Treinta años de una mediación
Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 08 de octubre de 2008, 21:18h
La semana próxima, en un acto preparado a este efecto, celebraremos en la Universidad Católica Argentina los treinta años de la mediación del Papa Juan Pablo II en el diferendo limítrofe (usualmente denominado Conflicto del Beagle) que, en noviembre de 1978, puso en pie de guerra a Argentina y Chile, naciones a la sazón gobernadas por regímenes de facto. (En rigor, la celebración será algo anticipada pues la mediación se solicitó formalmente en enero de 1979 con un Acta suscripta en Montevideo.)
Sobrecoge el ánimo evocar aquellas imágenes de tropas movilizadas y prestas a disparar contra otros soldados de un país hermano, del cual los argentinos tenemos mucho que aprender a estas horas, pero que entonces se nos revelaba tan sólo como nuestro enemigo.
La guerra, escribía Constant, “es impulsión salvaje”. Es “la intemperancias de la sangre”, al decir de Balzac. Es primacía del instinto y no de la razón. Es olvido de la historia y no aprendizaje. Es destrucción y no florecimiento.
La paz, en cambio, que conduce a la civilización y es a la par su mejor emblema, es inseparable del arte, de la capacidad imaginativa de hombres y pueblos para edificar sobre lo no construido o bien para reconstruir lo que ha sido derrumbado.
Por eso, nada más oportuno que reivindicar la figura y la obra del extinto Cardenal Antonio Samoré y de todos aquellos protagonistas de ese momento de lucidez que permitieron que argentinos y chilenos conmemoremos juntos nuestra reconciliación, sellada años después, el 29 de noviembre de 1984, y con democracias ya recuperadas, por vía del Tratado de Paz y Amistad que se firmó en Ciudad del Vaticano.
Honrar la paz y sus frutos. Pocas cosas, de veras, podrían resultan más gratificantes.
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Politólogo
ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina
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