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Uruguay escapa de la crisis

miércoles 08 de octubre de 2008, 21:15h
Los recientes cambios en la cartera de Economía del Gobierno de Uruguay, en los que el veterano Danilo Astori deja su plaza a un joven economista poco conocido, Alvaro García, es a mi juicio, una buena oportunidad para someter una reflexión, aportar unas ideas, en principio, no excesivamente técnicas sobre el momento económico y social de este atractivo país en circunstancia internacional tan delicada.

Desde una perspectiva macroeconómica y según cifras confirmadas en estos días, hay razón para el optimismo y la felicitación por la labor del Ministro saliente. En efecto, el Producto Interno Bruto -PIB- registró en este primer semestre del año un crecimiento espectacular, próximo al 14%. Asimismo se han constatado mejoras en el consumo interno, en el nivel de importaciones, en sectores como industria manufacturera y telecomunicaciones, y sobre todo, muy importante, con cifras récord en producción y exportación de las aquí llamadas “commodities”: trigo, cebada, arroz, carne, cueros…cuyos precios en el mercado internacional ¡ojalá se mantengan!. Sin olvidar los productos forestales con una importante inversión finlandesa-Botnia-, ya en marcha y un esperado proyecto español-Ence-, en el inicio de su construcción.

Este enfoque inicial y positivo quedaría incompleto si no incluimos que por ahora, el nivel de exposición de esta economía ante la norteamericana es limitado y todo apunta a que las “necesidades financieras” están cubiertas, al menos, hasta mediados del 2010. En un país, Uruguay que ya cuenta para su suerte, afortunadamente, con un sistema bancario sólido, fiable, serio y solvente.

Hasta aquí el haz de una hoja que pretende ser objetiva. Porque a veces las lecturas y análisis de cifras, ahora en perspectiva de microeconomía, resultan como la anécdota que aún recuerdo de mis años universitarios en ICADE: uno de los profesores, algo tímido pero audaz nos decía... “miren Vds., no olviden que las estadísticas son como los “bikinis”, ¡enseñan todo menos lo esencial!”.

La tasa media de inflación, hoy en Uruguay, consecuencia quizá del alza en combustible y productos alimenticios, supera el 8,5%. La cifra última de paro es más que aceptable, un 7.6% aunque si nos referimos a “paro juvenil”, motivo frecuente de emigración, puede alcanzar un 15%. La conflictividad laboral, en un período como el presente de ajuste de contratación, revisión y sobre todo ante la última ronda de los “Consejos de Salarios”, ha sido agresiva en sectores como el transporte o la metalurgia. En este escenario, ¿qué retos y envites tiene ante sí el nuevo titular de Economía que además quiere ser “ministro de perfil bajo”?

Resumir algunas ideas a modo de conclusión, me parece difícil tarea por su extensión y complejidad pero apuntar dos o tres objetivos básicos, útiles quizá al nuevo equipo gubernamental resulta necesario. A) El de mantener este índice de crecimiento, de seguridad jurídica, de estabilidad y a la vez conseguir que los inversores locales, incluso cierta juventud empresarial desconfiada hacia su país, recuperen la creencia, la fé en su propio Uruguay. B) Acometer y renovar una profunda mejora en políticas sociales que permitan, si no erradicar sí controlar y reducir dramas como los “asentamientos” (566 barrios marginales e irregulares, chabolas sin un mínimo de servicios), o la imagen del “hurgador” (cerca de 13.000 míseros recogedores de basura urbana). C) Limitar el número de funcionarios estatales y municipales cuya cifra actual, según datos comparativos en América Latina, equivaldría al necesario para un país de 25 o 30 millones de habitantes, no a los 3 millones de esta República. D) Finalmente, una mejora de presupuestos en educación, sanidad y seguridad representaría una importante inversión a corto/medio plazo realmente exigida por la mayoría de la población.

Compromiso, desarrollo y equilibrio que son difíciles en un contexto regional y ante una coyuntura tan delicada como esta, con un Mercosur que no termina de integrarse. Creemos que por la vía fiscal y presupuestaria, con imaginación y voluntad, y en un diálogo constructivo dentro de este Palacio Legislativo, hay un cierto trecho a recorrer. En búsqueda de una exigente modernización que en el siglo de la globalización y sobre criterios de competencia, libertad, inversión e innovación sea capaz de ofrecer a la sociedad uruguaya el lugar que histórica y culturalmente bien merece.
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