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costarán hasta 43.000 millones

Las medidas de la UE contra el CO2 forzarán la huida de las empresas

jueves 09 de octubre de 2008, 16:58h
Para combatir el cambio climático, los líderes de la UE han desarrollado recientemente un paquete de medidas en el ámbito del cambio climático y las energías renovables que contiene el objetivo de reducir en un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero en 2020.

Debido a la necesidad y la obligación de combatir el cambio climático, los países de la Unión Europea necesitan reducir sus emisiones, pero por otra parte se ve necesario seguir asegurando la competitividad empresarial europea. En caso contrario, Europa dejará de ser atractiva como lugar de localización de ciertas actividades, particularmente aquellas de uso energético intensivo.

Los sectores más afectados incluyen el eléctrico (centrales de combustión) y varios sectores industriales (cemento y cal, refino, siderurgia, cerámica, vidrio, papel y ladrillos y tejas). El último estudio de la consultora estratégica A.T. Kearney señala que, entre 2013 y 2020, el sector eléctrico e industrial de la Europa de los 15 se enfrentará a unos costes adicionales de 340.000 a 390.000 millones de euros; en el caso de España, la cifra alcanzará entre 36.000 y 43.000 millones de euros.

Se estima que el impacto en el sector eléctrico español supondrá unos costes adicionales de 27.000 a 30.000 millones de euros entre 2013 y 2020, debido a los objetivos del mencionado paquete de energía y clima de la UE. Estos costes repercutirán, probablemente, en los consumidores finales, tal como ocurrirá en el resto de países de nuestro entorno.

En el caso de la industria española, ésta deberá apuntar unos costes adicionales de 9.000 a 13.000 millones de euros en el mismo período. Dada la dinámica global en las industrias más afectadas, A.T. Kearney prevé que los fabricantes tendrán que absorber estos costes, creando una enorme diferencia competitiva.

Desde 1990, las necesidades energéticas en la Europa de los 15 han crecido un 1% anual, desde los 15.444 Teravatios a la hora (TWh) a los 17.968 TWh. En el mismo periodo, las emisiones de CO2 se han incrementado desde 3.068 a 3.361 millones de toneladas, lo que supone un incremento del 0,6% anual.

Jose Antonio Alberich de A.T. Kearney, considera que “si las emisiones de CO2 deben reducirse un 20% antes de 2020, respecto a los niveles de 1990, es necesario un cambio en la planificación energética, acelerando la migración hacia el gas y las energías renovables en detrimento de otras fuentes energéticas”. Es más, “según nuestro análisis, existirá incentivo económico para acometer las inversiones en nuevas tecnologías que se tienen que llevar a cabo para poder reducir las emisiones de CO2 sólo si la prima por la reducción de emisiones (precio del carbono) se eleva de los 25 € actuales a los 38 €; esta estimación, basada en el coste marginal de reducción por tecnología disponible, coincide con las proyecciones en el comercio de emisiones a 2012".

Pero, además, estos costes adicionales también tendrán su repercusión y su efecto negativo sobre los precios de los productos. Por ejemplo, según el análisis de A.T. Kearney, se estima que los costes de generación eléctrica podrían aumentar en España hasta un 11% en 2015. El aumento de los costes en otros sectores industriales (caso de la producción de cemento o, con los nuevos GEIs incluidos, el sector químico) supondrán una pérdida de competitividad respecto al mercado internacional.

Las empresas se irán a otros lugares
Así, Francisco Moreno incide en que “aunque, tradicionalmente, el aumento de los costes de producción era asumido por los consumidores, actualmente no se puede repercutir de tal forma. Hay que tener en cuenta que determinados sectores están operando en un entorno de competitividad global, en el que competidores en otras geografías no están sujetos a estos costes adicionales”.

De este modo, “los costes que tendrán que asumir ciertas empresas con uso energético intensivo pueden llevar a relocalizar producción en regiones donde no exista política medioambiental y, por lo tanto, donde los costes energéticos sean menores”, comenta Francisco. “Desde un punto de vista global, esto iría en contra de la intención de la UE, ya que no se reducirían las emisiones de CO2, sino que puede que se produzca el efecto lo contrario”.

Es bastante probable que la relocalización de este tipo de empresas fuera de las fronteras europeas suponga un aumento de las emisiones mundiales de CO2 ya que, por ejemplo, las instalaciones de producción de acero en China emiten dos veces más CO2 por tonelada producida que sus competidores europeos. “Nuestro estudio demuestra que, sin hacerse excepciones a nivel comunitario, la competitividad empresarial europea puede verse gravemente deteriorada. Solamente con un uso más intensivo de los mecanismos de flexibilidad, apoyada por un marco regulatorio favorable, podrán lograrse los objetivos marcados” sostiene Jose Antonio.
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