajes, pero, sobre todo, tan abarrotada de vida. Un acierto pleno celebrar así en las librerías españolas los 150 años del natalicio de tan fundamental escritor.

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