La obsesión, también necesidad, de mantener el apoyo de los 13 escaños de ERC ha llevado a Pedro Sánchez a una deriva política que empieza a ser peligrosa para la integridad de España y para la propia supervivencia del PSOE. Ni la Constitución supone un obstáculo para los planes del presidente, dispuesto a arrasar con todo con tal de mantenerse en el poder el año y medio que resta de legislatura. La modificación del delito de sedición supone una aberración política; más aún, después de haber indultado a los que intentaron dar un golpe de Estado.
Hasta los barones socialistas están indignados con la cesión del Gobierno ante ERC al reformar el Código Penal para rebajar las penas por los delitos de sedición y rebelión. Sin duda, la reforma perjudicaría notablemente a los candidatos municipales y autonómicos del PSOE que se presentan a los próximos comicios. Pero Sánchez prefiere complacer a los separatistas que no se conforman con el indulto de los políticos procesados y condenados por sedición. Ahora, exigen la modificación del delito para que Junqueras y compañía no corran el riesgo de volver a la cárcel y para que Puigdemont pueda regresar a España como un héroe.
Como hemos denunciado en esta sección, Pedro Sánchez ha llegado al límite de la decencia. Resulta evidente que está dispuesto a todo con tal de aguantar el año y medio que resta de legislatura, incluso de promover una suerte de independencia de Cataluña. Y luego llegará la del País Vasco de la mano de Bildu, su otro aliado y siniestro compañero de viaje. La integridad de España, la Constitución, la propia democracia y hasta el futuro del PSOE están en riesgo.