La plaza llena. Hasta la bandera. Solo faltaba Mbappe. O no faltaba pero pasó desapercibido, igual que Sergio Ramos. El que no se ha salvado de una bronca más monumental que la plaza fue Talavante. Roca Rey no le iba a la zaga. Por fin, nos despedimos del coso negruzco, mugriento y lleno de palomas. Nadie quiere saber de él, n siquiera la consejera de la cultura, Marta Ribera de la Cruz, porque dice que este Bien de Interés Cultural no le interesa. Los beneficios de millones de euros sí, le interesan mucho a Abellán, él de los pliegos.
Nos ahorramos muchos disgustos si resumimos las actuaciones de Talavante y Roca Rey. Alejandro con Jugador (1º) y Vampirito (4º) ha hecho el ridículo. Más que ridículo, la displicencia del diestro fue criminal: no hizo los quites oportunos, poniendo en peligro la vida de los rehileteros. La meditación zen no es compatible con el ruedo. El diestro se negó a matar a Vampirito. Este expiraba tristemente en tablas, herido por una mala estocada y unos ocho descabellos hasta que una mano traidora le apuntilló por el hueco de burladero al cuarto intento. Las faenas de figurín, aseadas, de mucho estilo, cierta elegancia, pero de torero que no ve al toro. Ni falta le hace, según él. Qué poca vergüenza…
Roca Rey fue rescatado por la presidencia. Como decía Lope, “todos perdemos, unos por carta de más y otros por carta de menos”. Roca ha ganado esta tarde: le regalaron dos orejas por hacer manoletinas al toro peligroso que se empeñaba en llevárselo por delante. Se llamaba Jaceno (2tris) y fue el bicho peor toreado de la tarde. Su segundo, Almirante (5), fue el peor lidiado: capeado sin mesura y con una banderilla puesta detrás de la oreja. Estoqueado a la segunda en los blandos. En fin, la Puerta Grande de Roca se quedó más estrecha que la entrada al burladero. La segunda oreja fue protestada profusamente por el público. El mito de Roca se agrieta. Las faenas pueden consultarlas en mis crónicas anteriores. Para ahorrar la búsqueda, les hago el resumen: estatuarios, pases corriendo y desquiciando al contrario, y algún susto de remate. Hoy su lentitud fue morbosa con el claro objetivo de perder el máximo tiempo posible. Es una fórmula que llena las plazas. Así quedamos todos contentos e infinitamente agradecidos a este toreo de pega-sustos.
Aunque Cojito (3) de nombre, ha sido la alegría de la tarde. Francisco de Manuel, acartelado hoy quién sabe por qué milagro, salvó la tarde de la ruina. El primer morlaco puesto en suerte para las varas. Comenzó de rodillas y dio cinco tandas por ambos pitones hasta cansarse el astado. De Manuel no se amilana, acepta el reto en el terreno del enemigo y hace pases redondos y cierra con peligrosísimas manoletinas. Una oreja. Incomprensible aplauso en el arrastre. Espiguita (6) salió como quinto, por estar Roca Rey convaleciente y atendido en la enfermería. Nadie sabía qué le pasó, debió de lesionarse en el callejón. De Manuel hizo el único saludo capotero digno de tal nombre. Juan Carlos Rey y Fernando Sánchez se desmonteraron por esmeros pares. Las series ligadas, de mucho aguante, ya que el torete tenía bastante malas maneras. Iba tan lento que parecía asomarse por debajo de la muleta en vez de embestir. Presenciamos varios pases de cintura flexible que acompaña al toro. Hubo temple, del que hace de la muleta un pincel para siluetear pases. Dos orejas de ley.