www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Lealtad a España antes que al PSOE

José María Méndez
x
axiologiatelefonicanet/9/9/20
lunes 26 de diciembre de 2022, 20:18h

Con fecha 22 marzo 2021 escribí en este periódico el artículo titulado “Elogio del trasfugismo”. Emprezaba así:

“Lo ocurrido con la moción de censura en Murcia invita a reflexionar sobre una cuestión teórica de gran calado. La conciencia moral de un diputado honesto percibe el dilema entre respetar la voluntad de quienes le eligieron u obedecer al aparato de su partido. Este le ordena ahora lo contrario del programa electoral, creído y aceptado por quienes le dieron el voto. En su interior luchan dos lealtades. ¿Qué lealtad debe prevalecer, la debida a quienes le votaron en la pasada elección, o la exigida ahora por el partido?”

El mismo dilema debiera resurgir ahora en la conciencia de un diputado o senador del PSOE multiplicado por mil. El Presidente del Gobierno Sánchez traiciona a España poniendo en peligro su unidad. Y mucho más peligrosamente que lo hicieron los golpìstas catalanes. Ahora son esos mismos golpistas los que le sostienen en el poder. El nuevo golpe de Estado va a ser legal. El propio gobierno está abriendo de par en par las puertas a los nacionalistas catalanes, para que consigan su objetivo. Y luego vendrán los vascos. Es la unidad de España lo que está en juego. Por un año más en La Moncloa el traidor Sánchez está dispuesto a vender la unidad de España.

Por tanto, la conciencia de los diputados y senadores del PSOE, que votan las leyes que destrozan nuestra patria, debería estar tensionada al máximo. Supuesto que la tengan. Porque, si no se han alzado contra Sánchez después de la reciente sentencia del Tribunal Constitucional, está bien claro que carecen de conciencia moral. El elogio al trasfugismo sólo podría tener sentido en el supuesto de que la tuvieran.

Así pues, olvidemos a los votados y pasemos a los votantes. ¿Se puede hoy día ser buen español y votar al PSOE? Teóricamente al menos, la sigla PSOE incluye el adjetivo “español”. Pero en la actual coyuntura política es obvio que los diputados y senadores del PSOE son tan traidores a España como el propio Sánchez. Son sus cómplices. En cambio, los que son en su gran mayoría buenos españoles y patriotas sinceros son los votantes del PSOE. Sólo a ellos cabe dirigirse en estos momentos cruciales. Su voto es clave en las próximas elecciones. Pueden abstenerse. Incluso pueden votar al PP, como ha ocurrido en Andalucía.

Repitamos. El dilema entre ser leal a España o votar al PSOE de Sánchez concierne ahora a sus votantes. Son ellos quienes pueden pasar factura y hacer pagar cara su cobardía a los actuales diputados y senadores del PSOE, que les han engañado obedeciendo al traidor Sánchez antes que a ellos.

Tratando de profundizar en este tema, cito por extenso el artículo antes mencionado. La raíz del problema está en la partitocracia, en que los diputados obedezcan a los aparatos de los partidos en vez de ser fieles a quienes les eligen. “Un diputado elegido está obligado a respetar el programa electoral por el que ha sido votado. Si luego el partido cambia de idea y se aparta de ese programa, hay un claro engaño a los votantes. Y todo diputado que figura en la lista de ese partido se hace corresponsable de ese fraude a los electores. Si es honesto, debe ser fiel a lo que decía el programa electoral. La objeción de conciencia es aquí pertinente.

En efecto, aparece en la conciencia del diputado honrado un conflicto moral. Si obedece a las nuevas consignas del partido, traiciona la lealtad debida a quienes le eligieron, aunque fuese sólo porque su nombre figuraba en una lista. Por el contrario, si quiere ser fiel a quienes le eligieron, tiene que enfrentarse a los dirigentes del partido, que exigen ciega obediencia y le amenazan con diferentes represalias y castigos.

En este conflicto debe prevalecer la lealtad a los electores frente a la obediencia al aparato del partido. Eso es una democracia sana y no enferma. Los partidos políticos están para servir al ciudadano. Cuando ocurre lo contrario, estamos ante la enfermedad de la política que se suele denominar 'partitocracia'. Los partidos políticos dejan de ser un medio o instrumento adecuado para vivir en libertad democrática. Más bien se convierten en un nuevo tirano, disfrazado además de demócrata. El nuevo déspota es la casta política, el conjunto de los que que viven de la política. No buscan el bien común, sino servir a los intereses de su partido, y con frecuencia también a los suyos propios. La partitocracia es una patología o degeneración del verdadero ideal democrático. Y siempre tiende a la corrupción, al robo descarado del dinero de los ciudadanos.”

Así pues, aprovechemos esta situación extrema en que nos ha colocado el traidor Sánchez para ir al fondo del problema, que es la partitocracia. Los que viven de la política debieran enterarse de que esta vez los ciudadanos están decididos a terminar con ella.

Sin duda, con su abstención los habituales votantes al PSOE salvarían de nuevo la unidad de España al echar a Sánchez. Pero no se trata sólo eso. Además indicarían el camino para luchar contra el cáncer de la partitocracia, que no afecta sólo al PSOE sino a todos los partidos.

En este trascendental momento los ciudadanos engañados del PSOE tienen la oportunidad de exigir responsabilidades a quienes les estafaron. Basta con que se abstengan. No se les pide que renuncien a su ideario político. Al contrario, se trata de defenderlo. Lo defienden con su abstención si sacan a Sánchez de La Moncloa. Cuando se haya marchado, será el momento de regenerar al PSOE como partido “español”.

La partitocracia tiene muchas causas. Nuestra absurda ley electoral, con la provincia como distrito electoral, es una de las más importantes. Pero centremos nuestra atención ahora en la baja condición intelectual y moral de la casta política que llega hoy día a ser diputados y senadores. No son servidores públicos, sino aprovechados del dinero público. Son mediocres que jamás ganarían lo que ganan, si trabajasen de verdad en la empresa privada.

Me viene a la cabeza esta propuesta.

La mejor escuela de ciudadanía está en la empresa privada. Es un mundo en que reina una saludable competencia. Se aprende la lección de que, si no se es puntual y responsable en el trabajo, se pierde el puesto. Los holgazanes se van a la calle.

En consecuencia, propongo que, como condición “sine qua non” para ser diputado o senador, haya que haber trabajado antes quince años al menos en la empresa privada. De paso se daría a los empresarios como colectivo la oportunidad que merecen de participar eficazmente en la conducción política de la sociedad. Expedirían unos “certificados de eficacia en el trabajo”, que serían cruciales para impedir que parásitos e indocumentados, como muchos de los actuales, se sienten en el Congreso o el Senado.

Aún así, la escoria de la sociedad podría llegar a ocupar ministerios en el Gobierno, como ocurre ahora. Pero contentémonos con que los que tienen que aprobar las leyes tengan un mínimo de profesionalidad y buena educación.

Con todo, habría que establecer un tope mínimo en el tamaño de las empresas. En una pequeña empresa familiar, o con pocos empleados, sería demasiado fuerte la tentación de favorecer al pariente o conocido que es tonto, inútil o perezoso. Las empresas capacitadas para expedir esos “certificados de eficacia en el trabajo” tendrían que tener un mínimo de quinientos empleados, por ejemplo. El empresariado español tiene bien acreditado su prestigio ante nuestra sociedad y goza incluso de reconocimiento internacional. Todo lo contrario de nuestra casta política.

En cambio, no es el caso de exigir algún nivel académico determinado. Se ha demostrado palmariamente que la tesis de Sánchez fue un plagio descarado. Y sin embargo no ha sido desposeído del título de doctor. Ese es el bajísimo nivel actual de la Universidad en España.

En resumen, el gran favor que los votantes del PSOE pueden hacer a España en las próximas elecciones tiene un alcance mucho mayor que la urgencia de echar al traidor Sánchez. Su abstención en las elecciones que se avecinan estaría indicando además, y de un modo directo y eficaz a la vez, cuál es el camino adecuado para disminuir la lacra social de la partitocracia, y con ello dar un paso de gigante hacia una democracia digna de este nombre.

Conseguirían este doble objetivo. A corto plazo, salvarán la unidad de España.

A largo plazo empezarían la regeneraración de nuestra enferma democracia.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios