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Y DIGO YO

El teatrillo de la negociación de los Presupuestos

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 04 de octubre de 2022, 21:11h

No deja de ser curioso comprobar cómo hay cosas que nunca cambian. Por mucho que quieran “vender” las dificultades añadidas -y cada año más difíciles de superar- para aprobar cualquier iniciativa en política, siempre es lo mismo. ¡Pues claro que hay Presupuestos Generales del Estado, una vez más! PSOE y Podemos no se pueden permitir, como todo el mundo sabe, romper el acuerdo de coalición. ¿Alguien dudaba de que saldrían las cuentas a pesar de todos los malos augurios anunciados por los propios interesados?

Pese a las amenazas de que no habría acuerdo, de que las líneas rojas de unos y otros son insalvables, de que el gasto en Defensa es inconcebible, que si la Ley de Vivienda ya no protege a los okupas, de que este año próximo, como hay elecciones autonómicas y luego generales, era diferente porque tanto socialistas como ‘podemitas’ buscarían diferenciarse ya que la izquierda es una cosa y la ultraizquierda otra muy distinta, lo cierto es que, al final, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, han hecho el teatro que se esperaba, han posado para todas las fotos de rigor y han escenificado en el marco incomparable del Palacio de la Moncloa el acuerdo para el proyecto de ley de presupuestos de 2023.

Como siempre, son las cuentas con el mayor gasto social de la historia del Mundo y parte del Espacio Exterior porque, siempre según el jefe del Ejecutivo, permitirán proteger a las clases medias y trabajadoras, avanzar en la justicia social y, por supuesto, garantizar la prosperidad económica. Es, como ya han comprobado, uno de los tópicos habituales. ¡Hay que hacerse valer, que se vota pasado mañana!

Pero la película es la misma de siempre. Esa del Día de la Marmota en la que el protagonista vive lo mismo una y otra vez y no puede salir del bucle. Igual que se puede adelantar a lo que va a suceder porque sabe lo que va a pasar, usted ya ha visto que no hay novedad en la correlación de hechos que acompañan a la aprobación de los presupuestos para el año próximo.

Es esa triste ya sensación de déjà vu constante porque, efectivamente, se han vivido ya las mismas escenas: primero te hacen creer que no habrá acuerdo, que los puntos de vista están muy escorados, pero siempre salen los presupuestos, si no se acaba el cuento. Si se puede dar la sensación de que han salido de milagro, a última hora, por los pelos, mejor. Este miércoles se anunciaba el acuerdo vía tuit a las 6:55 horas. Y entonces todos pensamos ¡cuánto han trabajado, toda la noche sin dormir! Luego, muchas fotos. ¡Qué luzca!

Y digo yo: ¿Por qué siempre es lo mismo? ¿Tan necesitados están de hacer creer que de verdad hay conflicto? ¿Este año que llegará, efectivamente, hay elecciones, pero en el primero de la legislatura, qué necesidad había de escenificar la falta de entendimiento?

Obviamente, aquí cada uno busca apuntarse el tanto de lo abierto al diálogo que está, de todo lo que es capaz de negociar y, especialmente, de hacerlo con éxito. Sabemos que los logros no son tantos porque están todos comprados a base de concesiones a los partidos políticos que tienen que aprobar en el Congreso estas cuentas. Le sacarán lo que no está escrito, pero paga usted. Por lo tanto, no hay problema alguno.

Además, hay que decir que se han hecho cosas si se quiere tener alguna opción en próximas citas electorales y había que esquilmar el erario para decir que se aumentará el ingreso mínimo vital, que se darán 100 euros al mes por hijos menores de tres años, que se ampliará la prestación por desempleo, que se darán 600 millones de para dependencia y que, por supuesto, habrá rebajas fiscales y en el impuesto de sociedades, que aunque lo de bajar impuestos no sea de izquierdas, está de moda.

Nunca antes se habló tanto de negociar con el socio de coalición y después con los socios de la moción de censura. Ya sabemos que los años que Pedro Sánchez pase en Moncloa serán los más caros de la historia de España. No ya por sus gastos extraordinarios, especialmente hirientes para el ciudadano de a pie en estos tiempos en los que la gasolina está, curiosamente, por las nubes, sino por los peajes que se deben pagar a los que le permiten estar ahí, en la mesa del Consejo de Ministros, en la butaca azul del congreso y en los asientos de lujo del Falcon y del Súper Puma.

En definitiva, todo un teatrillo y mucha cara dura para que al final sean los presupuestos con el mayor gasto de la historia, pero con la única finalidad de comprar su voto. ¡Nada nuevo tampoco! Pero… ¿serán los últimos de Sánchez?

Javier Cámara

Periodista

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