Cuidadosamente editado, se publica (J M BOSCH editor; Barcelona, noviembre 2022) el libro Pólis y <Leyes no escritas> en la Tragedia <Antígona> de Sófocles escrito por Modesto Barcia Lago. Es esta reciente publicación una excelente monografía producto de su madurez intelectual y singular erudición, que deriva de su tesis doctoral (la segunda) brillantemente defendida en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y que mereció el máximo reconocimiento. Pues, en efecto, abogado de dilatada trayectoria profesional y destacada ejecutoria en los cargos de máxima responsabilidad ejercidos en las instituciones corporativas de su oficio y Académico Numerario de la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación, Modesto Barcia une a esta experiencia profesional un extraordinario curriculum universitario que suma tres Licenciaturas, dos Doctorados y otros títulos menores, además de una extensa y variada producción bibliográfica sobre temas jurídicos, filosóficos e histórico-políticos.
El libro que ahora comentamos contiene, en una prosa elegante y estilo claro que facilita la lectura de la densa investigación emprendida, una comprensión novedosa de esta tragedia clásica. El autor entra en diálogo crítico con la exégesis dominante, constituida, nos dice, en agobiante canon ortodoxo de interpretación en clave iusnaturalista, a partir de Aristóteles, de este drama fascinante sobre el desenlace de la leyenda de Edipo, que relata el fin del linaje labdácida y el aciago destino de sus hijos incestuosos.
Se trata de un drama que plantea muy relevantes cuestiones iusfilosóficas a partir de ese colosal choque entre las “Leyes no escritas e inquebrantables de los dioses”, a las que se acoge Antígona para justificar su pública desobediencia al decreto, Kérygma, de Creonte, nuevo jefe de la pólis, de dejar insepulto a su hermano Polinices por haberla atacado traidoramente al frente de un ejército foráneo. Esta colisión introduce lo que el Dr. Barcia Lago en su estudio denomina “la cisura”, la brecha, entre el ordenamiento jurídico positivo y el Derecho Natural, que marcará el desarrollo histórico de la Filosofía del Derecho, y que se entendió como formulación nítida del antagonismo entre el <Derecho que es> y el <Derecho que debe ser>, del que hablaron Bentham o Austin.
Según el autor, esa exégesis dominante en los estudiosos, o en los recreadores e imitadores del drama, fascinados por el personaje de la heroína y, en palabras de Goethe “rendidos a la nobleza de su alma pura”, ha venido descuidando la relevancia de otros episodios y referencias que conforman la trama trágica. Los partidarios de Antígona presentan esta tragedia grandiosa como el relato plano del heroico martirio asumido por una valerosa muchacha, en defensa de las sagradas leyes eternas de la piedad familiar, frente al injusto edicto de un tirano rencoroso y arrogante, obsesionado por mantener y acrecentar su poder, que, finalmente, resultaría castigado por su maldad. Ese reduccionismo hermenéutico, aduce el autor, sirve para depreciar el valor ético del ordenamiento jurídico-positivo, por un lado utilizando sectariamente la figura de la heroína trágica, elevada al altar del progresismo moral por sus adoradores, como adalid moderna de las más diversas causas disidentes y, por otro, condenando a Creonte como tirano odioso.
Contra esta tradición exegética del drama se pronuncia el autor en una investigación exhaustiva de su contexto mítico-poético, filológico e histórico- cultural, tratando, como él mismo advierte, de reencontrar a la Antígona de Sófocles debajo de la imponente capa de sedimentos y desfiguraciones con que está recubierta.
De ahí que el autor, con la finalidad de aclarar las claves iusfilosóficas que operan silentes en los acontecimientos dramatizados, y su repercusión en las corrientes contemporáneas de la Filosofía del Derecho, haya puesto su atención directamente en el texto original. De esta forma trata de comprender en sí mismo, en su meollo esencial, el significado iusfilosófico y político de la “contraposición irreconciliable”, por decirlo con las palabras de Lesky, de las actitudes de Antígona y de Creonte en la obra del gran dramaturgo ateniense. No lo que en ella, o inspirado por ella, y muchas veces a pesar de ella, señala el autor, buscan y excavan para sus propios fines, no siempre genuinos ni intelectualmente refrescantes, sus imitadores y/o comentaristas.
Se analizan aquí con preciosismo intelectual los diversos episodios y personajes del drama y su significación en el conjunto del mismo, desvelando el sentido reaccionario de la posición de Antígona como intento de revalidar la primacía de su génos maldito sobre la isonomía de la pólis, y simétricamente la ceguera política de Creonte, incapaz de comprender la situación. Pues ambos protagonistas principales desconocen la doctrina de la clementia caesaris que nos legaría Ciceron y quedan presos de una dialéctica del rencor, en vez de asumir el llamamiento del coro a construir la paz, exhortando a todos que “de los combates habidos hágase el olvido”. Alrededor de este núcleo esencial se destaca en este libro el significado que revisten los dos entierros, el clandestino y el público, de Polinices y las extrañas explicaciones de Antígona acerca de la insustituibilidad del hermano.
Pero, especialmente, frente al paradigma de feminidad al que se ha elevado la figura de Antígona, sorprendente e inconsecuentemente, incluso, por el feminismo, que no advierte su masculinización en el contexto dramático, el autor pone de relieve la prudencia respetuosa, y a la vez exigente desde su condición femenina en la pólis patriarcal, de la hermana Ismene. Esta resulta opacada por el brillo de la heroína, pero es, sin embargo, una figura central que descubre el sentido a la tragedia, pues, aun siendo inocente, se solidariza con la condena de su hermana y hace ver al obtuso Creonte que la condena de Antígona frustra el matrimonio de esta con su hijo Hemón. En este matrimonio el propio coro ve la salvación de Tebas con la reconciliación de las facciones divididas de la pólis. Pero la rigidez de Creonte, no menos que la intransigencia de Antígona, lo impide, arrastrando al infeliz amante en el torbellino de la mutua destrucción de los protagonistas.
Y ambos, Antígona y Creonte llegan a su perdición sin una verdadera anagnórisis, o reconocimiento de su equivocación. La primera, descalificada por el coro, que reprueba duramente su rebelión contra el orden legal, lanza su impía jactancia postrera diciendo que sólo reconocerá su falta después del castigo y, perdida toda esperanza, se suicida en la cripta al modo femenino con un lazo formado de su propio vestido, confesando implícitamente su fracaso de mujer estéril. A su vez Creonte, de modo patético, simplemente cede acobardado, ya inútilmente, ante el temor de los males que por su terquedad le hace sentir el advino Tiresias con el augurio de que su casa quedaría destruida, como sucederá con los suicidios de su hijo Hemón y el de su esposa Eurídice, ambos maldiciéndole como causante de sus desgracias.
Así, se consuma la desaparición de la dinastía labdácida del desgraciado Edipo, iniciada por Cadmo, el extranjero fenicio fundador de la ciudadela cadmea y, a la vez, también la menetíada de Creonte, proveniente del esparto Equión, uno de los primitivos “hombres sembrados” acompañantes de Cadmo, linajes que deberían confluir en el frustrado matrimonio de Antígona y Hemón para refundar sobre la línea masculina autóctona la nueva Tebas reconciliada en la paz.
El libro cuenta, además, con una gran cantidad de notas explicativas al pie de página que facilitan su comprensión para aquellos lectores no especialistas, con traducción propia de las citas originales en diversas lenguas, e incluye una extensísima y variada bibliografía, española y extranjera, y un gran elenco de las fuentes antiguas referenciadas en el texto. Así, este excelente y completo estudio Pólis y <<Leyes no escritas>> en la Tragedia <<Antígona>> de Sófocles del Dr. Barcia Lago constituye un punto de inflexión en el tratamiento y comprensión de la pieza sofóclea y convierte a su autor en un referente imprescindible del panorama intelectual de la moderna Filosofía del Derecho, en la que, con este trabajo, abre novedosas perspectivas, que ya había avanzado en otras anteriores obras de su amplio elenco de publicaciones.