www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIENT EXPRESS

Húngaros en el Gulag

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 27 de noviembre de 2022, 19:01h

El pasado 25 de noviembre se conmemoró en Hungría, como cada año, la deportación a la Unión Soviética de prisioneros políticos y trabajadores forzados. Es un día de recuerdo de los más de 300 000 prisioneros, tanto soldados como civiles, que los soviéticos deportaron al Gulag, el sistema de campos que toma su nombre del acrónimo en ruso, y a otros lugares de trabajos forzados. Desde el Lejano Oriente hasta las fronteras occidentales de la URSS, por todo el país se extendían esos lugares rodeados de muros, vallas y alambre de espino jalonado de torretas y custodiados por hombres armados.

Allí fueron a parar, en sucesivas oleadas, húngaros de los territorios que la URSS iba ocupando a medida que avanzaba sobre Rumanía, Checoslovaquia y Austria. Decir que los liberaba sería una exageración. Para los pueblos que quedaron en los territorios que el Ejército Rojo tomó, se abrió un periodo de sometimiento a los dictados de Moscú que, en el caso húngaro, supuso un régimen casi colonial.

En primer lugar, naturalmente, estuvieron los prisioneros de guerra; por ejemplo, los soldados que participaron en la invasión de la URSS. Esta intervención tuvo algunos elementos misteriosos. En virtud del Pacto del Eje, al que Hungría se había unido en 1940, el país no estaba obligado a ayudar a Alemania toda vez que ésta no era atacada, sino atacante. Sin embargo, el 26 de junio de 1941, cinco días después de iniciada la invasión de la URSS, las ciudades húngaras de Kassa, que en eslovaco se llama Košice, y Munkács, llamada en ucraniano Mukáchevo, sufrieron sendos bombardeos por parte de aviones no identificados. Hubo 37 muertos y casi 200 heridos. El estudio de los restos de las bombas arrojó que se habían fabricado en Leningrado. Al día siguiente, el gobierno húngaro declaró que había un estado de guerra entre Hungría y la URSS. En realidad, el pabellón de aquellos aviones nunca se esclareció. En todo caso, la beneficiada era Alemania, que ahora podría presionar a Budapest para que enviase tropas en respuesta a la presunta agresión soviética. En 1942, el Segundo Ejército Húngaro sufrió una inmensa cantidad de bajas en Ucrania. Los primeros prisioneros fueron capturados en el curso del avance soviético a partir de 1942. El Museo de Historia Militar en Budapest tiene registrados unos 60 000 nombres.

A medida que los soviéticos se adentraban en los Cárpatos, la población húngara iba sufriendo las consecuencias. En la región de Transcarpatia, dividida hoy entre Ucrania y Eslovaquia, pero a la sazón territorio húngaro, los soviéticos practicaron deportaciones de la población húngara de ciudades como Munkács y Kassa, las dos bombardeadas en 1941, que pertenecían a la Hungría histórica. Entre 20 000 y 30 000 húngaros fueron deportados a la URSS para participar en lo que se denominaba “pequeño trabajo” y que, en realidad, era la limpieza de las ruinas de las ciudades arrasadas por la guerra. El mismo destino sufrieron los más de cien mil húngaros deportados después de la Batalla de Budapest (1944-1945) y los de las regiones de Eslovaquia Oriental y el norte de Transilvania. En general, a todos estos civiles los trasladaron a los campos del sistema llamado Gupvi, similar al Gulag, pero con la diferencia de que en él no había, en general, presos comunes.

A quienes sí enviaron al Gulag fue a los húngaros acusados de actividades antisoviéticas, es decir, a aquellos prisioneros políticos condenados por tribunales militares. Se calcula que fueron unos 30 000. Junto a los soldados que participaron en la invasión, en este grupo quedaron encuadrados los jóvenes paramilitares de la organización Levente. Fundada en 1921, nació como una forma de sortear las limitaciones en materia de fuerzas armadas que el Tratado de Trianón imponía a Hungría. A partir de 1939, era obligatorio pertenecer a ella para todos los jóvenes varones entre 19 y 21 años. Ferenc Szálasi (1897-1946), que alcanzó el poder gracias a los nazis en 1944, estableció el reclutamiento obligatorio también de las chicas. Por supuesto, también acabaron en el Gulag los políticos e intelectuales acusados de ser anticomunistas. Recuerdo ahora, por ejemplo, a János Rózsás (1926-2012), autor de la primera enciclopedia del Gulag en húngaro, y a Áron Gábor (1945-1960), que pasó quince años encerrado y otros cinco bajo vigilancia policial ya en Hungría.

En general, por desgracia, estos episodios no han entrado en la cultura de masas ni en el discurso público de los países occidentales. Apenas se habla de estas cosas. A diferencia de los autores rusos o ucranianos, a los que se traduce con mayor frecuencia, los testimonios y relatos de los supervivientes de estos campos no suele traducirse. Tampoco suele recordarse en los espacios públicos -las calles, las plazas, los monumentos- la tragedia de las dictaduras comunistas en Europa Central y Oriental, que en casos como el que nos ocupa hoy supusieron una verdadera alteración del equilibrio demográfico de algunas regiones como el norte de Transilvania y Transcarpatia. Sin embargo, sin estos acontecimientos, es imposible comprender la evolución posterior de la relación entre los Estados y entre los pueblos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios