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TOROS

Corrida en Ubrique: la centésima de José Antonio Morante de la Puebla

Corrida en Ubrique: la centésima de José Antonio Morante de la Puebla
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domingo 30 de octubre de 2022, 11:03h
Actualizado el: 30 de octubre de 2022, 11:26h

La plaza de Ubrique fue el punto final de la temporada. Adornado y muy cuidado, el coso fue escenario de una tarde de toros excepcional. Morante de la Puebla fue obsequiado por los aficionados portugueses por su centésima corrida. La terna compuesta por Morante, Pablo Aguado y el rejoneador Andrés Romero, quien sustituía al lesionado Alfonso Cadaval. Dos toros de Fermín Bohórquez para el rejoneo y el cuarteto de Carlos Núñez, una ganadería casi olvidada, pero muy conocida antaño.

Andrés Romero brindó al primero de su lote a Morante y Pablo Aguado. Llevaba la montura a la jineta, a la antigua, que ahora se llama mixta. Obelisco, primer caballo, debutaba frente a Vicario (1º) de lámina murubeña. El astado no iba sobrado de fuerza: un rejón de castigo y las banderillas puestas con Bicéfalo, otro debutante de la tarde. Los rehiletes con salidas en falso y algunas de defectuosa colocación. Guajiro animó al público con sus quiebros y numerosas piruetas entre las astas del toro. Chamán, el albino, ejecutó el último tercio que no coronó la obra como merecía: después de primer pinchazo el toro claudicó y no se levantó más. Fogonero (4º) salió escopetado de los chiqueros, poniendo a prueba a Copito y su dueño. Romero puso dos rejones de castigo de ejecución certera. El toro daba muestras de fuerza y bravura al perseguir el caballo. El tercio de garapullos puso al público de pie. Fuenterrey y Coimbra, los caballos del hierro de Bohórquez, llevaban al astado cosido a su cola, borrando las distancias. Los palos quedaron reunidos y su ejecución a quiebro, esmerados. Cabul, balanceando y desafiando al toro, puso las banderillas cortas seguidas. De nuevo, Chaman con el rejón de muerte y el toro sale rodado. Dos orejas y rabo para el jinete y la vuelta al ruedo para Fogonero.

Ratonzucho (2º) se desentendía del capote de Morante. Una vez embarcado en el capote, va brusco, lo pisa, pero no desarma. Tomó el puyazo de Aurelio Cruz, empleándose. El quite de Morante por chicuelinas, abrochadas por una revolera, se sobrepuso a los gañafones del astado. Se destacó Trujillo con las banderillas. Los pases de celeste imperio o los ayudados por alto abrieron la faena de muleta. Morante pisaba el albero seguro, parece que tiene un sexto sentido para adivinar las intenciones del toro. Claro, el sexto sentido bien cuajado con 100 tardes de brega. El astado no fue fácil, andaba apretando, soltando la cara, sobre todo por el pitón izquierdo. Las series tuvieron ligazón, elegancia y aguante. Los molinetes, un abaniqueo de cierre y desplante con la mano en la testuz adornaron la obra. La media estocada llegó a la segunda. El descabello atronó al astado como un rayo. Una ovación. Morante sorprendió a Zarampaño (5º), citándolo con un capote recogido en una mano. El toro no estaba por acometer mucho, pero Morante le impuso el veroniqueo, jalonado por los tendidos. El espada puso al toro en suerte majestuosamente, recogiendo los vuelos del capote con el paso del toro. Se esmeró en el quite por tafalleras y lo bordó con los pares de banderillas. El tercero lo hizo al quiebro, al hilo de las tablas, sorteando el peligro. Brindó a su apoderado, se sentó en el estribo, como lo hubiera hecho en el portal de su casa, y se quedó escuchando un cante de un espectador. El astado tomó el respiro también. Los pases genuflexos, rodilla en tierra, sacaron a la fiera del letargo. Las series de pases bellos por ambos pitones, no necesitaron más terreno que las plantas de Morante. A punto de claudicar el toro, Morante se agarra a él en un pase ceñido y no le deja marcharse a la querencia. Un desplante y un parón tan largo, que los dos parecían un grupo escultórico y no protagonistas de una faena. Dos pinchazos. Un aviso. Una estocada casi entera y tendida. Dos orejas.

Pablo Aguado saludó al tercero de la tarde por chicuelinas y una media, igual que el quite. Brindó a Caraval, quien se lesionó la columna entrenándose en el campo para esta tarde en Ubrique. A los primeros estatuarios, el toro se refugia en las tablas. Aguado se esmera mucho, afina cada pase, se adorna con los molinetes de estilo morantista. La naturalidad de pases circulares fue inigualable. Un pinchazo, seguido por la estocada de dos tercios. Barquerito (6º) iba al capote con la manos por delante. Puso al picador en un buen aprieto al agarrar la mano del caballo con el pitón. Pablo Aguado brindó a Morante, torearon juntos mucho este año. Aguado fue testigo de la caída del maestro en La Línea de la Concepción, cuando Morante se lesionó el hombro. Al son del canto, las series seguían, el toro, citado a distancia, acometía veloz. Con genio, el astado se cuela y hace a Aguado aguantar su mirada. El toro se va, cansado a las tablas. Un pinchazo hondo y descabello no certero. Una oreja.

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