Los toros de El Pilar salieron uno por uno. Lo más reseñable de la tarde: la erguida silueta de Florito (Florencio Fernández Castillo), quien todas las tardes cumple con su cometido con gran elegancia. El recuerdo de su actuación de ayer, con el más bravo novillo de la tarde, le engrandece aún más. Los toros de hoy tuvieron hechuras de cartel, capas variadas, iban armados, las variables han sido la codicia y la fuerza, pero ninguno se cayó o perdió las manos por flojera. Y ésto, teniendo en cuenta que los varilargueros no perdonaban ni una. Se oían pitos al arrastre prácticamente de cada astado. El minuto de silencio por el fallecimiento del maestro Garcés y arrancó la cuarta tarde de la Feria de Otoño.
Diego Urdiales se las tuvo con Niñito (1º) y Dulcero (4º). Niñito, aunque se notaba su falta de fuerza, aguantó varas importantes, sobre todo, la primera, tapando la salida. Desde la capa hasta el último muletazo arrastró el vicio de rematar el embroque saltando. El toro iba ceñido, pero sin maldad. Urdiales se alejaba, puso el albero por medio y la obra se vino abajo. No ayudaron unos pases jaleados por el público. La estocada: delantera y tendida. Eficaz. Pitos al arrastre. Algo parecido le sucedió a Dulcero (4º). El colorado de fina estampa, humilló en el capote. No se dejó poner la primera vara, puesta varias veces barrenando, pero sí se empleó en la segunda muy recargada por Manuel Ruiz Román. Cuando más se acercaba Diego Urdiales, mejor iba el colorado. Los aplausos se mezclaban con las protestas. El diestro retiraba la franela antes que el torito acabara el embroque y esto le confundió. La estocada: copia de la reseñada arriba. Pitos al arrastre.
Juan Ortega embarca a Liebre (2º) en el capote, aunque sin lances limpios, embelesó al público. En las varas se emplearon los dos: el picador y el toro. De poder a poder. Los pases flexionados, sellados por un pase de firma, dieron esperanza a más. Ortega da tiempo, distancia, y el toro lo aprovecha para resabiarse: pasada la segunda tanda, el bicho iba al torero sin titubear. El diestro dudoso y el toro despistado no llegaron a redondear la suerte suprema: dos pinchazos y descabello al toro vivo. Las protestas inundaron el coso. Ortega titubea y vuelve a entrar a matar. La estocada entera. Jacobero (5º) fue recibido con el reclamo del tendido 7: “¡Toro, toro!”. El gentío estaba alborotado. La lidia fue llevada a cabo por los peones. Ortega, franela en mano, llevó al bicho por ayudados y flexionados, rematados con un pase de firma. El toreo de mano baja, templado, sutil de las primeras tandas, pero emborronado con algún que otro cabeceo. Al natural el morlaco no quiso colaborar. La última serie, alargando la embestida, el torero lo llevó al hilo de las tablas. ¿Para qué? La estocada delantera, algo desprendida. El trofeo no concedido a pesar de la petición. La vuelta al ruedo protestada por una parte del público.
Potrico (3º) salió para Pablo Aguado y fue galleado con esmero y elegancia por el diestro. El temple y acople a la embestida dieron lugar a capotazos sobresalientes. Entre vara y vara llevó al astado casi hacia los chiqueros, adornándose con los vuelos del percal. La faena arrancó rápida y con ligazón, que iba desvaneciendo poco a poco. Los pases iban acompañados por sonoros olés. Aguado se cruzaba a cuerpo limpio, ganando aplausos al pulso. La suerte suprema acabó con la media estocada, algo desprendida. Mirabero (6º) también entró en el capote y se dejó llevar a los medios. Tomó la vara acudiendo sin esperar a que lo pusieran en suerte. El colorado metió los riñones y todo lo demás que correspondía. Salió tocado. Recibió bastantes capotazos y una salida en falso en las banderillas. Aguado optó por citarle a gran distancia, realizó tres tandas antes de probar por el pitón izquierdo. El astado ya no tenía gran aliento para embestir. Cabecea y se pone a la defensiva. Recibió dos pinchazos superficiales y fue descabellado.